No, la película de Pablo Larraín sobre el plebiscito convocado por Pinochet en 1988, pudo haber presagiado la victoria del Hayir (‘no’, en turco) en el proceso celebrado en Turquía 29 años después de que el pueblo chileno le negara el apoyo a Pinochet.

Campo de sirios bajo protección temporal en Turquía

No fue la película que la oposición turca rescató para hacer un paralelismo entre los dos procesos y fortalecer su campaña con un mensaje similar (el eslogan y el himno político fueron traducidos para la campaña en Turquía), pero la oposición turca es minoritaria en el país euroasiático y su margen de incidencia está cooptado por medidas represivas y por la censura (más de 160 medios han sido cerrados), de manera tal que la película, y en general la campaña por el no, tuvo limitado efecto y difusión, y se llegó incluso a cancelar la emisión del filme.

En Turquía ganó el y el país se decantó por abandonar el sistema parlamentario introducido hace 95 años por Mustafá Kemal Atatürk, el padre de la Turquía moderna. Poco más de la mitad de los votantes turcos (el 51,4 %) avaló las 18 enmiendas del proyecto presidencialista de Recep Tayyip Erdogan que aúna en una figura al representante del país y al jefe del Ejecutivo. La reforma institucional aprobada rebaja la edad de participación en el hemiciclo a 18 años, abole la moción de censura y elimina la judicatura militar. El presidente electo podrá gobernar por decreto y suspender la legislatura unilateralmente, será votado cada cinco años, podrá seleccionar su gabinete sin voto de confianza de la Cámara, elegir a cuatro miembros (un tercio) del máximo órgano judicial —otros siete serán elegidos por el Congreso— y decretar el estado de emergencia.

Además de este listado (no exhaustivo) de reformas, la victoria del sí es la victoria de una sociedad que se identifica con la islamización progresiva del país. La Dirección Asuntos Religiosos de Turquía (Diyanet) estima que desde la llegada de Recep Tayyip Erdogan al poder, en 2003, se han construido e inaugurado en Turquía más de nueve mil nuevas mezquitas, al tiempo que la ley prohíbe la construcción de iglesias.

Pero la islamización no solo se cuenta en número de mezquitas. Polémicas declaraciones de Erdogan sobre el rol de la mujer en la sociedad turca y profundos cambios en el sistema educativo son, entre otras, medidas que no representan a casi la mitad de una cada vez más polarizada sociedad.

La oposición ha impugnado el resultado ante el Consejo Supremo Electoral (YSK) alegando vulneración de la ley electoral y su misma jurisprudencia al validar el recuento de papeletas y sobres y el preceptivo sello oficial. Varias decenas de personas, incluidas periodistas, han sido encarceladas por deslegitimar la victoria del .

Frentes abiertos

Amparado por la cobertura legal que le proporciona el estado de emergencia decretado tras el intento del golpe de Estado de 15 de julio de 2016, Ergodan se ha tomado la justicia por su cuenta y ha tensado las relaciones diplomáticas con varias potencias internacionales.

Al día de hoy, en Turquía están el 60 % de los periodistas encarcelados en el mundo, alrededor de 50.000 sospechosos de participar en el golpe de Estado están encarcelados (unas 115.000 personas han sido detenidas), la tensión con los Estados Unidos es latente por la exigencia de Erdogan y la negación de Donald Trump de extraditar al clérigo Fethullah Gülen, al que acusa de orquestar el golpe de Estado. Al mismo tiempo, Erdogan resiente el apoyo de Washington a los kurdos de Siria (no hay que olvidar el conflicto interno que Turquía enfrenta en sus propias fronteras).

Por otro lado, la tensión con la Unión Europea continúa creciendo tras los resultados electorales, ya que Erdogan se sabe con el poder para negociar con una Unión temerosa de ver cómo Turquía abre las fronteras y permite el acceso a Europa a los casi tres millones de sirios registrados bajo protección temporal que alberga. Según la Dirección General para la Gestión de la Migración (DGMM), al 23 de marzo 2.967.149 de sirios estaban registrados bajo protección temporal. De estos, un 9 % viven en 26 campos ubicados en diez provincias cercanas a la frontera con Siria, campos gestionados por gubernamental Centro de Manejo de Desastres y Emergencias (AFAD, por su sigla en inglés). El resto viven en ciudades turcas, donde las autoridades locales intentan insertarlos en la sociedad. Hay que señalar que Turquía les ofrece gratuitamente educación y acceso a los servicios sanitarios primarios. Ello es financiado, en parte, con los fondos que Europa comprometió al firmar el acuerdo por el cual Turquía retendría en su territorio a la población desplazada y recibiría, a cambio, 3.000 millones de euros. Entretanto, Turquía sigue siendo objetivo de ataques yihadistas al tiempo que participa en las conversaciones de paz por Siria.

En este escenario, el próximo capítulo se escribirá el 3 de marzo de 2019, día de las primeras elecciones legislativas y presidenciales bajo el nuevo sistema de gobierno que puede perpetuar a Erdogan en el poder hasta 2029. Sin embargo, los 55 millones de votantes turcos serán previamente llamados a votar, esta vez para decirle o no a la instauración de la pena de muerte en el país y alejarse definitivamente de Occidente.