La imagen de Iván Duque

El gobierno de Iván Duque en Colombia tiene una estrategia alternativa de construcción de la imagen. Esto ofrece nuevas perspectivas de gobernabilidad y genera acercamientos a los jóvenes desde una instrumentalización de los imaginarios políticos.

Presidente Iván Duque | Foto: Casa de América, vía Flickr

Presidente Iván Duque | Foto: Casa de América, vía Flickr

La presidencia de Iván Duque en Colombia, en términos generales, no parece constituir un giro definitivo en la orientación de las políticas del país. Sin embargo, sí sugiere una transformación importante en la derecha tradicional y en su estrategia de comunicación política. Este gobierno materializa una estrategia de distribución del trabajo político que tiene gran capacidad de movilización.

Es claro que el gobierno de Iván Duque tiene dos niveles de trabajo, uno relativo al contenido político y otro relacionado con la gestión de la imagen del Ejecutivo. En el primer nivel, que refiere al contenido de las políticas, hay una orientación muy tradicional, donde las peticiones, continuismos, valores, redes e influencia de Álvaro Uribe y del partido Centro Democrático adquieren peso, definiendo líneas de acción claras desde el Congreso. Mientras, en el segundo nivel, el Ejecutivo, con la figura del presidente, trabaja en el centro con los asuntos ya tramitados desde el Congreso. Esta figura administrativa y conciliadora evita que el presidente se conecte con los asuntos ideológicos más polémicos dentro del partido.

Si bien el Ejecutivo tiene relaciones estrechas con la derecha tradicional en el Congreso, este se concentra en proyectar autonomía, una actitud conciliadora y un tipo de progresismo con el que los cuerpos juveniles pueden fácilmente identificarse. Esta imagen aprovecha la tradición presidencialista y evita que el presidente pueda ser identificado con la desprestigiada clase política.

En definitiva, la idea es modernizar y hacer parecer como progresista a un partido tradicional. La novedad de esto radica en el modo en que el gobierno de Duque lo está haciendo.

Podría decirse que Álvaro Uribe y el Centro Democrático como partido recuerdan la figura del padre estricto citada por Lakoff (1997) para hablar de la manera en que el republicanismo en Estados Unidos representa al Estado y al presidente. Según esta idea, el presidente es el padre de la nación, quien debe defenderla al tiempo que define verticalmente la moral y las creencias. De este modo, se encuentra implícita la creencia de que el Ejecutivo tiene un tipo de autoridad y responsabilidad moral en señalar qué está bien y qué está mal. Al tiempo, se presupone que el mundo es y será siempre un lugar peligroso y competitivo.

No obstante, esta imagen no parece ser la que proyecta Iván Duque; por el contrario, él se describe como un administrador conciliador de las diferentes posiciones involucradas. Esta posición recuerda a la figura del padre protector que, para Lakoff, expresa la visión demócrata del gobierno en relación con la nación en Estados Unidos. De acuerdo con esta imagen, se asume que el mundo no es lugar únicamente competitivo, sino que la cooperación está en su base y que es a través de la empatía y responsabilidad de la población que se pueden mejorar las condiciones de vida.

Estas dos formas de representar al Estado se han considerado tradicionalmente como antagónicas, pero, el gobierno de Iván Duque está construyendo una forma tal de hacer política que la figura del padre estricto ha domesticado a la del padre protector y, en la práctica, está instrumentalizando todas las ventajas que tiene esta última para atraer a actores jóvenes y a sujetos con esquemas más progresistas, así como conserva la estructura axiológica y cuerpo doctrinal tradicional del padre estricto. De esta manera, el carácter progresista se encuentra en la superficie, mientras en el contenido se trata de cierto continuismo político.

La pregunta radica en diferenciar el componente de las acciones presidenciales que estarían vinculadas con la proyección de la imagen del padre protector y de qué manera a través de ellas se está instrumentalizando la imagen progresista para legitimar elementos de la agenda tradicional. Una característica de esta estrategia es que hay ciertos rótulos que normalmente se les asignan a presidentes asociados con el esquema de padre estricto, y que no podrán ser asignados con tanta facilidad a Iván Duque, debido a que, en su imagen pública, él está desligado de ese grupo, aunque en la práctica seguramente deba ser consecuente con ellos. Esto logra entonces que su gobierno sea particularmente impermeable a las críticas que citan sus conexiones con uno u otro esquema, e invita a pensar en esquemas de rendición de cuentas que excedan el mero etiquetamiento de un sujeto político como uno que es inconveniente, en tanto cabe dentro de una imagen prototípicamente definida de lo tradicional o lo progresista.

 

Referencia:
Lakoff, G. (1997). Moral politics: What conservatives know that liberals don’t.