Las luchas políticas por el poder en Honduras son fratricidas y se espera una campaña electoral sucia, llena de acusaciones de un bando contra otro, incluyendo las denuncias de fraude el día de las elecciones.

Isla de Roatán | Foto: James Willamor, vía Flickr

El domingo 26 de noviembre de este año se celebrarán las elecciones generales en Honduras, donde se elegirán los 298 alcaldes de todo el país con sus respectivos regidores, los 128 diputados del Congreso Nacional, 20 diputados al Parlamento Centroamericano y el presidente de la República. Por lo tanto, el país se encuentra inmerso desde ya en una lucha por el poder y en la precampaña electoral.

Varios partidos con sus candidatos compiten por obtener la corona más preciada: la primera magistratura por un periodo de cuatro años. Tenemos en primer lugar al actual presidente de la República, el abogado Juan Orlando Hernández, del Partido Nacional, quien opta por la reelección, después de que una sentencia de la Sala Constitucional —muy cuestionada por la oposición— habilitó esta posibilidad, prohibida en la Constitución por un artículo pétreo.

En segundo lugar, el candidato de la alianza política entre los partidos Libertad y Refundación (LIBRE), de ideología comunista, y el Partido Innovación y Unidad (PINU) de ideología socialdemócrata: Salvador Nasralla. Es un ingeniero, comentador de noticias deportivas en televisión, que ya había competido en las elecciones pasadas, quedando de cuarto lugar.

En tercer lugar, el ingeniero Luis Zelaya, candidato del Partido Liberal, quien venía desempeñándose como rector de una universidad privada.

Luego hay varios candidatos sin posibilidades reales de triunfo, pero que añaden sal y pimienta a la sopa electoral. Entre ellos, el general Romeo Vásquez Velásquez (quien ordenó llevar al expresidente Mel Zelaya a Costa Rica, cuando fue defenestrado en el 2009), postulado por el partido Alianza Patriótica Hondureña; Lucas Aguilera, por el Partido Democracia Cristiana; Marlene Alvarenga, por el Partido Anticorrupción (fundado por Salvador Nasralla); Alfonso Díaz, por UD; Augusto Cruz Asencio, por el partido Vamos; Isaías Fonseca, por el Faper, y el único candidato independiente, René Bendaña.

En esta primera etapa, previa a la campaña electoral, las encuestas y los resultados de las elecciones primarias de los partidos principales indican que lleva la delantera, de manera sólida, el actual presidente conservador Juan Orlando Hernández, cuya obra de gobierno tiene una alta aceptación de la población hondureña. Las principales ofertas electorales del candidato oficialista son: seguir disminuyendo los índices de criminalidad, acabar con los cárteles de narcotráfico, seguir impulsando el desarrollo económico y social del país y convertir a Honduras en una potencia turística con pleno empleo.

Por su parte, el candidato de la izquierda chavista, Salvador Nasralla, después de haberse declarado, tiempo atrás, enemigo de los comunistas y conocérsele como un personaje de derecha, ahora mutó en defensor de la dictadura venezolana y del socialismo del siglo XXI, lo cual ha afectado su credibilidad y popularidad y no logra despegar en las encuestas.

Como una tercera vía entre la izquierda y la derecha se presenta el exrector Luis Zelaya, que ganó las primarias del Partido Liberal sin haber tenido una trayectoria partidista y presentándose como un outsider, quien pretende recuperar la grandeza que tuvo en otros tiempos ese partido. Pero luego comenzó con mal pie al pedir perdón a los seguidores de Mel Zelaya por los sucesos del 2009, tratando de que volvieran al partido del cual se escindieron; logró el efecto contrario, de que los michelettistas liberales —que tienen un peso significativo en el liberalismo hondureño— más bien dejaran de ver con buenos ojos su opción presidencial. Todo esto aunado a la falta de carisma y al desconocimiento que tiene la población de su figura política, el ingeniero Luis Zelaya no logra alzar vuelo tampoco en las encuestas.

El panorama electoral, hasta el momento, luce despejado para la reelección presidencial de Juan Orlando Hernández, quien se convertiría en el primer presidente de la era democrática en ser reelecto en el cargo por la voluntad popular, a pesar de las acusaciones de corrupción que le endilga la oposición al Partido Nacional, como por ejemplo el desfalco en el Instituto de los Seguros Sociales, que se dio en el gobierno nacionalista anterior.

Sin embargo, las luchas políticas por el poder en Honduras son fratricidas y se espera una campaña electoral sucia, llena de acusaciones de un bando contra otro, incluyendo las denuncias de fraude el día de las elecciones, como ya se empieza a visualizar.

 

Álvaro Albornoz
Venezolano-hondureño. Abogado. Magister Scientiarum en Derecho Administrativo. Doctor en Derecho Constitucional