La campaña electoral calienta motores en Uruguay

Situación política en el país sudamericano a falta de menos de un año del comienzo del ciclo electoral.

Torre Ejecutiva, en Montevideo, sede del Poder Ejecutivo | Foto: Marcelo Campi, vía Flickr

Torre Ejecutiva, en Montevideo, sede del Poder Ejecutivo | Foto: Marcelo Campi, vía Flickr

Las próximas elecciones en el Uruguay serán «las más reñidas de la historia». Así lo cree Lucía Topolansky, vicepresidenta de la República y esposa del expresidente José Pepe Mujica. Así lo creen muchos analistas políticos y las explicaciones son múltiples.

Cuando en el año 2020 el presidente Tabaré Vázquez le pase la banda presidencial a su sucesor, el Frente Amplio, la coalición de partidos de izquierda que gobierna el país, cumplirá 15 años en el poder. Se trata de un ciclo político particular, inédito en la historia reciente, entre otras cosas, porque lo ha hecho con mayorías parlamentarias absolutas. En buen romance, contó con todo el poder que otorga la democracia uruguaya: el Poder Ejecutivo y el Legislativo en sus manos.

Por primera vez en este ciclo, las encuestadoras empiezan a mostrar un desgaste marcado que sufre el oficialismo. Un ejemplo: en la encuesta de septiembre de 2018 de la consultora Equipos, la gestión del presidente era reprobada por un 52 % de la ciudadanía. Son las cifras más altas de desaprobación de los últimos 15 años, e incluso hay que remontarse al último gobierno del Partido Colorado, con Jorge Batlle en la Presidencia y en plena crisis del año 2002, para encontrar guarismos de este calibre.

Otro dato que refleja el desgaste que sufre el Frente Amplio es la comparación a un año previo de las elecciones de 2014, con el mismo lapso de tiempo para los comicios de 2019. Las principales encuestadoras mostraban que la adhesión al partido gobernante tenía un piso del 40 % en aquel momento. Hoy, ese piso cae al 30 %, aproximadamente.

La inseguridad es el tema que más preocupa a los uruguayos, que han visto crecer de manera alarmante todos los indicadores delictivos: en el último semestre los homicidios aumentaron un 66% y las rapiñas un 56%, según cifras oficiales del Ministerio del Interior. Por su parte, el desempleo se incrementó en 2017 y se ha transformado en otro factor de descontento.

A esto se suman las tarifas de los servicios públicos, como los combustibles o la electricidad, que son de las más caras del continente y el sector productivo reclama por una mayor competitividad. El costo de vida es una de las quejas constantes de los ciudadanos. Con la educación y la salud pública bajo la lupa por malos resultados y la aparición de varios casos de corrupción que, entre otras cosas, llevaron a la inédita renuncia del vicepresidente Raúl Sendic, se explica en gran medida el desgaste mencionado anteriormente.

A menos de un año para las elecciones internas, unas primarias no obligatorias, donde los electores de los partidos eligen quién será el candidato que competirá por la Presidencia, al Frente Amplio le ha costado encontrar representantes atractivos para salir a la cancha y esto se convirtió en un dolor de cabeza para sus dirigentes.

A sus 83 años, el expresidente José Mujica sigue siendo uno de los políticos más populares del país. Sin embargo, el veterano líder ha dicho más de una vez que no piensa en volver a ser candidato, argumentando que «está viejo y se viene una nueva era». En la coalición no tiene unanimidades: para muchos es el único que puede asegurarle una cuarta victoria consecutiva al oficialismo; para otros, es momento de que dé un paso al costado.

Sin Mujica ni Vázquez en la carrera electoral y con la declinación a candidatearse del actual ministro de Economía, Danilo Astori, los tres líderes históricos de la izquierda por primera vez no estarán en la primera línea de fuego y el partido gobernante debe apostar a la renovación.

Quien mejor marca en las encuestas dentro del Frente Amplio es el intendente de Montevideo, el ingeniero Daniel Martínez, del Partido Socialista. El jefe comunal fue presidente de la petrolera estatal Ancap, ministro de Industria en el último año del primer gobierno de Tabaré Vázquez y senador de la República.

De 61 años de edad, representa un liderazgo moderno. Pragmático en la gestión, alejado de discusiones ideológicas y moderado en sus posturas, capta un amplio radio del centro del espectro político. Es, además, de los pocos dirigentes oficialistas que logra simpatía por fuera de su partido. Cuenta con el apoyo de la mayoría de los partidos que conforman la coalición de izquierda, aunque no logró el respaldo del Movimiento de Participación Popular (MPP), el grupo electoral mayoritario del Frente Amplio, liderado por Pepe Mujica, que definió apoyar a Carolina Cosse, actual ministra de Industria. Entre ellos se dará la competencia más fuerte.

Los otros candidatos frentistas que disputarán la elección interna, pero sin demasiadas adhesiones, son Óscar Andrade, dirigente sindical de la construcción y miembro del Partido Comunista, y el ahora expresidente del Banco Central del Uruguay, el economista Mario Bergara.

