Argentina: la polémica sigue

Diálogo Político ofrece a sus lectores dos posiciones frente al polémico proyecto de ley de aborto o interrupción voluntaria del embarazo votado en la Cámara de Diputados el pasado 15 de  junio de 2018 y que ahora está a consideración del Senado argentino.

 

Mi voto en contra 

Diputada Cornelia Schmidt Liermann

Diputada Cornelia Schmidt-Liermann

Fue una jornada de 23 horas de duración, donde debe destacarse que se han escuchado campanas y discursos de lo más disímiles pero siempre en el marco del respeto. Lo mismo ocurrió con las audiencias previas de los plenarios de las comisiones que se desarrollaron durante todo el mes de mayo. No deja de ser curioso, no obstante, que para el tratamiento de este proyecto se diga que nuestros partidos nos dejaban libertad de conciencia al momento de votar. Debo decir que yo siempre he votado a conciencia y jamás he acompañado una ley con la que no estuviera de acuerdo.

Nuestro primer deber en el tratamiento de una ley, y en especial en el de una tan delicada, es el de la honestidad. En este sentido, no puedo dejar de advertir que en el proyecto deliberadamente se omite referir a la vida del niño o niña por nacer. Y no es una omisión menor, sino una ausencia esencial, que no puede faltar en este debate. Las preguntas que debemos responder con coraje y honestidad son: ¿qué hemos de priorizar: el derecho a la vida o el de la mujer a interrumpir el embarazo? El primer derecho humano es a la vida. ¿Y qué vida hay más frágil, más indefensa y que necesite más protección que aquella que crece en el vientre materno?

No estamos frente a derechos encontrados, sino frente a derechos compatibles: el de las dos vidas. Y nuestro deber como legisladores es, en todo caso, proteger a ambas, acompañarlas, darles contención, herramientas, futuro.

Dije al comenzar que es una situación delicada, y sería muy necia si desconociera la terrible realidad de miles de mujeres que, por diversas circunstancias, se encuentran en la tristísima y angustiante posición de tener que cuestionarse si seguir adelante con un embarazo o abortar. Por algo el clamor de la ola verde. Hay muchos conciudadanos que se han manifestado públicamente a favor de la sanción de esta ley y es sin dudas un asunto al que atender.

Todo ello nos lleva necesariamente a pensar qué clase de sociedad es la que queremos para Argentina. No podemos reducir un debate de esta magnitud a una rivalidad entre verdes y celestes, como si fuese un Boca-River, sino empezar a trabajar sobre todas aquellas cuestiones que la ley que obtuvo media sanción no aborda y son cultural y socialmente trascendentes.

Pero forzaríamos nuestro ordenamiento jurídico si insistiéramos en la existencia de un derecho al aborto. Se trata de derechos humanos. Derecho a la vida y derecho a la salud. Y con base en este que, en caso excepcionalísimo, podríamos priorizar una vida por sobre otra. Casos que, así como los de las aberrantes violaciones, ya están contemplados en nuestra legislación.

Debemos, sí, trabajar mucho más enérgicamente en la educación sexual, en la prevención de embarazos no deseados y también en el acompañamiento de las mujeres, brindándoles información y alternativas en un marco de contención frente a la tragedia de tener que decidir si continuar o no con un embarazo. Es en esta tarea donde debemos ahondar y poner nuestros mayores esfuerzos.

Porque tristemente, de aprobarse esta ley, la mujer que está cursando un embarazo en soledad y en situación de vulnerabilidad seguirá quedando desamparada. No se contempla, por ejemplo, la obligatoriedad de una consejería previa a la práctica abortiva. Las menores de 16 años, cuyos embarazos indeseados suelen ser producto de abusos intrafamiliares, quizás deban recurrir a esa trágica alternativa bajo la tutela de los mismos abusadores, y luego de eso no harán más que volver al ciclo de su propio infierno. En determinadas circunstancias, además, el aborto podrá practicarse hasta el último mes de embarazo. El proyecto que se debatió en la Cámara de Diputados deja desamparada a la mujer que pasa por la tragedia de un embarazo no deseado. Y también deja desamparado, definitivamente, al niño por nacer.

Pongámosle fin a la hipocresía y hablemos con honestidad, pongamos sobre la mesa todas estas problemáticas que el proyecto en cuestión pasa por alto. La legalización del aborto conlleva a su naturalización. Una vez más, llamo a la reflexión sobre qué sociedad queremos. ¿Queremos naturalizar el descarte de aquel que no puede defenderse?

