1968, el mayo francés y su legado

A medio siglo de uno de los años más intensos de la historia contemporánea.

Manuscrito del lema de mayo de 1968 en París: «Seamos realistas, pidamos lo imposible» | Fuente: WikiCommons.

Manuscrito del lema de mayo de 1968 en París: «Seamos realistas, pidamos lo imposible» | Fuente: WikiCommons.

Observado desde la distancia que proporcionan cincuenta años, mayo de 1968 parece un barco encallado en la costa de nuestro tiempo. La enorme movilización social protagonizada por estudiantes, obreros y grupos de intelectuales que se atrevieron a desafiar los valores de la sociedad de consumo, las diferencias de clase, el imperialismo y los límites a la libertad desde Francia, produce tanto nostalgia como desencanto, esperanza como desolación. Si bien las utopías se alimentan de ser eso, utopías, aún nos preguntamos si las causas que las producen nos siguen condenando, como a Sísifo, a trabajar en vano.

Para cualquier viajero que se haya atrevido a caminar París en libertad, al margen del turismo o de los laberintos de la rutina, las calles de esa ciudad aún albergan los ecos de la jornada. Recordemos que cerca de medio millón de personas se encontraban desempleadas en Francia, que la generación impulsada por el verano previo del amor en 1967 había desencadenado una ola contracultural de amplias dimensiones, sumada a las protestas por las guerras en Vietnam, Indochina y Argelia. Sin olvidar los ecos de la Revolución cubana y las guerras de guerrillas diseminadas en América Latina. Antes de revisar algunos otros detalles de mayo de 1968, no podemos dejar de repasar el año que lo contiene, de por sí un calendario lleno de particularidades irrepetibles.

1968

Estremecimiento. Con esta solitaria palabra se puede definir el agitado periodo que la humanidad atravesaba hace medio siglo y que en un año en particular, 1968, alcanzó visos escalofriantes. Como lo ha señalado el periodista y diplomático colombiano, Leopoldo Villar Borda, se trató de un año en el que tembló el mundo, y del que vale la pena recordar algunos de sus acontecimientos en clave occidental para intentar entender nuestro presente y proyectar el futuro.

1968 fue como el yin y el yang. Un año de revueltas sociales, magnicidios y acontecimientos políticos crudos, un calendario singularmente violento, pero en el que curiosamente la contracultura, el auge del movimiento hippie con su lema de paz y amor, así como la búsqueda de una conciencia humana compartida se expandían desde la juventud.

1968 fue el año en el que la Guerra de Vietnam entró en su fase más aguda, y a la vez en el que comenzó el declive de uno de los peores conflictos armados posteriores a la Segunda Guerra Mundial. Recordemos que a la postre la destrucción del país asiático fue casi completa y que simultáneamente Estados Unidos, una de las dos grandes potencias emergentes durante la guerra fría, sufriría su primera derrota militar.

1968 fue el año en el que ocurrió el magnicidio de Martin Luther King, ícono de la lucha por los derechos civiles y contra el racismo en el mundo. La muerte de este carismático pastor bautista, ocurrida el 4 de abril en Memphis (Estados Unidos), aún confronta la lucha pacífica por la libertad frente a la irracionalidad de la violencia.

1968 fue el año en el que, siguiendo una cruenta estela, fue asesinado el 6 de junio Robert Kennedy, hermano del inmolado líder, John F., cuando se dirigía a la presidencia.

1968 fue el año de la cínica invasión de la Unión Soviética a Checoslovaquia, que puso fin a la primavera de Praga el 20 de agosto, pero que contribuiría a desenmascarar el mito de la cortina de hierro. Claro está, medio siglo más tarde aún pululan algunos nostálgicos de la URSS para quienes jamás existieron los abusos en nombre del socialismo.

1968 fue el año de la matanza de Tlatelolco, ocurrida en Ciudad de México el 2 de octubre, cuando estudiantes y manifestantes que colmaban la plaza de las Tres Culturas fueron atacados por el ejército y la policía con el saldo de decenas de muertos. Cincuenta años más tarde podemos consensuar en que la alta polarización producida por el crecimiento de los grupos revolucionarios y guerrilleros en América Latina, sumada a la represión y las dictaduras, lamentablemente pusieron a miles de civiles en medio del fuego cruzado.

