México votó, ¡y cómo!

El maratón electoral mexicano del 1 de julio de 2018 tuvo un resultado inequívoco, cuya claridad y dimensión sorprendió un poco.

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México | Foto: Agencia Andes

Andrés Manuel López Obrador, presidente electo de México | Foto: Agencia Andes

Mandato claro a AMLO. ¿Qué sigue ahora?

Andrés Manuel López Obrador será el nuevo presidente mexicano con 53 % de los votos, su plataforma MORENA en alianza con el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES) tendrá la mayoría en ambas cámaras del Congreso. A nivel regional y local MORENA pudo aumentar su presencia significativamente al calor de la elección presidencial.

El Partido Revolucionario Institucional (PRI), que dirigió los destinos de México durante más de setenta años casi autocráticamente, sufrió una derrota histórica y quedó con su candidato José Antonio Meade en tercer lugar (16,4 %). Tampoco el Partido Acción Nacional (PAN) pudo cumplir con las expectativas y alcanzó con Ricardo Anaya solamente un modesto 22,5 %, aunque a nivel regional y local tuvo algunos éxitos considerables. Como conclusión queda un claro mandato y una clara mayoría, por una parte, así como grandes expectativas y poca claridad respecto a cómo siguen las cosas, por otra.

Punto de partida antes de las elecciones

El 1 de julio de 2018 había 89,3 millones de electores, dentro y fuera del país, convocados para elegir 3406 cargos.

A nivel nacional fueron elegidos el presidente y la totalidad del Congreso, lo que comprende 128 senadores y 500 diputados, en el marco de un sistema mixto de mayorías relativas y proporcionales.

A esto se sumaban 8 de los 32 gobernadores, 1596 de 2446 alcaldes en 26 estados federados, la totalidad de los 16 alcaldes dentro de la capital Ciudad de México y 972 de 1125 representantes locales y regionales en los 26 estados federados, además de 185 cargos más.

Los tres candidatos presidenciales se presentaron con coaliciones más o menos amplias: Andrés Manuel López Obrador (AMLO) con el Movimiento Regeneración Nacional (MORENA), el Partido del Trabajo (PT) y el Partido Encuentro Social (PES); Ricardo Anaya con el Partido Acción Nacional (PAN), el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Movimiento Ciudadano. Finalmente, José Antonio Meade con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), Nueva Alianza (PANAL) y el Partido Verde Ecologista de México (PVEM).

Solamente el cuarto candidato, Jaime Rodríguez “El Bronco”, se presentó como independiente, y sin chances.

Los resultados electorales más importantes

Ya en la tarde de la elección quedó claro que López Obrador surgiría como claro ganador de la contienda electoral. Las primeras proyecciones después del cierre de los locales de voto mostraban una victoria demoledora. Los candidatos derrotados, Meade y Anaya, aparecieron cerca de las 21.30 para felicitar al vencedor.
AMLO, por su lado, aportó al desarrollo tranquilo de la noche electoral con un primer discurso llamando al consenso, renunciando a ataques a sus adversarios políticos derrotados.

Resultados de la elección en detalle

Votos escrutados: 93,56 %
Participación: 63,45 %

Resultados electorales, estado de situación al 4 de julio de 2018.

Resultados electorales, estado de situación al 4 de julio de 2018.

Notable fue también el alcance territorial del triunfo de AMLO. Con excepción del estado de Guanajuato, en el que triunfó Anaya, AMLO pudo hacerse de una clara mayoría en los restantes 31 estados federados.

Particularmente amargo desde la perspectiva del candidato de la oposición, Anaya, fue que en los nueve estados en los que hubo elecciones para gobernador, él recibió menos votos que el propio candidato al cargo, por lo que quedó en evidencia la votación cruzada.

En la renovación total del Congreso mexicano, la alianza MORENA quedó como clara triunfadora en ambas cámaras. De acuerdo al estado actual del escrutinio (93%), MORENA, PT y PES obtendrán juntos, sumando escaños proporcionales y relativos, la mayoría absoluta (en el senado 68 de128 escaños, en Cámara de Diputados 307 de 500 escaños).

A la vista de estas cifras, queda en evidencia el dramático descenso del PRI y el aumento análogo de MORENA.

