Tras más de cien días continuos de protestas, millones de venezolanos reiteran su rechazo al autoritarismo de Nicolás Maduro. Sin embargo, el régimen mantiene su convocatoria a una Constituyente, haciendo llamados vacíos de paz. ¿Qué presagia tal desencuentro?

Venezuela: cien días de protestas | Imagen: Guillermo Tell Aveledo

Venezuela: cien días de protestas | Imagen: Guillermo Tell Aveledo

Casi siete millones y medio de venezolanos se expresaron en una extraordinaria jornada de desobediencia civil, manifestando su rechazo a la convocatoria de una asamblea constituyente comunal planteada por el Partido Socialista Unido de Venezuela. Las imágenes fueron emotivas, movilizando casi sin recursos, desde lugares muy remotos y ante serias amenazas de violencia, resultando en una consulta popular masiva, en la cual incluso participaron disidentes del chavismo.

El presidente de la Asamblea Nacional, Julio Borges, quien lideró la convocatoria de este ejercicio cívico, manifestó que: «Hoy Venezuela le dijo sí a un país donde la gente no tenga que comer de la basura; hoy Venezuela le dijo sí a un país de progreso, de libertad; le dijo sí a un país unido, le dijo sí a un país democrático, le dijo sí a un país donde la gente no se tenga que ir porque no hay futuro […]. Ojalá que quienes tienen el poder en Venezuela tengan la grandeza, la humildad, de entender el grito que dio Venezuela hoy».

Mientras tanto, una importante periodista venezolana, Naky Soto, lo resumía diciendo que «elegimos la esperanza».

¿Fueron los venezolanos suficientemente contundentes en su rechazo? Por una parte, la consulta ocurrió con menos centros electorales, enfrentando una férrea censura gubernamental en los medios de masas y sin los recursos de movilización de una campaña electoral ordinaria: organizada en pocas semanas, contando con el activismo voluntario de miles de ciudadanos y en un contexto de mayor autoritarismo, que millones se expresen de manera tan resuelta y pacífica tienta a trascender todo análisis. Sin embargo, muchas encuestas señalaban que el rechazo hacia la Constituyente era mayor, y la cifra alcanzada es poco más de un tercio del padrón electoral total, y poco menos de lo alcanzado por la oposición en las parlamentarias de 2015.

La distancia entre las expectativas de algunos analistas y los hechos pueden explicarse desde diversos factores: desde lo electoral, los límites de infraestructura, que contó con apenas un quinto de las mesas de votación ordinarias. Desde lo anímico, el temor a la persecución política. Desde lo político, la desconfianza ante la propuesta de la Unidad por sectores descontentos con el chavismo. Cualquier explicación ha de ser sobriamente asumida por la Unidad hacia el futuro, pero el tiempo apremia y la convocatoria ha de ser más amplia.

En apenas dos semanas, el Estado-PSUV se dirige a la elección de representantes para su totalitaria Constituyente Comunal. Si el presidente Maduro y la dirigencia chavista creen que pueden superar lo alcanzado por la Unidad —contando con la triple tenaza del celo revolucionario de sus fieles, el clientelismo hacia poblaciones vulnerables y la violencia—, no cesarán en su objetivo. Sabemos que el gobierno de Maduro puede apelar a los más oscuros expedientes en su obsesión por someter a toda la sociedad, evadiendo enfrentar a la población y su enorme descontento en elecciones libres. Sabemos también que esa ruta nos lleva a todos hacia el despeñadero impredecible de la violencia.

Le hermosa jornada de ayer, cuyo carácter simbólico es innegable, muestra a un importante sector de la sociedad resuelto a evitar la violencia hacia la que nos empuja el proyecto socialista. ¿Será suficiente esta expresión de esperanza cívica para reencauzar la vida republicana? ¿Podremos los venezolanos evitar el desastre? Estamos en la cuenta regresiva.

 

Guillermo Tell Aveledo | @GTAveledo
Doctor en Ciencias Políticas. Profesor en Estudios Políticos, Universidad Metropolitana, Caracas.