Los niños de Siria: ángeles sin cielo

Luego de seis años de conflicto, la destrucción en Siria es casi total. Más de 5.500.000 niños han sido afectados por la guerra, 10.000 de ellos han muerto y más de 800 fueron torturados antes de ser asesinados.

Los niños y la guerra | Imagen: Pixabay

En su segundo debate presidencial, Donald Trump hacía mención de una forma casi lúdica a cómo abordaría la crisis en Siria en caso de ser electo primer mandatario de los Estados Unidos de Norteamérica.

Increíblemente, la percepción periodística entonces se centraba en la posible forma de intervención en Siria pero no en lo que sucedía en ese mismo momento en aquel país. Ya parecíamos haber olvidado la horrorosa imagen del niño sirio encontrado muerto en la orilla de una playa turca, en setiembre de 2015. Mientras la sociedad mundial no terminaba de sopesar todo esto, en el malogrado país, sumido en la barbarie, continuaba muriendo gente de manera salvaje.

La destrucción en Siria es casi total. Ya van aproximadamente 470.000 muertos y se estima que más de 10.000 de estos son niños. Es llamativo que, en pleno siglo XXI, cuando los gobiernos de todo el mundo vitoreaban a los cuatro vientos que situaciones genocidas como las acontecidas en Chechenia y en la ex-Yugoslavia no volverían a pasar, nos encontramos ahora con un escenario dantesco que no tiene ni el más mínimo atisbo de solución a corto plazo.

El conflicto sirio ya lleva seis años y ha pasado por varios procesos. Se inició con la denominada Primavera Árabe, originada en territorios africanos con manifestaciones por la democracia y los derechos sociales; cuestiones que en diversas naciones de ese continente habían quedado en el olvido debido a las dictaduras imperantes. Este era también el caso de Siria con la dinastía Assad, que generó el principio de la guerra civil y aún se mantiene en el poder.

Luego se produjo la escalada terrorista con el surgimiento del Estado Islámico (ISIS) —entre otros frentes y movimientos rebeldes— y el ideal de establecer un califato en la zona mediante el sadismo, para encontrarnos ahora con la intervención directa de Estados Unidos y Rusia, en una lucha de pertrechos y diplomacia que nos hace recordar que tal vez aquella guerra fría nunca terminó. Los intensos bombardeos solo han llevado a dañar aun más a la sufrida población civil.

Hasta el momento del reciente ataque químico sobre civiles sirios y la intervención norteamericana con misiles Tomahawk escaseaba la información relativa a lo que pasaba en Siria. En la prensa electrónica aparecía alguna que otra mención pero en la TV —que con la radio es el medio de mayor alcance para la población— ya no era noticia.

Según datos del Centro de Documentación de Violaciones de Siria, más de 800 niños fueron torturados antes de ser asesinados. Es un dato espeluznante.

Luego de seis años de guerra, indudablemente podemos hablar de una generación perdida de niños sirios. Sin educación, sin acceso a salud, sin alimentos, sin agua potable, sin abrigo, sin techo, sin cariño, sin poder siquiera conciliar el sueño tranquilos, están muy lejos de la infancia normal que todo niño tiene derecho a tener.

¿Los medios se habían olvidado de ellos o acaso se perdió la capacidad de asombro? En un territorio en donde el secuestro, la extorsión y el asesinato están a la orden del día, es casi imposible organizar una ayuda humanitaria que trate de paliar estas problemáticas. Solo se puede esperar que las grandes potencias mundiales lleguen a un acuerdo que por fin permita a Siria vivir en paz. Pero mientras eso no suceda, estos ángeles seguirán sufriendo un apocalipsis que ya estaba subrayado en las viejas Escrituras. Un sufrimiento que significa que nuestros ángeles entretanto no tengan descanso, no tengan consuelo y no tengan cielo.