El debate presidencial en la Argentina: ¿un formato que marcará el rumbo del país?

Hace tres años, a partir de la iniciativa de una organización no gubernamental, el debate presidencial llegó al suelo argentino. El impacto que tuvo fue tal que finalmente devino en ley. A pocos meses de las próximas elecciones, cabe plantearse cómo logró instalarse en el país y cuáles serán los efectos de su incorporación.

El 4 de octubre de 2015, cinco de los seis candidatos presidenciales que superaron el piso de votos fijado para las elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias (PASO) se ubicaron detrás de sus atriles, dispuestos a dar a conocer y defender sus propuestas ante los votantes argentinos. El acontecimiento marcó un antes y un después en la historia del país.

A lo largo de 2015, la Comisión de Asuntos Constitucionales trató nueve proyectos y elaboró un predictamen que no llegó al recinto. Lo que no logró el Congreso de la Nación lo consiguió la sociedad civil: la primera transmisión de este formato se debió a la iniciativa de la organización no gubernamental Argentina Debate. Fundada en septiembre de 2014, estaba integrada por un grupo de jóvenes provenientes de empresas familiares nacionales y el Centro de Implementación de Políticas Públicas para la Equidad y el Crecimiento (CIPPEC).

Uno de sus primeros pasos fue la creación de un comité estratégico, compuesto por representantes de la vida pública y el sector privado, para definir los lineamientos de la puesta en marcha. En cambio, la toma de decisiones rápidas fue delegada a un comité ejecutivo. Paralelamente, se dialogó con organizaciones de la sociedad civil, centros de pensamiento e investigación, e instituciones académicas. De igual forma, se tuvo en cuenta a un conjunto representativo de los medios de comunicación nacionales.

Por un lado, la conversación con los sectores radial y televisivo apuntó a la generación de una señal abierta, que podría ser transmitida por cualquier medio de comunicación que la solicitara. Por el otro, a partir de los contenidos surgidos de los intercambios con las organizaciones de la sociedad civil y los medios escritos se establecieron los ejes temáticos: desarrollo económico y humano, educación e infancia, seguridad y derechos humanos y fortalecimiento democrático.

A lo largo de 2014, Argentina Debate se reunió con los aspirantes al cargo de presidente de la Nación y sus respectivos equipos. Durante esos encuentros no solo se revisaron trabajos de investigación sobre políticas públicas que podrían incluir en sus campañas, sino que también se les anunció la intención de que al año siguiente se llevara a cabo el primer debate presidencial.

Después del 9 de agosto de 2015, día en que tuvieron lugar las PASO, se retomaron las reuniones con los equipos de los candidatos que competirían en la primera vuelta. Es decir, Daniel Scioli (Frente para la Victoria), Mauricio Macri (Cambiemos), Sergio Massa (Unidos por una Nueva Alternativa), Margarita Stolbizer (Progresistas), Adolfo Rodríguez Saá (Compromiso Federal) y Nicolás del Caño (Frente de Izquierda y de los Trabajadores). Al mismo tiempo, se trabajó en las reglas que más tarde fueron trasladadas a un manual de estilo.

En un determinado momento, el equipo de campaña de Daniel Scioli dejó de asistir a estos compromisos. Su ausencia puso en riesgo la realización del evento, ya que la organización no tenía certeza de si algún canal lo transmitiría. Unos días antes de que tuviera lugar, América TV, Canal 26, Canal 13 de Río Cuarto y Canal 9 de Mendoza se comprometieron a hacerlo.

El primer debate presidencial alcanzó picos de quince puntos de rating y obtuvo cerca de medio millón de tuits con el hashtag #ArgentinaDebate. Los resultados de los comicios generales del 25 de octubre de 2015 forzaron a una segunda vuelta electoral. Como Daniel Scioli y Mauricio Macri se mostraron dispuestos a asistir a una nueva edición, se puso como fecha el 15 de noviembre de ese año. De este modo, Argentina Debate se volvió a reunir con sus equipos de campaña para adaptar el reglamento.

La sede, los bloques temáticos y los moderadores fueron los mismos. Más de ciento sesenta medios de televisión abierta, de cable y digital, señales internacionales, radios privadas y comunitarias y portales web se encargaron de transmitirlo. Fue cubierto por más de trescientos periodistas y llegó a cincuenta y nueve puntos de rating. De este modo, superó la audiencia de la final de la Copa Mundial de Fútbol de 2014.

A principios de noviembre de 2016, el proyecto que establecía la obligatoriedad de los debates entre los candidatos presidenciales que ganaran las elecciones primarias, obtuvo media sanción en el Senado de la Nación. Para finales de mes, se aprobó la ley 27337 en la Cámara de Diputados.

El 17 de abril de 2018, la Cámara Nacional Electoral firmó un convenio de colaboración con Argentina Debate. Allí se estableció que la organización estará a cargo de la elaboración del reglamento, la elección de los nombres, los días, los lugares, las temáticas, la dinámica, la duración y los sorteos previos. Asimismo, tendrá la facultad de reunirse con apoderados partidarios, representantes de los candidatos, medios de comunicación, autoridades universitarias y cualquier otra entidad pertinente. Luego, la Cámara considerará lo elaborado y podrá proponer modificaciones.

Teniendo en cuenta las repercusiones que tuvo la llegada de este formato al país, el escenario actual despierta varias incógnitas: ¿qué efectos puede tener su incorporación para la democracia?, ¿habrá cambios en el diseño de las campañas electorales?, ¿los resultados de las urnas se verán afectados por el desempeño de los políticos en estos eventos? Más allá de las hipótesis que se puedan elaborar, queda esperar unos meses para determinar con seguridad en qué medida el debate presidencial definirá el futuro de la Argentina.