En el complejo tablero político paraguayo se siguen moviendo las piezas de cara a las elecciones de abril de 2018. Un nuevo episodio de la tragicómica crisis afecta a la titularidad de la Gobernación del Departamento del Guairá y jaquea la frágil institucionalidad de esta democracia.

Cerro Tres Kandú. Departamento de Guairá. Paraguay. | Foto: cortesía de Rolando Isasi

Cerro Tres Kandú. Departamento de Guairá. Paraguay. | Foto: cortesía de Rolando Isasi

El departamento del Guairá es una de las regiones más bellas del Paraguay. Su capital Villarrica es cuna de glorias culturales y actualmente se ha convertido, además, en una pujante ciudad universitaria. Allí han crecido la industria azucarera, la agricultura y la ganadería. Hoy se agrega el descubrimiento de minas de oro en la zona denominada Paso Yobai.

En el contexto político, el gobernador electo en 2013, Rodolfo Friedmann, un personaje polémico, se vio envuelto en una inesperada crisis. En efecto, en marzo pasado, aprovechando su ausencia por un viaje al exterior, una supuesta renuncia al cargo firmada por el citado gobernador fue presentada ante la Junta Departamental, el órgano legislativo; este, por mayoría, la aceptó y asumió un nuevo gobernador.

Apenas regresó Friedmann, acciones judiciales mediante, retomó el cargo. En el ínterin, en medio de idas y vueltas, por desprolijidades procesales y venganzas político-partidarias, se sucedieron tres gobernadores. Friedmann abandonó el movimiento oficialista del Partido Colorado y se trasladó a la disidencia. Todo esto conmueve a la sociedad guaireña y la sume en una extenuante crisis institucional.

No se debe olvidar que, en medio de estas peleas políticas en Guairá, a raíz del intento reeleccionista del actual presidente Cartes por vía de una polémica enmienda constitucional, ocurrieron los sucesos del 31 de marzo y 1 de abril que estrujaron a todo el país: la quema parcial de Congreso, la invasión policial —sin orden judicial— a la sede del Partido Liberal Radical Auténtico, principal partido de oposición, que terminó con el asesinato de Rodrigo Quintana, dirigente de la Juventud Liberal, la detención ilegal de más de 200 personas y varios heridos, entre ellos el diputado Edgar Acosta, que fue sometido a ocho operaciones por la gravedad de las lesiones que le produjeron los impactos de proyectiles disparados a quemarropa por efectivos policiales. Estos hechos siguen impactando hasta la fecha, con el curso de la investigación fiscal y judicial que agregan nuevos elementos para la dilucidación de las responsabilidades emergentes.

En los últimos días, tras unas semanas de quietud en Guairá, se registraron nuevos incidentes a raíz de una sentencia judicial que, si bien rechaza una demanda promovida por el gobernador, no resuelve ni dice nada sobre el ejercicio de la Gobernación. Sin embargo, con la intervención de fuerzas policiales y agentes fiscales, asumió la Gobernación un miembro de la Junta Departamental, por 24 horas. Por vías de hecho y rebasando el cordón policial, Friedmann retomó el cargo de gobernador y permitió el ingreso de todos los funcionarios de la Gobernación, a quienes también se les había prohibido la entrada para cumplir con sus tareas.

Así las cosas, la situación se agrava, con recíprocas acusaciones de las partes afectadas, que van desde la presión personal del presidente de la República hasta el interés directo en la explotación de las minas de oro. De todos modos, cualquiera sea el resultado final de esta crisis, queda expuesto una vez más el escaso apego a las instituciones que tienen los actores políticos.

La democracia se sustenta en el elemental respeto a las instituciones, la vigencia plena del Estado de derecho, la independencia del Poder Judicial. En otras palabras, la república se construye todos los días, con el imperio de la ley, el muro infranqueable a los delirios autoritarios y mesiánicos, que responden a un pasado que los paraguayos debemos superar definitivamente. Sin cumplir estos requisitos básicos, la tarea del crecimiento, del desarrollo con equidad social, se convierte en el interés mezquino de turno, por encima del interés general programado desde políticas públicas acordadas y compartidas por los actores sociales y políticos más representativos.

A tan solo cien días de las internas partidarias y a ocho meses de las elecciones generales, es razonable que cesen las agresiones a la institucionalidad republicana y que los paraguayos decidamos, libremente y sin presiones de ninguna naturaleza, quiénes serán nuestros gobernantes. Y, al mismo tiempo, demostremos que somos capaces de consolidar la democracia, por una sociedad más justa y con mayor igualdad de oportunidades.

 

Mario Paz Castaing | @MarioAPazC
Doctor en Ciencias Jurídicas. Exsenador nacional del Paraguay y vicepresidente del partido Patria Querida