La Democracia Cristiana puede pensar en negociar con otras fuerzas políticas

Desde Alemania, la Fundación —ligada a la DC— sigue con cuidado los cambios que está llevando adelante la nueva directiva. El director hace un llamado a renovar ideas y liderazgos en el partido y lamenta la salida de históricos como Gutenberg Martínez, Mariana Aylwin y Soledad Alvear.

Stefan Reith

Era un día soleado en Santiago, en noviembre de 2017, cuando el actual director del Departamento de América Latina de la Konrad Adenauer Stiftung (KAS), Stefan Reith, llegaba a un barrio residencial en Providencia, para participar de un acto conmemorativo en honor al excanciller de Alemania Helmuth Kohl.

En la ceremonia también participó el exministro del Interior Jorge Burgos (DC), el embajador de Alemania en Chile, Rolf Schulze, y el representante de la fundación en Chile, Andreas Klein.

La KAS tiene una relación de larga data con la colectividad chilena. Desde el gobierno del expresidente Eduardo Frei Montalva existe una cercanía estratégica entre la DC y el Centro de Estudios, ya que fue el propio excanciller de la República Federal Alemana Konrad Adenauer quien impulsó la democracia cristiana en el mundo.

Pese a la distancia que existe entre Berlín y Santiago, Stefan Reith está informado del panorama que acontece en Chile. Desde la capital alemana, el académico ha mirado con atención la crisis que ha tenido la DC, sobre todo luego de la debacle electoral que sufrió la colectividad en las últimas elecciones presidenciales y parlamentarias de 2017.

El director de la división latinoamericana de la Konrad Adenauer destaca que su fundación tiene actualmente 16 oficinas a lo largo de la región, poniendo énfasis, entre otras temáticas, en el cambio climático, el fortalecimiento de los partidos políticos y las políticas sociales.

—Enfocándonos en Chile, ¿cómo ha visto el actual escenario de la Democracia Cristiana?

—La DC es un partido histórico que ha vivido momentos difíciles, especialmente después del resultado de las últimas elecciones. Como es lógico, había momentos de incertidumbre y esto ha generado un fuerte debate interno sobre las causas de la derrota electoral. Ahora existe un liderazgo renovado que despierta muchas expectativas, pero todo depende de si el partido logra sacar las conclusiones correctas de los últimos meses, fortalecer la unidad interna y renovar sus caras e ideas, para poder competir en los comicios que vienen.

—¿A qué se refiere?

—Me refiero al programa y a las futuras plataformas electorales. Es lógico que después de una elección, los partidos ganadores traduzcan su plataforma electoral en un programa de gobierno y los partidos de la oposición, como la DC, inicien un proceso de reflexión interna para renovar las bases programáticas. Se deben analizar los grandes desafíos de nuestras sociedades y desarrollar propuestas políticas concretas. Por ejemplo, ¿cómo se puede arreglar el tema de la inmigración de una manera que los que necesitan ayuda la puedan recibir sin sobrecargar nuestra propia sociedad? o ¿cómo se puede contrarrestar el populismo político y fortalecer la democracia en nuestro país y a nivel internacional? Son unas de las cuestiones que requieren respuestas y nuevas ideas, tanto en Alemania como en Chile. Al contrario de otras formaciones políticas, nosotros como democratacristianos tenemos la ventaja de una base de valores muy sólida, de la que podemos renovar y adaptar nuestras ideas y programas políticos.

—¿Qué le pareció la decisión de la DC de competir con Carolina Goic, sin el resto de la centroizquierda?

—Ella es una espléndida persona y una gran líder política. Asumió la presidencia del partido en un momento complicado y aceptó la candidatura independiente fuera de la coalición del gobierno anterior. Y como no se dieron los resultados esperados, aceptó la responsabilidad y renunció a su cargo para abrir paso al debate interno y la elección de una nueva dirigencia.

—En ese sentido, ¿la DC debiera abrirse a lograr acuerdos con la centroderecha, o bien mantener alianzas con el Partido Comunista?

