Nayib Bukele y sus señales para el futuro de El Salvador

El Salvador elige el presidente más joven en su historia y desafía al bipartidismo.

El presidente saliente, Salvador Sánchez Cerén, y el entrante, Nayib Bukele | Foto: WikiCommons.

El presidente saliente, Salvador Sánchez Cerén, y el entrante, Nayib Bukele | Foto: WikiCommons.

La primera señal es la acentuada ambición de este joven de ascendencia palestina, que llegó a ser alcalde del pequeño Nuevo Cuscatlán y luego de San Salvador, pero que no ha podido dejar de trabajar al lado de la —aunque fraccionada— clase política tradicional. Bukele, quien aún se considera de izquierda, no logró terminar sus estudios de Derecho y ha sido acusado de calumnia y plagiar sus planes de gobierno, pasó de ser joven promesa de la antigua guerrilla del FMLN a ser expulsado del partido y, tras intentar legalizar sin éxito su movimiento llamado Nuevas Ideas en 2017 y buscar presentarse bajo el Centro Democrático (CD), que no pudo mantener su personería tras las legislativas de 2018, reculó en la Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), reducto de renegados derechistas de Arena.

La segunda señal es que el exalcalde de la capital, además de su escasa coherencia ideológica y de que será recordado como la persona que logró romper por el momento la hegemonía predominante en el sistema de partidos del FMLN y Arena, no cuenta con mayorías para gobernar. Si bien esto es posible en los sistemas presidencialistas, su gobierno enfrentará un gobierno dividido y un déficit de financiamiento que le dificultarán sus promesas de acabar con la corrupción y la violencia, impulsar la infraestructura de desarrollo y capitalizar el descontento con la política tradicional.

La tercera señal es su falta de lealtad y su arrogancia, que le pueden salir caras. Bukele, quien aseguró que no buscaría apoyos en la derecha pero se matriculó en ella, dice que gobernará con independencia de la agrupación que lo impulsó, dando a entender que se trata de un líder posmoderno acorde con los tiempos que corren de partidos en crisis, antipolítica y eventual caudillismo y populismo. Sus seguidores y GANA, partido que cuenta entre sus fundadores con el expresidente Elías Saca, encarcelado por corrupción, y el vicepresidente de la Asamblea Legislativa Guillermo Gallego, quien está en contra del aborto, aboga por la pena de muerte y el paramilitarismo para combatir a las pandillas, están advertidos.

Una última señal y la no menos curiosa de este antiguo empresario de pelo engominado y barba espesa, que ha sido definido como alguien de soluciones creativas y liderazgo arriesgado aun sin tener la razón, es que desprecia a los medios. Su campaña, al verse marginada y sin recursos, le dio la espalda a los medios tradicionales y se concentró en las redes sociales, llegando a tener 1,4 millones de seguidores en Facebook, cerca del 21 % de la población de un país de 6,5 millones de habitantes. ¿Serán suficientes estos apoyos para mantener a flote y en democracia al país más pequeño de Centroamérica? Esperemos, por el bien de todos los que admiran la capacidad de resiliencia de El Salvador, que así sea.