Los casos de corrupción relacionados con proyectos de infraestructura se han extendido a lo largo de América del Sur. Para comprender estos hechos es relevante analizar la influencia de la política exterior brasileña, la cual utilizó la integración regional para sus objetivos globales.

BNDES financia obras de infraestructura | Foto: Agencia Brasilia, vía Wikicommons

BNDES financia obras de infraestructura | Foto: Agencia Brasilia, vía Wikicommons

La operación Lava Jato, iniciada en el año 2014, destapó el mayor escándalo de corrupción y lavado de activos en la historia de Brasil. Entre las numerosas figuras públicas involucradas, además de ministros y parlamentarios se encuentra el expresidente Luiz Inacio Lula da Silva.

El caso inicialmente se concentraba en los sobreprecios en la petrolera estatal Petrobras; sin embargo, el escándalo de corrupción se extendió por toda América del Sur. En todos los casos, el elemento que se hace presente es la participación de Odebrecht y otras empresas que lideraron numerosos proyectos de infraestructura a lo largo de la región. Estas se expandieron sobre la base de sobornos a funcionarios públicos y al sector privado, que garantizaron la obtención de contratos de obra pública.

La influencia de Brasil

En el periodo comprendido entre 2003 y 2011, la integración regional en América del Sur tuvo una profunda transformación. Se modificó el propósito de organismos como el Mercosur y se crearon nuevos como la Unasur. En ambos se proponía privilegiar aspectos políticos; sin embargo, un elemento de carácter económico ganó lugar: los proyectos de infraestructura regional.

Estas transformaciones tuvieron como principal impulsor a Brasil que, particularmente a partir del año 2003 con Lula da Silva como presidente, se propuso liderar la región y creó una plataforma para proyectarse a nivel global como un actor relevante. La región de América del Sur, a través de los procesos de integración, sería la plataforma que Brasil utilizaría para lograr sus ambiciones globales.

El interés brasileño por financiar la infraestructura regional surgió en el gobierno de Fernando Henrique Cardoso, quien organizó la Cumbre Presidencial Sudamericana en el año 2000, durante la cual se creó la Iniciativa para la Integración de la Infraestructura Regional Suramericana (IIRSA).

En los años siguientes, ya con Lula en el gobierno tras la creación de la Unasur, se articularon los proyectos de integración en infraestructura regional. De esta manera, la IIRSA se integró en el nuevo Consejo Suramericano de Infraestructura y Planeamiento.

Un actor fundamental en el proceso de integración en el área de infraestructura fue el Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES), que tuvo una activa participación en el financiamiento de proyectos de infraestructura en el periodo 2003-2011 y jugó un papel preponderante como herramienta de la política exterior brasileña para América del Sur en tal sentido (BNDES, 2004). [1]

Ayllon (2010) señala que, al contrario de la cooperación técnica, los préstamos del BNDES exigen a los beneficiarios (COSIPLAN-IIRSA) la obligatoriedad de que los recursos sean utilizados para comprar bienes y contratar servicios de empresas brasileñas. [2] [3] La presencia inversora de Brasil en la región mediante el BNDES creció un 1082 % entre 2003 y 2010. [4] Los principales grupos de construcción involucrados en esta iniciativa fueron Odebrecht, Camargo Correa, OAS, Andrade Gutierrez y Queiroz Galvão.

¿Cuál es el objetivo del Estado brasileño al financiar las obras y la internacionalización de las empresas? Si bien los estatutos del IIRSA-COSIPLAN establecen que los proyectos se realizan con el fin de reducir las asimetrías en la región y desarrollar infraestructura para promover la integración regional, creemos que se hace evidente la vinculación de lo público con lo privado en una relación en la que ambos se ven favorecidos: el Estado de Brasil por tener una mayor presencia en la región con capitales nacionales, y las empresas, al serles adjudicadas importantes obras.

El proceso de integración impulsado por Brasil no veía a la integración como un fin, sino como un medio para lograr sus pretensiones globales, esto es, la creación de una plataforma regional para proyectarse como un actor mundial. Para ello, Brasil utilizó al BNDES como herramienta para financiar e incentivar la expansión de las empresas brasileñas fuera de sus fronteras.

Particularmente, las iniciativas en materia de infraestructura regional son una muestra de la influencia brasileña en América del Sur, donde los escándalos de corrupción se expandieron en la región y se transformaron en el factor común de este proceso de la integración sudamericana.

 

[1] BNDES (2004). Integração da América do Sul: o BNDES como agente da política externa brasileira. Informe BNDES N 187.

[2] AYLLON, Bruno (2010). La cooperación de Brasil: un modelo en construcción para una potencia emergente. Real Instituto Elcano [En línea] 

[3] LISSARDY, Gerardo (2011). El banco brasileño que mueve América Latina. BBC Mundo Brasil. [En línea] 

[4] Ibídem.

 

Andrés Acevedo
Estudiante avanzado de Estudios Internacionales en la Universidad ORT Uruguay

Ronald Trenchi | @ronaldtrenchi
Estudiante avanzado de Estudios Internacionales en la Universidad ORT Uruguay