América Latina presenta el mayor porcentaje de homicidios cometidos con arma de fuego, 36 % de todos los crímenes del mundo. ¿Cuáles son los factores que inciden para que este continente presente tan nefasto panorama?

El 36 % de los homicidios con arma de fuego de todo el mundo se cometen en América Latina

El 36 % de los homicidios con arma de fuego de todo el mundo se cometen en América Latina | Foto: pixabay.com

¿Cómo explicar que en países como El Salvador haya hoy más casos de muertes violentas que los que se dieron durante la guerra civil que vivió ese país en los años ochenta y noventa? Este país concentra solo el 13,6 % de la población de Centroamérica pero acumula el 35,3 % del total de homicidios en la región, ¡uno de cada tres homicidios en 2015!

Si echamos mano a los estudios de paz y a la definición de los distintos tipos de violencia, podemos encontrar algunas causas. La más evidente: la violencia estructural. Hay un vínculo innegable entre violencia y subdesarrollo. «Los países con amplias disparidades de ingresos tienen cuatro veces más probabilidades de ser afectados por delitos violentos que las sociedades más equitativas. Por el contrario, el crecimiento económico contribuye a evitar los crímenes violentos, como se ha comprobado en los últimos 15 años en América del Sur. La delincuencia crónica es al mismo tiempo causa y consecuencia de la pobreza, la inseguridad y el subdesarrollo. La delincuencia disminuye las posibilidades de negocios, erosiona el capital humano y desestabiliza la sociedad» (UNODC, Global Study on Homicide 2011.)

A esto debemos sumarle el acelerado proceso de urbanización que vive el continente. América Latina es la región más urbanizada del mundo en desarrollo. Dos tercios de la población latinoamericana vive en ciudades de 20.000 habitantes o más y casi un 80% en zonas urbanas (CEPAL, Perspectivas de urbanización mundial: Revisión 2007). Si bien este fenómeno puede verse con optimismo, implica grandes dificultades; la más contundente es señalada por UNODC cuando en su informe de 2011 afirma: «los homicidios también son más frecuentes en las ciudades, donde se cometen tres veces más asesinatos que en las zonas menos pobladas».

¿Qué clase de ciudades estamos construyendo? ¿Acaso la sola aglomeración de personas eleva los porcentajes? ¿O es que las formas de vida son cada vez más excluyentes y violentas? ¿Qué tanta eficacia tiene el muro de un barrio cerrado cuando a pocos metros existen villas sin siquiera acceso a servicios básicos? ¿Los muros de verdad nos protegen? ¿O solo ocultan lo que no queremos ver?

Un agravante más: la impunidad. La tasa de condenas a nivel global ronda los 43 criminales condenados por cada 100 víctimas de homicidio doloso; sin embargo, en el desglose por región, apenas 24 criminales por cada 100 víctimas es condenado en América Latina.

Finalmente, y para agregar una variable más en la compleja reflexión sobre esta realidad, es importante resaltar el factor político. Al parecer, a las democracias consolidadas les va mejor en la tarea de reducir la violencia. No es casualidad que los tres países ocupantes de los primeros lugares en el Índice de Desarrollo Democrático 2015 hayan alcanzado ese año niveles de paz superiores al resto del continente: Uruguay, Costa Rica y Chile. Para reforzar esta afirmación es importante mencionar que luego de El Salvador (cuya democracia es joven y frágil), el segundo país con mayor violencia es Venezuela, en donde se está viviendo una profunda crisis democrática.

La tarea de revertir esta situación es ardua, compleja e integral, desde lo económico hasta lo político, y demanda significativos esfuerzos conjuntos a nivel regional. Llevados de manera aislada, estos esfuerzos no tendrán resultados contundentes. Combatir la violencia con más armas es un parche que cada vez cuesta más y cubre menos.

 
Christa Rivas Caballero | @RivasChrista
Paraguaya. Actualmente becaria de la Fundación Konrad Adenauer. Miembro de la Red Humanista por Latinoamérica