La encrucijada del Brexit y sus alternativas

El Reino Unido aún no sabe cómo abandonar la Unión Europea.

Harry Kane, goleador del Mundial de Rusia 2018 | Foto:: Wikicommons

Harry Kane, goleador del Mundial de Rusia 2018 | Foto:: Wikicommons

Donald Trump pasó como un volátil cometa por Londres, arrojando una estela de gestos desobligantes, recomendaciones no solicitadas al gobierno de Theresa May, insultos a sus colegas europeos respecto a sus políticas de seguridad y cooperación, y luego, un tardío manojo de disculpas no muy sinceras. Todo como antesala de su encuentro con Vladimir Putin, una esperada cumbre de pares del caudillismo internacional que incomodó a demasiados observadores, comenzando por sectores conservadores estadounidenses a quienes les molesta la ratificada docilidad del viejo magnate frente al exagente ruso.

Pero esto no debe distraernos del tema de interés que tanto motivó a Trump a meterse con May para alentarlo, y por ende con Europa: el brexit. A dos años del polémico referendo, en uno de los eventos de comunicación política que han sido categorizados como muestras de posverdad, Reino Unido no termina de encontrar una puerta para salir de Europa.

Hay que comenzar aclarando que Theresa May no se encuentra en sus mejores días. Indecisa entre remontar una posición radical o ceder a renegociar lo que sea necesario con Europa, ha sufrido las dimisiones de los dos grandes negociadores del retiro británico, David Davis y el canciller Boris Johnson, sectores duros del nacionalismo del Partido Conservador, aunque hay quienes creen que podría haberse librado de dos rivales.

Reino Unido tiene tres opciones para dejar atrás 44 años de membresía del club europeo, con todas las connotaciones normativas en vigor que esto implica. La primera es una alternativa similar a la de Noruega, abandonando nominalmente pero respetando en la práctica dicha normativa y los tribunales del bloque, lo que sería considerado como alta traición por el nacionalismo británico. La segunda es una salida abrupta y sin anestesia, haciendo que Reino Unido pierda el destino de cerca del 40 % de sus exportaciones, lo que implicaría un desastre económico en la cuna del liberalismo-capitalista. Y por último recular, dar marcha atrás cancelando el brexit, violando con ello el resultado electoral del referéndum.

Como todas estas alternativas son dañinas, Theresa May rebuscó en su agenda y encontró la poco elegante opción de que Reino Unido haga efectiva su salida pero manteniéndose dentro de gran parte del mercado común europeo. Esto es un inverosímil jurídico que dudosamente la Unión Europea aceptaría, pero que le sirve como cortina de humo para ganar tiempo ante sus coterráneos más nacionalistas y las corrientes pragmáticas.

Las consecuencias del euroescepticismo británico aún están por verse. No sabemos si triunfará entonces un brexit duro, la vía más orgullosa, o si, ante una posible crisis que podría llegar a arrastrar a Escocia e Irlanda del Norte, lo mejor sea darle largas a un nuevo gobierno (con May en caída libre), donde se llegase a replantear una marcha atrás y se organizase un segundo referéndum. Es difícil saberlo. El resto del año será de una compleja negociación interna y externa. Mientras tanto, lo único claro que queda es que Inglaterra ya tiene al menos un premio consuelo: Harry Kane es el goleador del Mundial.