Latinoamérica: ciudades en coma

«En todas partes se ha infiltrado el hombre y su ciudad. Piensa que hay murallas infinitas. Edificios que tienen ascensores rápidos y ascensores mixtos: tanta es la altura a recorrer». Roberto Arlt, Los lanzallamas (1931)

Buenos Aires, vista desde el Palacio Barolo | Fuente: WikiCommons.

Buenos Aires, vista desde el Palacio Barolo | Fuente: WikiCommons.

No es una novedad: Latinoamérica dejó de ser rural hace tiempo para convertirse en un continente predominantemente urbano. Sus poblaciones, de antaño bucólicas, sobreviven hoy apretujadas en ciudades que lo ofrecen todo, pero también lo cobran todo. En otras palabras, como lo advirtió el escritor argentino Roberto Arlt, el drama de la vida cambió paulatinamente los árboles por ascensores y los campos por las selvas de cemento.

Un estudio de The Economist, bautizado Índice de habitabilidad global, parece confirmarlo en su informe de 2018: con excepciones, las capitales de Latinoamérica están lejos de ser buenos lugares para vivir. De 140 ciudades de todo el mundo, ninguna asoma la cabeza hasta bajar la mirada a los puestos 62 (Buenos Aires), 63 (Santiago) y 67 (Montevideo).

Si bien es meritorio que Argentina, Chile y Uruguay demuestren que poseen una tradición urbanística y humanista aceptable, que al menos pone a sus centros políticos en mitad de tabla, no deja de ser preocupante que más allá del puesto 100 encontremos urbes realmente poco aptas para el buen vivir y que las cuatro peores ciudades de la región en ese sentido sean Bogotá (108), Ciudad de México (111), Ciudad de Guatemala (114) y Caracas (126).

La metodología clasificatoria de The Economist se centra en cinco puntos claves: estabilidad, cuidado de la salud, cultura y tecnología, educación e infraestructura. En esta medida, la estabilidad es una variable que afecta a ciudades donde afloran crímenes pequeños o violentos, amenazas terroristas, conflictos militares o enfrentamientos civiles. ¿Suena a algo familiar? Y a estas condiciones de inseguridad se suman la polución y la dificultad para trasportarse, además del tiempo que se pierde en viajar de un punto a otro.

¿Por qué estamos tan lejos de Viena, Melbourne u Osaka, primeros puestos? Sencillamente porque Latinoamérica se mantiene por debajo del promedio mundial de habitabilidad (68,2% frente a 75,7%), y porque aunque destaquen aspectos como las ofertas culturales y de entretenimiento, continuamos habitando ciudades donde la desigualdad predomina y la violencia es cotidiana. En cualquier caso para The Economist la habitabilidad en el mundo ha mejorado por segundo año consecutivo (de 74,8% se subió a 75,7%), y esto nos sirve para preguntarnos seriamente en qué clase de ciudades queremos vivir.