Las elecciones generales en Italia del pasado 4 de marzo han dejado un resultado claro, aunque no definitivo. También aquí se ha materializado una dinámica electoral que cuestiona el tradicional eje izquierda-derecha a favor de una contraposición entre europeístas y euroescépticos.

Matteo Salvini (La Lega) y Luigi Di Maio (Movimiento 5 Estrellas)

Matteo Salvini (La Lega) y Luigi Di Maio (Movimiento 5 Estrellas)

Ninguna coalición ha sido capaz de conseguir una mayoría de escaños suficiente para poder formar un gobierno en autonomía. Por esta razón, se harán necesarios pactos poselectorales en el Parlamento, bajo la supervisión del presidente de la Republica, Sergio Mattarella.

El problema que se plantea es cuáles pueden ser tales pactos. Las soluciones existen, pero no parecen fáciles de conseguir. La razón es que estas últimas elecciones reflejan la consolidación de una dinámica observable en otros países de la Unión Europea, por ejemplo en Francia: la crisis de la integración europea favorece el surgimiento de un nuevo cleavage electoral, capaz de atravesar las coaliciones y los partidos tradicionales según líneas que van más allá del eje izquierda-derecha. La nueva confrontación sería más bien entre globalistas y nacionalistas, es decir, entre los que quieren más integración europea y los que en cambio piden su ralentización. En este contexto, aparecen tres escenarios posibles.

En primer lugar, se podría conformar una coalición de europeístas, a través de un acuerdo de gran coalición entre la coalición más votada, la centroderecha de Matteo Salvini y Silvio Berlusconi, y el Partido Democrático de centroizquierda. Esta primera opción parece especialmente difícil. Por un lado, esta sería la opción favorita de Berlusconi, que en las últimas semanas habría dado garantías a los demás gobiernos europeos para el mantenimiento del compromiso europeísta en caso de victoria de la centroderecha. Por el otro, es altamente improbable que el europeísta Partido Democrático acepte un acuerdo poselectoral con una coalición que incluye a La Lega de Salvini, formación explícitamente critica de la Unión.

En segundo lugar, el movimiento político más votado, el Movimiento 5 Estrellas, está intentando convencer a varios sectores del Partido Democrático para que proporcione un apoyo externo que permita la formación de un gobierno liderado por Luigi Di Maio, joven líder del Movimiento. En estos últimos días, el mismo Di Maio está rebajando su retórica antieuropeísta, garantizando que el objetivo de su Movimiento no sería la salida de Italia de la Unión, sino una serie de reformas de las instituciones europeas. Esta opción podría ser facilitada por la situación de debilidad del Partido Democrático, que ha visto dimitir a su líder Matteo Renzi tras alcanzar tan solo un 18 % de los votos, su mínimo histórico. Sin embargo, el grupo dirigente del Partido considera demasiado arriesgado un acuerdo de gobierno con el Movimiento 5 Estrellas, desde su fundación muy crítico con la centroizquierda italiana y no muy confiable en términos de credenciales europeístas.

Por último, cabría la posibilidad de que se formase una coalición poselectoral de euroescépticos formada por La Lega de Matteo Salvini y el Movimiento 5 Estrellas de Luigi di Maio. Esta opción sería la más novedosa para la política italiana y europea, pero también la que contiene un mayor número de incógnitas. Varios sectores de la sociedad están presionando a La Lega y al Movimiento para que formen un gobierno propio. La razón es que juntos acaparan el 50 % de los votos de los italianos, lo cual le podría proporcionar una amplia legitimidad para gobernar. Sin embargo, esta opción no resulta de fácil actuación por, al menos, dos razones. En primer lugar, los dos movimientos representan a electorados en parte unidos por la crítica a Europa, pero también diferentes. Esto se puede observar viendo cómo La Lega consigue la gran mayoría de sus votos en el norte de Italia, mientras que el Movimiento se hace, fundamentalmente, con los votantes del sur. En segundo lugar, para poder llevar a cabo este tipo de gobierno La Lega debería romper la coalición de centroderecha con la que, junto a Forza Italia, se ha presentado a los electores.

A pesar de estas dificultades y de las promesas de Salvini de no romper los acuerdos con Forza Italia y la centroderecha, el pacto La Lega-5 Estrellas sigue siendo el que tiene mayor probabilidad de éxito. Ambos partidos comparten la crítica al manejo de la crisis por parte de la Unión Europea. Ambos piden unas reformas de las instituciones europeas que dejen más márgenes de maniobra al gobierno italiano en la gestión de la economía y de los migrantes. Además, la naturaleza relativamente posideológica de ambos podría permitirles formar un gobierno alrededor de algunas cuestiones específicas, por ejemplo, impuestos, pobreza y gestión de los flujos de refugiados. Sería este un intento populista por excelencia, es decir, basado en un discurso posideológico que intente reunir a los resentidos de vertientes ideológicas y territoriales diferentes (derecha-izquierda, sur-norte) pero mancomunadas por una crítica parecida a las instituciones europeas.

Sería un ejemplo más de ese nuevo nacionalismo que está caracterizando a varias democracias europeas. Después de cinco años de gobierno europeísta de centroizquierda, los italianos parecen preferir algo diferente. Tanto Salvini como Di Maio están en estos días prometiendo que, en caso de gobierno euroescéptico, Italia no saldría ni de la Unión Europea ni de la OTAN. Sin embargo, desde Bruselas se mandan señales de preocupación frente a una hipótesis de gobierno que podría dar alas a los movimientos euroescépticos de toda Europa, aumentar el aislacionismo de algunos países miembros y, en definitiva, ralentizar o paralizar la integración entre Estados europeos.

 

Andrea Betti | @AndreaBetti1909
Doctor en Relaciones Internacionales, Profesor de Relaciones Internacionales, Universidad Pontificia Comillas, ICAI-ICADE, Madrid