El balón de cuero entre luces y sombras

El significado social del fútbol en América Latina.

Foto: Facebook, KAS Team Lateinamerika

Foto: Facebook, KAS Team Lateinamerika

El fútbol impregna como ningún otro deporte la cultura cotidiana de cientos de millones de aficionados alrededor del planeta. Especialmente en Latinoamérica la euforia casi no conoce límites. Superestrellas como el argentino Lionel Messi o el brasileño Neymar son ídolos nacionales que mueven a las masas mucho más allá del ámbito deportivo. Al exjugador Diego Armando Maradona sus seguidores la dedicaron incluso una religión. Él mismo se había erigido verbalmente en un dios del fútbol cuando justificó su gol irregular con la mano en el partido contra Inglaterra de cuartos de final del Mundial de 1986, diciendo que había intervenido la mano de Dios. El último Mundial en el continente americano en Brasil se convirtió en un gigantesco espectáculo futbolístico que durante los partidos de la Seleção dejaba desiertas las calles y paralizó durante semanas la vida pública fuera del fútbol. La falta de sustentabilidad social del megaevento provocó, sin embargo, fuertes críticas. El templo futbolero de Manaos, en la Amazonia brasilera, construido a un costo de millones de dólares, decae hoy abandonado y simboliza el lado oscuro del negocio del fútbol lejos de la euforia mundialista.

A pesar de tanto entusiasmo, en Latinoamérica jugadores y fanáticos del fútbol se enfrentan cada vez más a voces críticas. Estas se centran en la industria multimillonaria, tan alejada de la vida real de los hinchas y que parece considerar el compromiso con el fairplay solamente como una declaración intrascendente. Incidentes violentos, hooligans, expresiones abiertamente racistas, difamación de minorías, sueldos astronómicos de los jugadores, manipulación de los partidos y escándalos de apuestas, así como tramitación corrupta en la designación de las sedes llenan los titulares y conforman la parte oscura del fútbol, no solamente en Latinoamérica.

Frente a esto se presenta la fuerza integradora y unificadora de la cacería del balón de cuero, un ritual que sigue las mismas reglas en todos los continentes y que supera sin esfuerzo barreras idiomáticas, culturales o religiosas. Del deporte de tiempo libre al fútbol de equipos organizado nacional o internacionalmente, y de este al campeonato mundial, los jugadores y jugadoras se desempeñan en las canchas y promueven respeto, tolerancia, honestidad y espíritu de equipo. Nadie que haya presenciado un partido en vivo en un estadio lleno ha podido evitar la fascinación que provoca el fútbol y las emociones que libera.

Entre la guerra del fútbol y las fábulas de verano

El fútbol no es solamente un espejo de nuestras sociedades. Más bien, su inmenso atractivo lo lleva a influir en el desarrollo social como motor o, al menos, catalizador. En un sentido negativo, se pueden nombrar megaeventos como los campeonatos mundiales, que han sido utilizados por gobernantes autoritarios para legitimarse internacionalmente y fortalecer su poder. No solo la adjudicación del Mundial de 1978 a la junta militar argentina es un capítulo triste del fútbol mundial. Las adjudicaciones recientes también muestran que los estándares democráticos mínimos no son una condición previa para organizar una Copa del Mundo. La exacerbación consciente del resentimiento y los nacionalismos llevó ya en 1969, en ocasión de un partido de clasificación entre Honduras y El Salvador, no solo a disturbios con muertes, sino también a la autodenominada guerra del fútbol entre ambos países. Ya se trate de gobiernos corruptos, empresarios influyentes, barones de la droga colombianos o de la Stasi (servicios de inteligencia de la exRepública Democrática Alemana), en todo el mundo los dueños de los clubes de futbol los utilizaron y los utilizan para mostrar públicamente su poder y con eso influir la sociedad.

En cambio, al campeonato mundial de 2006 en Alemania, presentado como El mundo entre amigos, se le reconocen impactos sociales positivos, ya que los alemanes aprendieron que una porción sana de patriotismo no excluye la apertura y la hospitalidad, sino que idealmente las complementa. El hecho de que las posteriores revelaciones respecto a las cuestionables prácticas en la adjudicación de la sede del Mundial de 2006 dejaran un sabor amargo sobre el cuento de hadas en muchos hinchas futboleros, solo muestra cuán cercanas están las luces y las sombras también en el fútbol. Esto vale también para la otrora figura luminosa del fútbol alemán, como fue apodado Franz Beckenbauer, presidente del Comité de Organización de la Copa Mundial de Fútbol FIFA de 2006.