—No me parece adecuado tomar posición en este debate, que debe ser un debate interno del partido. Además, el contexto histórico político de Chile y Alemania es distinto. Después de la dictadura de Hitler, los crímenes horrorosos de los nazis y la Segunda Guerra Mundial, se construyó una dictadura comunista, la RDA, en el este de Alemania. Los democratacristianos en Alemania siempre se enfrentaron a los comunistas y defendieron la reunificación de Alemania. Chile en cambio, vivía la época de Augusto Pinochet. La victoria del No se consiguió gracias a una alianza política muy amplia, de la que la Democracia Cristiana era una parte esencial. Hay que recordar que antes de la dictadura el paisaje político en Chile se dividió en los conocidos tres tercios: la izquierda, el centro y la derecha. La candidatura independiente de la DC en este sentido se puede interpretar como un intento de recuperar el centro político. Y aunque los resultados no fueron los esperados, la DC alcanzó un objetivo estratégico, porque su grupo parlamentario juega un papel clave para lograr mayorías en el Congreso. La Democracia Cristiana puede pensar en negociar con otras fuerzas políticas y asegurar que proyectos de ley y decisiones del Congreso tengan posiciones y demandas de la DC en cuenta. Para la DC es una oportunidad para fortalecer el perfil del partido en público y desarrollar iniciativas políticas mirando a futuras elecciones.

 

A principios de este año, la Democracia Cristiana sufrió además la partida de dirigentes históricos, profundizando aún más la crisis que vive el partido. A través de una carta el 5 de enero, 30 militantes anunciaban su renuncia al partido, incluida la exministra de Educación Mariana Aylwin y el exsubsecretario Clemente Pérez.

Tres meses más tarde, anunciaban también su salida, entre otros, los expresidentes de partido Gutenberg Martínez y Soledad Alvear. Todos ellos, por su trayectoria, son reconocidamente cercanos a la Konrad Adenauer.

—¿Qué le parece la renuncia de estas autoridades a la DC?

—Es una pérdida lamentable, porque son líderes históricos que tienen mucha trayectoria, experiencia y mucho mérito en el partido. Nuestras familias políticas han tenido, aproximadamente, 60 años de cooperación, que han visto altos y bajos y que han perdurado a una dictadura férrea. Esperamos que la DC pueda salir adelante y recuperar la unidad. Me imagino que las preocupaciones de las figuras salientes forman parte de la reflexión interna que se está llevando a cabo. Con la elección de una nueva cúpula muy prometedora se ha dado un paso significativo adelante. Ahora hay que analizar la situación bien y desarrollar las estrategias para volver a la competición política en vista de las elecciones locales de 2020.

—¿Piensa que el partido tiene posibilidades de salir de su situación actual?

—Por supuesto. Todo depende de si un partido acepta el nuevo papel y, al mismo tiempo, empieza un proceso de análisis y de estrategia para renovarse y desarrollar nuevos conceptos y políticas para convencer a los votantes de nuevo. Los deportistas dicen: «está permitido caerse, pero prohibido no levantarse». Lo mismo se aplica en la política. La DC ha pasado otros desafíos en su historia y va a superar este también.

Latinoamérica

En paralelo, Stefan Reith explica que el panorama latinoamericano también ha sido observado sigilosamente por la Unión Europea. Primero, por el estado en que se encuentra Venezuela, bajo el gobierno de Nicolás Maduro. «Estamos ante una profunda crisis política, económico-social y humanitaria. Hace años Venezuela parecía una democracia estable y avanzada, de la que actualmente queda muy poco. Hay muchos observadores que ya hablan de una dictadura. Y los llamamientos y resoluciones de instituciones internacionales, como la OEA, los Estados latinoamericanos unidos en el Grupo de Lima o la Unión Europea, también analizan y reflejan la situación en un lenguaje muy claro».

En segundo lugar, respecto de lo que sucede en Brasil, el académico de la KAS es enfático en su postura ante una eventual candidatura presidencial de Lula da Silva. «El caso del presidente Lula da Silva es un caso ejemplar. Parece otro expresidente más, involucrado en la corrupción, convencido de que el poder político y la popularidad le pueden garantizar impunidad. Pero las reglas del juego han cambiado en muchos países, también en Brasil. La corrupción ya no se tolera, y los gobiernos ya no están encima de la justicia. Hay una investigación muy detallada por parte de la fiscalía y con pruebas muy sólidas, por lo que hay que respetar la decisión de los tribunales».

En el caso de México, donde asumirá en los próximos meses como presidente Andrés López Obrador, el representante de la Konrad Adenauer se muestra aún escéptico sobre cómo será su gestión. «Es difícil predecir si el presidente puede cumplir con sus promesas electorales y encontrar soluciones sostenibles para los grandes desafíos de México: la corrupción, la violencia, la inseguridad e infiltración del Estado por el crimen organizado, la desigualdad y la pobreza». Y concluye que «hay que darle tiempo y ver cómo se desarrolla su gobierno».

 

Entrevista de Nicolás Guzmán, en El Mercurio, Santiago de Chile, el 2 de septiembre de 2018