El próximo 8 de abril más de 6 millones de ciudadanos húngaros están llamados a las urnas en unos comicios que prometen ser decisivos para el futuro del país y, en consecuencia, para la Unión Europea. Unas elecciones en las que el actual primer ministro Viktor Orbán, al que las encuestas otorgan un 40 % de los votos, parte como favorito frente a una oposición fuertemente dividida.

Viktor Orbán se perfila como vencedor de los comicios del 8 de abril con la defensa de un modelo de democracia iliberal | Foto: Partido Popular Europeo, vía Flickr

Viktor Orbán se perfila como vencedor de los comicios del 8 de abril con la defensa de un modelo de democracia iliberal | Foto: Partido Popular Europeo, vía Flickr

En las elecciones legislativas del próximo domingo los húngaros elegirán 199 diputados. Hungría cuenta con un sistema electoral mixto, que fue reformado por el propio Orbán en 2011 y prevé la elección de 106 diputados en pequeños distritos electorales uninominales y los 93 restantes en una circunscripción nacional única a partir de listas confeccionadas por los partidos. De los resultados finales sale elegido el primer ministro.

El modelo que defiende Orbán para Hungría es el de la democracia iliberal. Él mismo afirmó en 2014 que «el nuevo Estado que estamos construyendo es un Estado iliberal. No rechaza los valores fundamentales del liberalismo, pero no hace de esta ideología el elemento central de la organización del Estado». Hoy, la democracia iliberal está cerca de asentarse en un país plagado de corrupción y con los medios de comunicación y organizaciones sociales fuertemente controlados por el Gobierno.

En este contexto, la Alianza de Jóvenes Demócratas, Fidesz, partido de Orbán, articula su discurso sobre la crítica a la inmigración y a los refugiados, a los cuales vincula con el terrorismo, el auge de la criminalidad y la pérdida de identidad nacional. Orbán amenaza con que Hungría se llenará de refugiados si pierde las elecciones. Asimismo, identifica dos enemigos culpables de esta lacra: la Unión Europea y el multimillonario húngaro George Soros, dueño de la Universidad Centroeuropea (CEU), que Orbán intentó cerrar el año pasado. Por su parte, el resto de las formaciones políticas apenas han sacado a relucir el tema de la inmigración en la campaña, ni se han atrevido a criticar abiertamente las medidas de Orbán en este sentido, ya que en buena parte de la población es reacia a la inmigración.

El gran competidor de Fidesz en estos comicios es el Movimiento por una Hungría Mejor, Jobbik. Se trata de un partido nacionalista y fuertemente euroescéptico, que basa su ideario en el antiliberalismo, la xenofobia y el racismo, y que clama defender a los «verdaderos húngaros». Jobbik se situó como tercer partido en las elecciones europeas de 2009 y hoy ya es el segundo a nivel nacional. Las encuestas le otorgan en torno a un 18 % de los votos. La aparición de Jobbik en el escenario político, y su situación en la extrema derecha, explica también la progresiva radicalización del discurso de Fidesz para así retener todos los votos posibles.

El resto de la oposición se encuentra muy fragmentada y no es previsible que ninguna coalición pueda arrebatarle la mayoría a Fidesz. En tercer lugar estarían los socialistas, divididos entre el Partido Socialista Húngaro (MSZP) y la Coalición Democrática (DK). Les siguen los verdes, agrupados en los partidos Diálogo (Párbeszéd) y la Política puede ser Diferente (LMP). En último lugar aparecen los partidos Juntos (Együtt) y Momentum, creados a través de organizaciones civiles. Todos estos partidos identifican a Fidesz como su competidor y, unánimemente, prometen una vuelta a la democracia si ganan las elecciones.

A nivel europeo, no conviene olvidar que Fidesz pertenece al Partido Popular Europeo, PEE, un partido que defiende la democracia representativa liberal como modelo político. Las críticas de este partido hacia la política de Orbán han sido constantes, pero no van más allá de llamadas telefónicas o mensajes en Twitter. Y es que, aunque muchos critican la permisividad del PPE con el líder húngaro, Fidesz cuenta con 12 eurodiputados, lo que le permite al PPE tener una holgada diferencia con la Alianza de Socialistas y Demócratas.

El pulso de Orbán a la Unión Europea ha sido constante. En octubre de 2016 celebró un referéndum nacional —ilegal— sobre si la Unión Europea debería tener capacidad decisoria en la asignación de cuotas de refugiados. En abril de 2017 compareció en el Parlamento Europeo, donde fue criticado por su nueva ley educativa, las trabas impuestas a las ONG, su política contra la inmigración y el mencionado referéndum. Por su parte, Hungría ha ido tejiendo apoyos en países también contrarios a la política migratoria de la Unión Europea como Austria o Polonia, que comparte su misma visión y se ha convertido en su gran aliado dentro del club de los veintiocho.

En definitiva, la posible victoria de Fidesz en los comicios del 8 de abril puede legitimar la política de Orbán y conducir definitivamente a Hungría hacia una democracia iliberal. Esto no gusta en Bruselas, ya que se teme que este modelo pueda extenderse a otros países de Europa Central y del Este.

 

María Maseda Varela | @maria_masedav Estudiante del Doble Grado en Relaciones Internacionales y Traducción e Interpretación en la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE (Madrid). Becaria de la Fundación FAES