En conjunto, es de notar que hay un aumento de la participación femenina en ambas cámaras. En la Cámara de Diputados habrá ahora 243 mujeres, es decir, el 49 % (en 2003 había solamente 115) y en el Senado 63 (también 49 %); en el año 2000 eran solamente 20. A partir de ahora los proyectos de ley que no requieran mayorías especiales podrán ser promulgados con las mayorías propias, privilegio con el que no contaron los últimos tres gobiernos del PRI y del PAN.

Elecciones de gobernadores

La alianza MORENA-PT-PES quedó también como clara vencedora de las ocho elecciones de gobernadores y de la elección en la Ciudad de México. Evidentemente, esto está fuertemente correlacionado con el triunfo de su candidato presidencial.

El análisis del resultado requiere, por lo tanto, de una explicación, ya que en algunos casos hubo alianzas que se mantuvieron mientras que en otros eran de nueva formación, por lo que la pertenencia a un determinado partido del viejo y del nuevo gobernador no explica por sí sola el resultado. Basándose en ese criterio, el PRD perdió en los tres distritos (CDMX, Tabasco y Morelos) y el PRI lo hizo en ambos estados federados (Jalisco, Yucatan). El PAN, por su lado, pudo ganar Puebla (con limitaciones), mantener a Guanajuato y ganar Yucatán. En cambio, perdió Veracruz. El Movimiento Ciudadano ganó en Jalisco y MORENA pudo triunfar en cinco estados (CDMX, Morelos, Veracruz, Tabasco y Chiapas, este último gobernado hasta el momento por el Partido Verde (PVEM).

El resultado en Puebla está siendo impugnado en forma vehemente y violenta, por lo que debe ser observado con prudencia.

Elecciones de alcaldes y parlamentos de los estados federados

Hubo elecciones parlamentarias en 26 de los 32 estados federados. También aquí se continuó el “tsunami MORENA”, que ahora dispone como alianza MORENA-PT-PES de mayorías en 19 estados (Baja California, Ciudad de México, Colima, Chiapas, Durango, Edo. de México, Guerrero, Hidalgo, Michoacán, Morelos, Oaxaca, Puebla, San Luis Potosí, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tlaxcala, Veracruz y Zacatecas). Los otros partidos pudieron imponerse solamente en Chihuaha, Jalisco, Querétaro, Campeche, Aguascalientes, Guanajuato y Yucatán.

En la capital Ciudad de México se eligieron también todos los 16 alcaldes de distrito, de los cuales 11 fueron obtenidos por MORENA-PT-PES y 4 por la alianza PAN-PRD-MC (Coyoacán, Milpa Alta, Benito Juárez y Venustiano Carranza, aunque en todos ellos son alcaldes electos del PRD) y solamente uno del PRI (Cuajimalpa). Con esto continúa el descenso dramático del PRI y del PRD en favor de MORENA.

A nivel nacional MORENA ganó numerosas capitales de estado (Toluca, Hermosillo, Oaxaca, Morelia, Villahermosa, Puebla, Acapulco). El PAN pudo mantenerse en sus bastiones de Chihuahua, Mérida y León.

Conducta electoral

No disponemos de análisis detallados de la conducta de los votantes. Sin embargo, existen encuestas que muestran la extensión del apoyo a AMLO. En la encuesta a boca de urna realizada el día de la elección por el instituto Defoe quedó en evidencia la inexistencia de diferencias significativas entre los votantes de AMLO con relación a género (51% hombre y 49 % mujeres), formación (AMLO en todos los estamentos entre 44 % y 53 %) e ingresos (en todos los segmentos entre 47 % y 53 %).

Solo en los grupos etarios se pudieron constatar diferencias interesantes: mientras que AMLO obtuvo más de 50 % en todos los grupos mayores de 26 años, entre los votantes jóvenes y que votaban por primera vez «solamente» alcanzó el 45 %. Es sorprendente, entonces, que quien sacó ventaja en este segmento no fue el candidato más joven, Ricardo Anaya (que obtuvo un 22 %), sino el candidato sin chances, Jorge Rodríguez El Bronco, que consiguió un 22 %. Sus propuestas radicales (como cortarles la mano a delincuentes) y su lenguaje descuidado parecen haber despertado simpatías entre ese sector.

