Sobre ambiciones y administraciones: el nuevo Gobierno en España

La moción de censura que desplazó a Mariano Rajoy del Gobierno y convirtió a Pedro Sánchez en nuevo presidente de España deja al nuevo Ejecutivo y al país entero en una encrucijada ante grandes retos.

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en la constitución del Congreso el 19 de julio de 2016 | Foto: Marta Jara, vía Wikicommons

Pedro Sánchez y Mariano Rajoy en la constitución del Congreso el 19 de julio de 2016 | Foto: Marta Jara, vía Wikicommons

La última semana de mayo en España ha sido una de las más tumultuosas que se recuerdan. Las lluvias torrenciales que cubrían la capital no solo anunciaban el retraso de un verano que parece nunca llegar sino también un nefasto desenlace para la administración de Rajoy. Así, el pasado viernes 1 de junio todos fuimos testigos de lo que en un primer momento parecía improbable: Pedro Sánchez se convierte en el nuevo presidente de España tras lograr que prosperara la moción de censura presentada por el PSOE contra Mariano Rajoy. El líder de los socialistas consiguió el 51,4 % de los votos de la Cámara tras un debate con el líder de los populares en el que este se negó a dimitir. Pero, ¿qué causas se esconden tras esta victoria? Por una parte, el descubierto de la trama Gürtel (investigación sobre un caso de corrupción vinculado al PP), que condenó al partido de Rajoy y lo dejó aún más expuesto y, por otra, los apoyos de Unidos Podemos y de partidos nacionalistas como ERC, PNV, PDeCAT, Compromís, Bildu y Nueva Canarias, que seguramente ven en Pedro Sánchez un líder mucho más manejable para cumplir sus pretensiones.

No obstante, tras la consecución de esta nueva regeneración institucional también se encuentran otras causas más transversales, como el progresivo desgaste del PP a expensas de Ciudadanos, quien con el trasvase de votos desde filas populares despejó aún más el camino para la creación de una posible unión de oposición contra Rajoy. Así es como llegó al poder un presidente que no fue elegido democráticamente por su ciudadanía y que cuenta con menos de un cuarto de los escaños del Parlamento. Ahora Pedro Sánchez debe demostrar si su ambición le basta para gobernar un país y hacer frente a los grandes desafíos que se le presentan. Solo el tiempo dirá si los métodos utilizados por el líder del PSOE para alcanzar el poder podrán mantener la gobernabilidad democrática en el largo plazo y afianzar la estabilidad, legitimidad y eficacia de su administración.

Los principales retos a los que se enfrenta el nuevo presidente son la cuestión catalana y la agenda social. Con el cambio de gobierno y la toma de posesión del nuevo Govern de Quim Torra dejó de estar vigente en Cataluña el artículo 155 de la Constitución española y devolvió el autogobierno a la Generalitat. No obstante, otro de los grandes desafíos del administración Sánchez será el manejo de las relaciones con Podemos, que ya ha vetado los presupuestos en el Senado. El partido de Iglesias se encuentra ahora en la misma posición que ocupaba Ciudadanos con el PP y no dudará en comenzar a desplegar sus fuerzas para imponer sus aspiraciones. La pregunta es: ¿hasta qué concesiones será capaz de llegar Sánchez para mantenerse en el poder?

Así, el nuevo Ejecutivo se enfrenta a una serie de disyuntivas cuya resolución marcará a largo plazo el futuro de España. Uno puede imaginarse a Pedro Sánchez retirándose por primera vez a descansar en su nueva recámara de la Moncloa, dispuesto a soñar con su toma de posesión sin Biblia ni crucifijo pero incapaz de conciliar el sueño, pues mil dilemas corren por su mente: ¿aprobar los presupuestos del PP contra el deseo de Podemos o mantenerlos en pro de la visión de la Unión Europea?, ¿satisfacer las demandas nacionalistas o no nublar la unidad nacional?, ¿seguir con las críticas al PP o centrarse en las que señalan al seno de su propio partido?

Sin duda, Pedro Sánchez ha demostrado ser todo un estratega que ha sabido jugar sus cartas para conseguir lo que hacía años venía buscando y nadie habría apostado que algún día conseguiría. Ahora solo queda ver cómo gestiona los numerosos desafíos que se le aproximan y que plantearán nuevos episodios en el ya agitado panorama político español. Las relaciones con PP y Ciudadanos, por una parte, y con Podemos y los nacionalistas que conjugan causas distintas dentro de un mismo espectro sumadas a las tensiones y anhelos internos dentro del propio PSOE marcarán el desenlace de la administración del primer presidente investido por una moción de censura en la historia de España. Lo que está claro es que este país hubiera necesitado más elecciones y no tantas ambiciones.