La vida de un hijo siempre, siempre, nos cambia radicalmente, nos interpela, nos arrolla, nos llena y modifica para siempre. Sentirse discriminadas, o incapaces de llevar adelante el embarazo, por encontrarse solas, por no sentirse en condiciones, por no querer o por la razón que fuere no puede ser motivo para deshacerse de una vida. Se trata de humanizar el proceso que deben transitar madre e hijo: intentar que la mujer se conecte con la vida que late en su vientre. La solución de un problema jamás puede ser la no solución.

Hemos dado en Diputados una discusión que Europa encaró hace 40 años; me resisto a pensar que no podamos tener soluciones superadoras. ¿Queremos ser una sociedad de vanguardia? Entonces pongámonos a trabajar hacia el real empoderamiento de las mujeres, que falazmente se asocia con la legalización del aborto. El real empoderamiento, la verdadera igualdad de género, se va a dar cuando esas mujeres puedan sustentarse económicamente, cuando puedan contar con un marco laboral flexible que les permita conciliar la maternidad con el trabajo y el desarrollo profesional, con estructuras acordes que simplifiquen los procesos de adopción, con una sociedad contenedora que no las enfrente con la necesidad de optar. Tendremos un país de vanguardia cuando cuidemos de manera integral a la familia, el trabajo, las mujeres y a todos los ciudadanos argentinos, cuando cuidemos todas las vidas.

 

Mi voto a favor 

Diputado Waldo Wolff

Diputado Waldo Wolff

Antes de decidir mi postura respecto a la votación, me hice muchas preguntas.

La primera fue si es que estoy en contra o a favor de la interrupción voluntaria del embarazo. La respuesta que encontré, basada en mis valores y en mis acciones, fue que estoy en contra de esa interrupción. Nunca la promoví, ni la sugerí.

Una vez respondido esto, me pregunté cuál era el eje en torno al cual estábamos basando esta votación. ¿Mantener las cosas como están contribuye a que se disminuya el número de interrupciones de embarazo? La respuesta es no. No conozco ni una mujer que dijera que no lo haría por el hecho de ser legal.

¿Con esta ley estamos promoviendo la interrupción del embarazo como método anticonceptivo? La respuesta también fue negativa. No conozco mujer que vaya a utilizar este accionar, tan traumático y difícil, como forma de prevenir la gestación de un hijo.

Me pregunté además si esta ley va a permitir a una mujer interrumpir la gestación de una vida. La respuesta es negativa: una mujer actualmente puede decidir, amparada por la ley vigente, si desea interrumpir un embarazo producto de una violación.

Aprobada esta ley, dejaremos de ser los “comisarios de la ética” que instrumentan normativas que condenan a quienes desean interrumpir su embarazo producto de relaciones que si fueron consentidas.

No tenemos que abogarnos el rol de “jueces morales” y condenar a quienes cayeron en la supuesta inmoralidad de dar consentimiento a sus voluntades a la hora de tener relaciones. Ya no castigaremos a quien sí quiso tener relaciones y ellas serán tratadas igual a las que no. Ellas lo resolverán a función de sus valores y no a función de los nuestros.

¿Con la aprobación de esta ley estamos yendo en contra de promover la información, la educación sexual y la toma de conciencia de nuestras responsabilidades? La respuesta también es no.

¿Tengo derecho a decirle a una mujer, quien colocó mal su diafragma, a quien se le perforó un preservativo o a quien su ginecólogo le colocó mal un DIU, que condicione su libertad o su planificación personal a los valores de los integrantes de esta cámara? Otra vez la respuesta es no.

De tanto pensar, se me ocurrió en último momento preguntar a cuanta persona conozco si, en caso de que su hija, ahijada, vecina o su pareja le dijera que acaba de interrumpir voluntariamente su embarazo, la llevaría a la comisaría más cercana a entregarla por haber infringido la ley. La respuesta fue siempre fue no, indudable, culposa y sinceramente no.

Con esta respuesta llegué a la última pregunta, dirigida para quienes consideran que abortar es un asesinato: si la mayoría de nosotros no haría nunca una denuncia, ¿no seríamos todos cómplices de las ilegalidades que vimos, silenciamos y consentimos?

Si esta ley se aprueba hoy, como lo espero, lamentablemente el día de mañana va a haber la misma cantidad de interrupciones que hay hoy. Pero serán a la luz del día, sin que las mujeres pasen vergüenza, van a ser con control médico y con control a los médicos, ya no será un negocio para los que juegan con la vergüenza de la sociedad, será sin que los legisladores nos transformemos en un tribunal moral con respecto de quien da o no su consentimiento a la hora de tener sexo, va a ser sin que mintamos que no conocemos a nadie y que no sabemos dónde se hacen.

Lo más importante es que, si se aprueba, Argentina será un país con menos hipocresía.

(Extractos de la justificación de voto en la Cámara de Diputados)