Por lo demás, quedó manifiesto que el fenómeno AMLO fue exitoso en diferentes clases, edades y géneros, y que ello se explica ante todo por el extendido fastidio con la política y los partidos políticos. La rabia y desilusión de grandes sectores de la población se proyecta sobre el establishment político y ve como culpables principales al PRI, al PAN y al PRD de los tres grandes problemas irresueltos: corrupción, seguridad interna/criminalidad organizada e injusticia social. Estos son los factores principales que explican el triunfo de AMLO, que logró presentarse a través de mensajes sencillos (a veces simplotes), como la solución y el agente de cambio creíble. El hecho de que esté activo desde hace veinte años en la política mexicana y, por lo tanto, que sea todo menos un newcomer, no lo perjudicó. Por el contrario, la postura de darle a él también una oportunidad fue un motivo para votarlo. Sus explicaciones y promesas algo nebulosas y extremadamente simplificadas, en contraste con los análisis y propuestas precisas y concretas, ante todo del candidato Anaya, tampoco fueron perjudiciales para AMLO, ya que logró llegar con ellas a los sentimientos, y ello se tradujo finalmente en un éxito.

El perfil del nuevo gobierno

Andrés Manuel López Obrador, de 64 años, estudió ciencias políticas y administración. Por largo tiempo fue miembro activo del PRI, en donde dirigió el Instituto Nacional de Asuntos Indígenas. En 1989 dejó ese partido para fundar a su contrincante de izquierda, el PRD (Partido de la Revolución Democrática), al que presidió de 1996 a 1999. En el año 2000 fue electo alcalde de la Ciudad de México por el PRD. En el año 2005 renunció del cargo para postularse como candidato a la presidencia en 2006. Perdió por poco esas elecciones en favor de Felipe Calderón (PAN), cuya victoria electoral no reconoció por mucho tiempo. En el año 2012 se postuló nuevamente, esta vez perdiendo ante su rival del PRI, Enrique Peña Nieto. Por consecuencia, AMLO dejó el PRD y preparó su candidatura para el 2018 con el movimiento MORENA, fundado en 2011 y reconocido como partido político en el año 2014.

A comienzos de diciembre de 2017 AMLO anunció su futuro gabinete, para sugerir en ese momento tan temprano que él básicamente ya era presidente. Entre las figuras centrales se perfila, entre otros, Alfonso Romo, su asesor de política económica más importante, un empresario que probablemente se convertirá en jefe de la Oficina de la Presidencia. Él y el secretario de Hacienda y Crédito Público designado, Carlos Manuel Urzúa, quien ya fue secretario de Hacienda en el gobierno de la capital federal, serán las figuras centrales de la nueva política económica.

Otras figuras importantes son Olga María del Carmen Sánchez Cordero Dávila (Secretaria de Gobernación), antigua jueza de la Suprema Corte de Justicia, así como el diplomático de carrera Héctor Vasconcelos para la Secretaría de Relaciones Exteriores. Aquí parece estar involucrado también Marcelo Ebrard, sucesor de AMLO en la alcaldía de la capital (2006-2012).

Para la Secretaría de Energía esta prevista Norma Rocío Nahle, quien hasta la fecha ha sido líder del grupo parlamentario de MORENA en la Cámara de Diputados y tiene una larga carrera profesional en la compañía estatal de energía PEMEX.

En general, el futuro gabinete muestra una mezcla de amigos partidarios, académicos y no demasiada experiencia política. En vista de las conocidas características personales de AMLO es de esperar, sin embargo, que a largo plazo el único poder decisión recaerá sobre el presidente.

Los desafíos de la política interna y externa

El nuevo gobierno se encuentra frente a una tarea casi imposible. Más allá de las expectativas ya descritas, el gobierno se enfrentará a tareas concretas que, por su complejidad, difícilmente pueden ser superadas.
Además de los problemas estructurales de largo plazo, como la dramática injusticia social y la falta de una clase media amplia o el problema endémico de la corrupción en todos los niveles públicos y privados, que está vinculado y se alimenta del crimen organizado, de sus recursos financieros y sus armamentos, surgen otras cuestiones estratégicas.

¿Cómo se verá la nueva política económica? ¿Se mantendrá AMLO con la misma apertura económica del país (que ha insinuado vagamente) o buscará más incentivos para el crecimiento interno (que también ha insinuado)? ¿Continuará abogando por la continuación del TLCAN (NAFTA) (y por lo tanto atrayendo inversión extranjera) o se comprometerá en aislarse de Estados Unidos?

