Argentina: ¿qué va a pasar en las próximas elecciones?

La pregunta resuena en diferentes ámbitos y crece día a día.

Mauricio Macri y Cristina Kirchner | Fotos: E. Fiuza/Agência Brasil y Casa Rosada, vía Wikicommons

Mauricio Macri y Cristina Kirchner | Fotos: E. Fiuza/Agência Brasil y Casa Rosada, vía Wikicommons

Sin preocuparse por indagar demasiado, el mercado parece abrir el paraguas para el peor de los escenarios posibles, y suma otra capa de incertidumbre. A esta altura, la incógnita es una demanda popular pero escasean los pronósticos que se atrevan a dar una respuesta segura.

Las últimas experiencias electorales nos enseñaron a ser precavidos. En 2009, meses antes de los comicios, se afirmaba que el peronismo «no podía perder» en la Provincia de Buenos Aires. Perdió. Hasta un año antes de las presidenciales de 2011 se auguraba que Cristina Kirchner no podría recuperarse y ser reelecta. Ganó con el 54%. Y en 2015, finalmente, se decía que era imposible que una tercera fuerza, de origen municipal, se instalara en la Casa Rosada.

Las inercias se rompen y la excepción pone a prueba la regla. Todos y cada uno de los días. Philip E. Tetlock, politólogo de la Universidad de Pensilvania, dedicó su carrera al estudio de este axioma. En sus investigaciones descubrió que, si los politólogos afirmaban que un resultado político era imposible, este resultado terminaba ocurriendo alrededor del 15% de las veces.

A la habitual dificultad para hacer pronósticos, se suma el hecho de que los principales candidatos cuentan con probabilidades similares de ser elegidos. Cualquier mínimo movimiento parece capaz de inclinar la balanza. Apenas terminó marzo y ya pasamos de «gana el gobierno en primera vuelta» a «vuelve CFK». En este país nadie se aburre.

El año empezó con un gobierno desencontrado con la opinión pública y tratando de doblegar a una economía que no da tregua. Ya hemos analizado la parada oficial; ahora nos toca echar un vistazo a la otra cara de la moneda. ¿Cómo se perfila la oposición al gobierno? ¿Cuáles son los liderazgos con mejor posicionamiento? ¿Están dadas las condiciones para que el kirchnerismo controle la sucesión de poder? ¿Puede emerger un candidato tapado o un outsider?

Es muy difícil pensar la carrera electoral argentina desde los partidos. Es que la dinámica oficialismo-oposición sigue siendo la que mejor ordena las preferencias y las antipatías. No hay un solo partido de oposición que aglomere a la mayoría descontenta con el gobierno; en cambio, tenemos dos espacios que pujan por representar a ese electorado.

La primera oposición es la representada por CFK. Además de sus credenciales como rival favorita del gobierno, la expresidenta cuenta con un piso electoral sólido, que según diferentes analistas rondaría entre el 25 y 35% de la intención de voto. Su espacio tiene tres componentes claves: 1) es propio de CFK; 2) es resistente, lo que garantiza que no habrá sobresaltos antes de octubre; y 3) le da una capacidad de negociación inmejorable frente al arco peronista.

El despliegue territorial del kirchnerismo le permite sentarse en todas las mesas de negociación provinciales con cartas propias. Tiene un sello partidario reconocido, potenciales candidatos y un nicho bien claro de votantes potenciales. A sus seguidores históricos se han sumado gobernadores e intendentes ávidos por renovar sus cargos, y que ven en Cristina a la candidata opositora con el mayor caudal de votos garantizados. Esto mismo la obliga a decidirse y jugar con los apretados tiempos de las elecciones locales.

¿Qué problemas tiene? Así como el kirchnerismo cuenta con una buena base de apoyo, también sufre un rechazo amplio e intenso. Esto podría jugar en contra, especialmente si hay otro candidato peronista que pueda disputarle parte de los votos. La evolución del rechazo es uno de los elementos claves para seguir de cara al balotaje. ¿Se lo podrá reducir, apelando a un discurso de reconciliación nacional? ¿O se jugarán todas las cartas a intensificar el rechazo al gobierno?

El otro espacio opositor relevante congrega familias diversas: peronismo no kirchnerista, socialismo, sectores independientes. Sus anhelos electorales se centran en el tercio de la sociedad argentina que se muestra disconforme con las dos principales opciones. Este sería el trampolín para llegar al balotaje, y capitalizar el handicap de rechazo con el que juega el rival, sea este Macri o CFK. ¿Qué posibilidades tienen de lograrlo? Lo cierto es que el famoso tercio descontento existe y aparece en los sondeos de opinión, pero el actual crisol de liderazgos no ha logrado conquistarlo. La dificultad es que, lejos de existir una demanda monolítica común, esa tercera franja es un archipiélago de demandas, que muchas veces son divergentes, o incluso contradictorias.

A medida que pasa el tiempo, la oposición empieza a ordenarse y las opciones se reducen. Los tropiezos del gobierno le han dado un nuevo incentivo para buscar la cohesión. El objetivo de ganar las elecciones, que parecía difícil y lejano, empieza a tener un contorno discernible. Las conversaciones opositoras apuntan a un programa minimalista: dejar de lado las diferencias ideológicas para reducir la dispersión y maximizar la presencia territorial.

Con coqueteos, proyectos en ciernes y candidaturas sin declarar, los distintos espacios miran a las elecciones con la misma incertidumbre que embarga a la sociedad en general. La diferencia es que la política aprendió a navegar en la indeterminación, en lugar de dispersarla. Esconder las cartas hasta el último momento posible parece la mejor estrategia para confundir las estrategias ajenas y cubrir las propias debilidades.

Esta jugada fructífera, en el plano político, no es la mejor para hacer pronósticos, y tampoco para dejar crecer las expectativas. Estamos tratando de comprender una obra incompleta, escribiendo el epílogo sobre un mantel. El riesgo, según lo definió el economista Frank Knight, es una situación a la que se le puede poner precio. La incertidumbre, por otra parte, es el riesgo difícil de medir, y que por lo tanto no tiene precio. Hoy la Argentina no tiene precio.