El domingo 13 de agosto la República Argentina volvió a las urnas. Esta vez en las elecciones primarias que seleccionaron a los representantes que se disputarán el cuerpo legislativo del país. Utilizando un sistema que funciona a dos tiempos, se celebraron las primarias abiertas simultáneas y obligatorias (PASO), que fueron pensadas para dirimir las querellas intrínsecas partidarias de cara a la sociedad.

Festejos en el búnker de Cambiemos la noche del domingo 13 de agosto | Foto del autor

Festejos en el búnker de Cambiemos la noche del domingo 13 de agosto | Foto del autor

Las PASO se han convertido en un instrumento que cumple la función de termómetro electoral: indican la tendencia del voto popular. Salvo contadas excepciones, en algunas fuerzas políticas menores o provincias como La Pampa o Santa Fe, el resto de los partidos no fueron a consulta interna y por tanto llevarán a la elección oficial una lista única de candidatos.

Cambiemos debutó en su primera elección como oficialismo nacional, disputando el complejo territorio de la provincia de Buenos Aires, equivalente al 40 % del padrón electoral. Allí, su representante Esteban Bulrich se enfrentó a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, quien lideraba el nuevo sector Unidad Ciudadana. La batalla contra la expresión más pura del kirchnerismo fue encabezada por la gobernadora de Cambiemos, María Eugenia Vidal.

¿Qué podemos decir de los resultados?

En primer lugar, Cambiemos logró arraigarse como una fuerza nacional en el interior del país. Un hecho que pocos esperaban. Sobre todo, porque los detractores del presidente Mauricio Macri sostenían que un «porteñito» —término peyorativo con el que lo catalogaban por ser parte de la elite económica de Buenos Aires— jamás lograría ganarle a la maquinaria electoral del peronismo, el Partido Justicialista (PJ). En los hechos, Cambiemos no solo es la primera fuerza electoral sino que desbancó de sus feudos a dirigencias históricas, como por ejemplo en La Pampa (donde un joven de tan solo 28 años le ganó al PJ y a la Unión Cívica Radical, UCR), San Luis (provincia gobernada por peronistas de la misma familia desde 1983) y Neuquén (región históricamente dominada por el neoperonista Movimiento Popular Neuquino). Un detalle de color, muy simbólico, es que por primera vez en más de dos décadas los Kirchner no fueron candidatos en su feudo, Santa Cruz, y además perdieron: Cambiemos los dobló en votos.

En segundo lugar, Cambiemos habría ganado por 6915 votos en la provincia de Buenos Aires. Quienes lo ven en perspectiva, sacan las siguientes conclusiones: por más que la diferencia sea casi inexistente, bastará tan solo un voto en octubre para ganar dos de los tres senadores. Ello implica que Cristina Kirchner será senadora, de un modo u otro, y que su fuerza ha quedado circunscripta únicamente a la provincia de Buenos Aires.

En tercer lugar, el Partido Justicialista sufre una crisis interna que lo licúa y corroe a medida que el kirchnerismo se apropia de su simbología para convertirla en parte de su relato. Tanto Sergio Massa como Florencia Randazzo son los grandes perdedores, con un termómetro que dice que ellos no tienen la fuerza suficiente como para ofrecer una alternativa válida de gobierno de acá al 2019. Los únicos casos desviados son Santa Fe y Salta. En la primera, el PJ y el kirchnerismo se mostraron unidos y se impusieron por un pequeño porcentaje: 0,64 %, que puede ser revertido en octubre, ya que Cambiemos habrá dirimido sus problemas internos con candidatos disidentes de la UCR. La segunda dio una gran victoria al gobernador Juan Manuel Urtubey, quien arrasó en las urnas. ¿Reside ahí la esperanza del PJ? Eso aún está por verse.

En cuarto y último lugar es imprescindible mencionar que, más allá del triunfo virtual de Cambiemos, las PASO no definieron absolutamente nada. Al fin y al cabo fueron todos ganadores, ya que la ronda electoral de octubre será la que delimite de forma efectiva a los ganadores y perdedores de la contienda nacional.

¿Cuál será el panorama posterior a octubre?

El oficialismo recibirá un espaldarazo de confianza de parte de la sociedad, que le permitirá salir victorioso en las elecciones. Sin embargo, ello no implica un camino sencillo. Cambiemos seguirá sin tener mayoría propia en ninguna de las dos Cámaras legislativas, lo cual lo fuerza a negociar todas y cada una de las leyes con el kirchnerismo y otras fuerzas menores como el PJ Federal, la izquierda y los renovadores.

Eso planteará una senda que no podrá ser otra que la del diálogo, el acuerdo, los pactos y la negociación. El gobierno deberá hacer gala de sus dotes diplomáticas para impulsar reformas necesarias para el desarrollo de la nación: impositiva, laboral, judicial y previsional. Sin ellas, la economía nunca crecerá de forma sana y constante para lograr un desarrollo ecuánime y equilibrado sostenible en el tiempo.

Estas PASO han servido para mostrarle al gobierno que, más allá de un triunfo que ronda el 40 % a nivel nacional, todavía hay un 60 % de la población que elige opciones diferentes a Cambiemos. En consecuencia, tiene la responsabilidad política e institucional de convocar a todas las fuerzas nacionales a un gran pacto de gobernabilidad. Es por eso que ayer no ganaron ni Mauricio Macri ni Cristina, ganó la democracia del diálogo y la libertad; es decir, ganamos todos.

 

Patricio Dellagiovanna | @pato_della
Coordinador del Centro de Estudios Internacionales (CEI) de la UCA, Juventud Cambiemos, delegado SRA