¿Cómo reducir la injusticia social con una política social más activa pero aún alcanzable? Con la simple venta del avión presidencial o renunciando a la guardia presidencial, es poco probable que esto se financie. El dinero ahorrado por reducir la corrupción hasta la fecha es más una esperanza que un cálculo económico concreto.

Respecto a la reforma educativa, iniciada por Peña Nieto con el apoyo de la oposición, hay más bien motivos para temer un retroceso, en parte debido a la influencia del fuerte sindicato de maestros, a quienes AMLO ha apoyado abiertamente. En el caso de la ya iniciada reforma energética para la apertura a inversión extranjera en el monopolio estatal PEMEX, también hay razones para temer el estancamiento. Con su anuncio de que quiere construir más refinerías, apuesta a combustibles fósiles y, por lo tanto, a PEMEX. También aquí los sindicatos desempeñan un importante rol. Hasta el momento no se vislumbra un posicionamiento a favor del uso de energías renovables como alternativa.

En política exterior, por supuesto, la relación con los Estados Unidos es el factor decisivo. Después de que el presidente Trump continuó hablando de sus promesas de campaña, como la construcción de un muro fronterizo financiado por México, e insultando repetidamente a los mexicanos que cruzan la frontera de la peor manera posible, las relaciones entre él y Peña Nieto se erosionaron cada vez más. Aún queda por ver si Trump y AMLO, que ciertamente tienen rasgos de personalidad comparables, conseguirán entablar un diálogo constructivo. Esta posibilidad no se puede descartar. Al menos como una primera reacción después de la victoria electoral, Trump expresó palabras amistosas para AMLO, lo cual no es una cuestión de rutina para el presidente americano.

Sin embargo, la continuación del TLCAN es crucial a nivel económico para las relaciones bilaterales. En el pasado, Trump se ha expresado en tono muy crítico sobre este asunto, que fue percibido en México con gran preocupación. Dentro de lo visible, AMLO está dispuesto a mantener con vida este tratado.

En lo que concierne a las líneas de la política exterior, AMLO dejó relativamente claro durante su campaña electoral que no quería seguir participando en la dirección de la mayoría latinoamericana, es decir, la de una evaluación crítica de la situación política en Venezuela, por ejemplo. Esto significaría un lamentable paso atrás en la tradicional neutralidad autoimpuesta de la política exterior mexicana y que ni siquiera apoye los principios democráticos en la región.

En relación con la Unión Europea, está listo para ser firmado el tratado de libre comercio, que ya ha sido negociado de facto. AMLO hasta el momento no ha indicado si pretende reabrir o renegociar este tratado.

¿Qué hace la oposición?

De acuerdo con los resultados de estas elecciones, comienzan tiempos muy difíciles para la oposición. Por encima de todo, el PRI se encuentra en una grave crisis. Después de setenta años de alto y muy alto dominio, y de largo tiempo de control exclusivo (de facto), su debacle electoral es evidente en todos los niveles. En el Congreso, en los estados federales y a nivel local, se le perdieron territorios completos que han sido ganados ante todo por MORENA. Esto tendrá considerables consecuencias políticas y financieras. Es difícil imaginar cómo se recuperará de esto después de todos esos cómodos años en el gobierno.

El declive del PRD comenzó incluso antes de las elecciones. Con la renuncia de López Obrador, el partido había perdido a su carismático líder. Aunque la alianza electoral con el PAN condujo a algunos éxitos notables para la coalición en las elecciones regionales de 2016, esto no continuó así en las elecciones de 2018. El PRD también se enfrenta a la cuestión de su existencia. No está claro dónde y cómo el partido podrá levantarse y reinventarse a sí mismo en caso de ser necesario, especialmente porque no se vislumbran nuevos líderes auténticos.

Con esto, el PAN es y sigue siendo el partido de oposición más importante a pesar de la fuerte derrota electoral. El papel de oposición ya fue anunciado de manera clara por Ricardo Anaya en la noche de las elecciones: cooperación con el gobierno en caso de coincidencia en temas concretos, una oposición dura y responsable.

