Las elecciones de noviembre dieron una sorpresiva adhesión al Frente Amplio. La DC sufrió una fuerte merma. El nuevo Congreso quedó conformado por tres bloques, cada uno con gran heterogeneidad interna: Chile Vamos, la Fuerza de la Mayoría y el Frente Amplio.

Sebastián Piñera, presidente electo de Chile 2017 | Foto: Wikicommons

Sebastián Piñera, presidente electo de Chile 2017 | Foto: Wikicommons

Quienes habían planteado la derechización del país producto de la modernización y el crecimiento parecían equivocados y, en su lugar, se habló entonces de una tendencia a contrapelo del giro a la derecha en América Latina. El neoliberalismo y la desprotección social habrían izquierdizado al electorado. Si Guillier conseguía los votos del FA sin enajenar a la ex-Concertación podría ganar. Una alta participación electoral beneficiaría a la centroizquierda mientras que una alta abstención daría el triunfo a Piñera.

Nada de eso ocurrió. La participación electoral aumentó del 46 % en primera vuelta al 49 % en segunda, añadiendo 300.000 nuevos votantes. Esos votos nuevos no fueron, sin embargo, para Guillier sino para Piñera.

El holgado triunfo de Sebastián Piñera en la presidencial podría explicarse por la división de la centroizquierda en tres grupos (DC, Fuerza de la Mayoría y Frente Amplio) donde solo uno se sentía representado por el candidato, y por la movilización de nuevos votantes de derecha estimulados por la amenaza del Frente Amplio y su éxito en primera vuelta.

Tanto en la desafección concertacionista con la candidatura de Guillier como en el temor que movilizó al voto apático de derecha puede haber influido una percepción de insuficiente capacidad para dirigir el país. El liderazgo de sociólogos y periodistas alienó a quienes ven a los economistas como los únicos capaces de diseñar e implementar políticas.

¿Significa esto que el electorado se ha derechizado? Sería simplista sacar esa conclusión. Hay que recordar que solo votó la mitad del padrón. La diferencia entre Piñera y Guillier fue de poco más de 635.000 votos sobre 14.300.000 personas con derecho a sufragio. Igual de liviano hubiese sido leer una izquierdización tras la primera vuelta.

Informes del PNUD y otros han mostrado que los chilenos valoran el crecimiento y creen en el esfuerzo individual y la meritocracia. Al mismo tiempo, son cada vez más quienes consideran injusto que la capacidad de pago determine la calidad de la educación o la salud a la que se puede acceder. Distintos estudios reflejan una creciente demanda por derechos sociales que no se condice con las instituciones actuales del país.

Los chilenos, seguramente, quieren crecimiento y consumo, pero también protección social en la vejez y en la enfermedad, así como un Estado que los proteja de los abusos. Ni izquierdización ni derechización, el electorado chileno no solo es diverso sino que tiene demandas y convicciones que no pueden reducirse a estereotipos dicotómicos. Quienes aspiran a obtener su confianza en las urnas tendrán que esforzarse más por entender esa complejidad.

 

Claudia Heiss | @claudiaheiss
Doctora en ciencia política. Profesora asistente del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile. Investigadora adjunta del Centro de Estudios de Conflicto y Cohesión Social