La fuerza positiva y el potencial de desarrollo social inherentes al fútbol están en el foco de numerosas iniciativas privadas y estatales en todo el mundo. La organización Streetfootballworld, sita en Berlín, por ejemplo, lanzó la iniciativa Common Goal, que promueve que los futbolistas donen por lo menos uno por ciento de sus honorarios a un fondo, para financiar proyectos sociales a nivel mundial. Conocidos profesionales como el jugador de la selección alemana Mats Hummels se sumaron a la iniciativa. El Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo fundó el área deporte para el desarrollo, en cooperación con la Federación Alemana de Fútbol, centrada en la promoción y la integración de refugiados a través del fútbol. También se apoyan proyectos en el extranjero que, a través de la cooperación para el desarrollo del fútbol, permiten llegar a niños y jóvenes, y con esto contribuyen a promover la formación, la salud y la igualdad de derechos.

Honestidad, juego limpio, tolerancia, respeto: importantes no solo en el campo de juego

Como fundación política cuyo mandato principal es la promoción de la democracia en el mundo, la Fundación Konrad Adenauer ya tiene buenas experiencias con proyectos relacionados con el fútbol. Entrenamientos compartidos acompañados de talleres y partidos de interés público con participación de personalidades cristianas y musulmanas contribuyeron al fortalecimiento del diálogo interreligioso y a la celebración de elecciones pacíficas en Tanzania. Con la iniciativa Green Goal 2010, la Fundación Konrad Adenauer sentó una pauta de sustentabilidad, protección del ambiente y del clima en la Copa Mundial de Fútbol en la República Sudafricana.

En vísperas de un campeonato mundial es adecuado recordar que el juego limpio, la tolerancia, el aprecio y respeto mutuo son principios importantes no solo en el campo de juego, sino que constituyen las bases indispensables para la convivencia y el desarrollo de nuestras sociedades.

En pocas regiones del mundo el fútbol tiene un significado tan grande como en Latinoamérica. Por esta razón, la Fundación Konrad Adenauer organizó, en cooperación con la Asociación Alemana de Investigación Latinoamericana (ADLAF), un congreso sobre «Fútbol y sociedad en América Latina», del 7 al 9 de junio de 2018, en Berlín.

Cornelia Schmidt-Liermann, Antonio Leal, Jürgen Griesbeck y Aline Pellegrino: con el fútbol, cambiar la sociedad y hacer un mundo más justo | Foto: Facebook KAS Team Lateinamerika

Cornelia Schmidt-Liermann, Antonio Leal, Jürgen Griesbeck y Aline Pellegrino: con el fútbol, cambiar la sociedad y hacer un mundo más justo. Berlín, 7 junio 2018 | Foto: Facebook KAS Team Lateinamerika

En el centro del evento inaugural estuvo el debate de destacados representantes de los deportes, la política y organizaciones no gubernamentales, que versó sobre los aspectos luminosos y los oscuros del fútbol, desde diversas perspectivas. Felix Magath, leyenda del fútbol alemán dentro y fuera de la cancha, habló sobre «¿Qué puede aprender la sociedad del fútbol?», al inicio del panel inaugural sobre «Corrupción, machismo y racismo. Desafíos y fuerza positiva del fútbol». Este panel constituyó un puente de la perspectiva alemana hacia América Latina. Participaron Aline Pellegrino, excapitana de la selección femenina de Brasil y codirectora del proyecto Guerreiras, al igual que Antonio Leal, director fundador del festival de cine de fútbol CINEfoot en Brasil, Jürgen Griesbeck, director fundador de la mencionada organización Streetfootballworld e iniciador de Common Goal, y Cornelia Schmidt-Liermann, diputada nacional del Parlamento argentino, presidenta de la Comisión de Relaciones Exteriores y Culto y del Grupo Parlamentario de Amistad con Alemania. Más allá de esto, en el núcleo del congreso ADLAF 2018 hubo numerosos paneles académicos, con presentaciones de algunos de los expertos más reconocidos en sus campos respectivos. Esta parte de la conferencia estuvo enmarcada por una tarde de cortometrajes sobre fútbol alemán y latinoamericano y numerosas actividades acerca del tema del fútbol.

La Fundación Konrad Adenauer y la ADLAF quisieron, a través de este evento, llamar la atención sobre el tema del fútbol como fuerza positiva para el desarrollo social, sin por eso negar los aspectos negativos.

Traducción: Manfred Steffen