En el Congreso, sin embargo, es probable que este papel de oposición tenga un carácter más declaratorio debido a las relaciones de poder. Por eso, el enfoque principal está en el nivel regional, donde el PAN tiene gobernadores importantes y puede proporcionar un cierto contrapeso al gobierno de MORENA. Sin embargo, queda por ver si el PAN actuará de manera concertada en este tema. Algunos gobernadores del PAN ya habían ofrecido su cooperación en los días previos a las elecciones, en vista de la probable derrota electoral, lo que fue criticado con justicia por la dirigencia del partido como capitulación precipitada.

En el PAN, las elecciones de la junta directiva están programadas para los próximos seis meses. Ahí se decidirá si la derrota electoral conducirá a la confrontación y fragmentación internas del partido o a cerrar filas. El partido está en una encrucijada. El propio Ricardo Anaya tendrá que asumir la responsabilidad política de la derrota electoral, pero no debería ser dejado de lado por completo debido a su edad. Sin embargo, el papel de liderazgo probablemente tendrá que ser asumido por los actuales líderes de opinión de entre las filas de los nuevos y antiguos gobernadores.

Además de los partidos, la cuestión del contrapeso y el control democrático también se plantea para la sociedad civil. Con instituciones estatales débiles y un gobierno con amplios poderes, un contrapeso democrático es una necesidad política. Una de las muchas cuestiones abiertas que ayudarán a decidir si el despertar eufórico conducirá a reformas estructurales y a una solución gradual de los problemas, o en última instancia a una resaca aún más violenta, es si la sociedad civil mexicana —que con su compromiso también ha contribuido a romper con las estructuras políticas anquilosadas— está ahora dispuesta y es capaz, y en qué medida, de seguir garantizando el control y la vigilancia democráticos.

Conclusiones

Los superlativos y dramáticos comentarios que se dieron después de la victoria electoral sobre el comienzo de un cambio de sistema en México tendrán que darle paso gradualmente a un análisis más objetivo. Si la “fiesta Mexicana” (semanario Wirtschaftswoche 29.6.) con el “mesías de México” (diario FAZ 28.6.) realmente traerá el “cambio mexicano” (diario Handelsblatt 29.6.) es, por lo menos, incierto. Una evaluación más realista solo podrá comenzar cuando el nuevo gobierno presente ideas más concretas sobre las medidas políticas, los cambios y las correcciones que deben introducirse, o cuando las aplique tan pronto como asuma sus funciones el 1 de diciembre de 2018.

La simple distribución de dinero para reducir la injusticia social o la lucha contra la corrupción confiando sencillamente en la integridad personal del propio presidente serán tan insuficientes como un nebuloso anuncio de que se quiere luchar exitosamente contra el crimen organizado.

Las expectativas desatadas por esta clara victoria electoral, que también fueron fomentadas específicamente por AMLO durante la campaña, son en principio un voto de confianza que es indudablemente importante, incluso para poder abordar cuestiones complejas con el necesario viento de popa político desde el comienzo.
Desafortunadamente, la historia en América Latina y también en México muestra que las expectativas (demasiado) altas, de no cumplirse en un futuro previsible (y por lo general a corto y no a largo plazo), pueden convertirse rápidamente en decepción. Aquí es donde reside el riesgo de una simplificación extrema durante la campaña electoral: sugerir que los problemas más complejos pueden ser resueltos de manera sencilla. Como esto no sucede, el riesgo de fracaso es grande, sobre todo, cuando la ilusión de las soluciones simples resulta ser una quimera. La eliminación del Mundial de Fútbol ya se digirió, ahora se trata de las cuestiones realmente importantes del país.

México está enfrentando tiempos cautivantes pero también difíciles. La superación exitosa de sus problemas, tanto a corto como a largo plazo (esto requiere un gobierno fuerte, pero también una oposición responsable y atenta como contrapeso y alternativa), no solo es de interés para el país, sino también de la región y de los socios internacionales, incluidos Alemania y la Unión Europea. México tiene una enorme importancia como socio comercial, como lugar de inversión, como socio de una comunidad de valores, especialmente en el contexto de unas relaciones cada vez más volátiles e irritadas en el Atlántico Norte. Por lo tanto, la proximidad y la cooperación política, económica y cultural deben seguir siendo imperativas para ambas partes.

 

Traducción: Nicole Rubio y Manfred Steffen, de la oficina Montevideo de la Fundación Konrad Adenauer