Mayo de 1968

1968 fue, claro está, el año del mayo francés, acaso la concreción del despertar de la sociedad civil, que juntó por igual a estudiantes, sindicalistas e intelectuales para cuestionar el sistema político. Si bien se pidió lo imposible y no hubo revolución, del sueño utópico quedó el legado de una de las movilizaciones políticas más importantes de la historia.

Dicha movilización, no obstante, no surgió en París sino en Nanterre, donde los estudiantes ya habían provocado en enero al ministro de Juventud y Deporte, François Missoffe, por no sintonizar con las problemáticas sexuales y cotidianas juveniles. Sobresalió el liderazgo de un estudiante de sociología de origen alemán, el hoy eurodiputado Daniel Cohn-Bendit, entonces de militancia anarquista. La violencia policial contra las manifestaciones desató una mayoritaria solidaridad, y las protestas se trasladaron a París hasta llegar a asediar las puertas del Eliseo, desencadenando la noche del 10 de mayo, conocida como noche de las barricadas, cuando miles de estudiantes entraron en conflicto con las autoridades.

Estos sucesos, además de provocar cientos de heridos, generarían una convocatoria masiva a la huelga, que llegó a sumar nueve millones de personas en todo el país, y puso a Charles de Gaulle, antiguo héroe de la patria, en el posible papel de villano. La reacción de De Gaulle fue contradictoria porque, si bien logró canalizar una reprobación al caos y el radicalismo, se presentó como un adversario a las ideas de izquierda por entonces tan populares, haciendo que saliera victorioso en las elecciones legislativas posteriores de junio, pero perdedor en el referéndum de 1969, que determinó el ocaso de su carrera política y de sus propuestas de reforma. Este desenlace sería uno de los quiebres de la Quinta República.

Más allá de 1968

A 2018, a poco de terminarse la segunda década del nuevo milenio y diez lustros más tarde, Saint-Germain-des-Prés, el Quartier Latin, la rebeldía de La Sorbona o la orilla izquierda del Sena, escenarios de mayo de 1968, sin bien mantienen su encanto han perdido parte de su prestigio. No solo fue el adoquinado que se echó a perder en las protestas, sino que la propia Francia no ha podido recuperar la importancia de antaño. París, como algunos ermitaños, quizá viva más del pasado que del presente, y por eso a cualquier millennial desprevenido le dirá poco la obra de Jean-Paul Sartre y Simone de Beauvoir, la figura de Juliette Gréco o el cine de Godard y Truffaut. ¿Acaso alguien aún se atreve a releer al azar los poemas de Prévert, o al menos peregrinar hasta la tumba de Jim Morrison en el cementerio de Père-Lachaise?

En un mundo amenazado no solo por el populismo y el desequilibrio, sino por la aparición de nuevos enemigos y desafíos como Estado Islámico, las armas químicas a gran escala o la destrucción del medioambiente, las motivaciones han cambiado en medio del choque de civilizaciones pronosticado por Samuel P. Huntington. Además de la persistencia del tráfico de sustancias ilícitas, la venta de armas o la pornografía. Formas de terrorismo que lamentablemente la propia Francia y París conocen de primera mano. A la díada derecha e izquierda que Norberto Bobbio caracterizó en una dicotomía sobreviviente a la caída del muro de Berlín, que tensa nuestras vidas en la ilusión de la igualdad frente al orden, mayo del 68, a secas, se nos propone como algo naif. Pero de eso se tratan también las utopías.

Finalicemos este sobrevuelo diciendo que, en medio de tantas tensiones, 1968 no solo fue el año en que The Beatles publicó su único y ecléctico disco doble, el Álbum Blanco, muy acorde con su época, sino que fue el año de la histórica visita del papa Pablo VI, la primera de un pontífice a América Latina, ocurrida en Colombia, desde donde se envió al mundo un mensaje de paz que aún merece ser escuchado.

 

José Alejandro Cepeda | @sinclair_simon_
Colombiano. Periodista y politólogo