La vereda de enfrente

¿Qué ocurre con la oposición política en el Uruguay? Si la mitad del electorado se ha volcado por el Frente Amplio en las elecciones de 2014, casi la otra mitad votó por partidos opositores. La cuestión radica en que es una oposición difuminada en por lo menos cinco colectividades políticas, que van de la extrema izquierda a la derecha, en distintas expresiones. No hubo, ni hay en la actualidad, un proyecto común que aglutine a las fuerzas opositoras, que han intentado en las instancias del balotaje votar unidas, sin lograr el éxito.

Según las encuestas, el único partido con chances de desplazar a la izquierda del gobierno es el Partido Nacional, uno de los más antiguos del mundo, con 180 años de vida y ubicado en el centroderecha del mapa político. Su caudal histórico de votantes ronda el 30 % del electorado, por lo que debe tejer alianzas si pretende acceder al gobierno.

La interna del partido blanco, como también se lo conoce, tiene dos liderazgos bien marcados: los de Luis Lacalle Pou y Jorge Larrañaga. El primero consiguió un sorpresivo triunfo frente al segundo en las internas de 2014. Perdió luego la elección nacional con Tabaré Vázquez. Hijo del expresidente Luis Alberto Lacalle, que gobernó entre 1990 y 1995, heredó gran parte de la estructura política de su padre pero pudo conformar un espacio más amplio dentro de su partido, algo que le permitió ser el líder opositor más votado. El presidente Vázquez lo señaló como su adversario político predilecto y la confrontación entre ambos ha sido constante en el último período. El senador, de 45 años de edad, tiene un discurso liberal, centrado en la eficiencia del Estado y en la apertura comercial. Según las encuestas, es el mejor posicionado para suceder a Vázquez. El segundo se presenta nuevamente a la elección interna buscando una oportunidad.

Además de Lacalle Pou y Larrañaga, otros competidores de la interna nacionalista son Verónica Alonso, actual senadora del partido, el intendente del departamento de Maldonado, Enrique Antía y Carlos Iafigliola, un militante activo contra el aborto. A la oferta blanca se suma el sorpresivo y enigmático multimillonario Juan Sartori, un outsider de la política que regresa a su país tras varios años en el exterior, desconocido para el gran público pero que ya generó un sacudón en el partido al lanzarse como precandidato.

El otro partido tradicional del Uruguay es el Colorado, fuerza que gobernó el país la mayor parte de su historia. La crisis económica de 2002 lo sacó del gobierno y lo dejó en su peor votación. Desde aquel momento, su adhesión en las urnas varió entre el 10 y el 17 % de los votos, relegado al tercer lugar de las preferencias. Nunca pudo recuperarse de aquella debacle y buscará en las próximas elecciones jugar un rol decisivo en la segunda vuelta. Generalmente, los partidos Blanco y Colorado han votado juntos en la instancia del balotaje.

Aunque aún niega que vaya a presentarse como precandidato colorado, el expresidente Julio María Sanguinetti (1985-1990 y 1995-2000), es quien mejor marca en las encuestas. Con él pasa algo similar a lo de Pepe Mujica: a sus 81 años ya se encontraba prácticamente retirado de la actividad política. Sin embargo, los buenos números en los sondeos, más el entusiasmo que genera en muchos colorados, hacen que haya comenzado una gira por todo el país. Cuando las empresas de opinión pública lo proponen como candidato, su partido sube cuatro o cinco puntos, llegando al 16 % de las preferencias. En su círculo más íntimo confían en que se lance al ruedo en 2019.

Otros candidatos colorados son el economista Ernesto Talvi y el senador José Amorín Batlle.

En la oposición política se encuentran también el Partido Independiente, un grupo de centroizquierda con dirigentes que se fueron desencantados del Frente Amplio. Tiene un senador y tres diputados. También opositor, pero de izquierda radical, es la Unidad Popular, otro grupo que abandonó en su momento al FA por entender que «traicionó» todos los postulados de la izquierda tradicional. Cuenta con un activo diputado. Sin representación parlamentaria, el Partido Ecologista Radical Intransigente (PERI) y el Partido de los Trabajadores (PT), intentarán aumentar sus caudales de votantes.

El Uruguay no escapa a la tendencia global de la aparición de outsiders, ni a la mala evaluación general que tiene la ciudadanía sobre los políticos tradicionales. Por eso, genera mucha incertidumbre la performance electoral que podría tener el novel Partido de la Gente, liderado por el millonario Edgardo Novick, que tiene un discurso confrontativo, antisistema y de mano dura con la delincuencia y la corrupción. Sin haber participado en las elecciones de 2014, cuenta con algunos legisladores que abandonaron los partidos Nacional y Colorado para unirse a la flamante organización. Novick tuvo una muy buena performance en las elecciones por el gobierno del departamento de Montevideo en 2015, cuando quedó en el segundo lugar de las preferencias.

La política es una de las grandes pasiones de los uruguayos, que tendrán en el 2019 un año de mucha intensidad y discusión rumbo a las urnas.