Los países de América Latina deben tener cuidado de los riesgos en cuanto a corrupción y estabilidad política que implica un acercamiento económico más estrecho con la República Popular de China.

La propuesta más importante de la administración Trump con respecto a América Latina ha consistido en la construcción de un muro que separe a Estados Unidos de México. Esa es una gran señal de la importancia que este nuevo gobierno va a darle a los asuntos políticos y económicos de América Latina, indicando que su presencia va a empezar a reducirse, lo cual ha abierto las puertas para que nuevos actores ocupen el lugar que hasta el momento había ocupado Estados Unidos.

El mejor candidato es China. Durante los últimos años el país asiático ha aumentado su oferta de productos financieros hacia América Latina, pasando de una oferta inexistente en 2006 a más de 20,000 millones de dólares en 2016, de acuerdo a datos del centro de pensamiento The Inter-American Dialogue. Por el lado del comercio, los datos muestran que las exportaciones de América Latina hacia China se han incrementado desde 2014, aprovechando el aumento en el tamaño de la clase media del país asiático y su permanente demanda por materias primas. Esta nueva cercanía económica, y la posibilidad de su fortalecimiento en el corto plazo, es considerado una razón para celebrar por parte de los gobierno latinoamericanos. Sin embargo, la lógica del comercio y de oferta de productos financieros por parte de China es distinta a la de Estados Unidos, y sus efectos políticos y económicos pueden ser poco deseados por parte de los países latinoamericanos.

El ejemplo de los países africanos es un buen referente para calcular los riesgos a los que se exponen los países latinoamericanos. Se ha podido comprobar que el aumento en materia de oferta financiera y en cooperación para el desarrollo económico por parte de China ha intensificado la intensidad del conflicto interno en los países que más se han beneficiado de esa cercanía. Asimismo, se ha podido apreciar un deterioro en la calidad institucional de dichos países: se ha reducido la capacidad de controlar la corrupción, y el monopolio de la fuerza y la estabilidad política del gobierno se han visto reducidos.

Con el fin de evitar este tipo de consecuencias poco deseadas, los países latinoamericanos deben prepararse para recibir una mayor atención por parte de China. Hasta el momento los países que han recibido una mayor cantidad de ayuda para el desarrollo y oferta financiera son aquellos que ya cuentan con un ambiente institucional poco robusto: los que tienen una menor capacidad para controlar la corrupción y los que tienen un menor nivel de estabilidad política, de acuerdo a la base de The Worldwide Governance Indicators. Esto sugiere que los países que se van a empezar a acercar a China son los que en el pasado han hecho grandes esfuerzos encaminados a fortalecer el ambiente institucional, ganando réditos políticos y económicos. Las acciones que se deben tomar en materia de política pública para evitar que estos beneficios se pierdan tienen que ver con el fortalecimiento de la capacidad institucional para el control de la corrupción, con el aumento en la capacidad de garantizar la seguridad de quienes habitan en su territorio, y, en especial, el fortalecimiento de los mecanismos de participación ciudadana.

 

PhD Ralf J. Leiteritz

Profesor titular y director de la escuela doctoral en la Facultad de Ciencia Política, Gobierno, y Relaciones Internacionales de la Universidad del Rosario en Bogotá