Controlar la educación, el sueño de la tiranía

El valor de la educación como derecho humano se contrapone a la imposición de una visión única de la historia con fines políticos. La democracia es necesariamente plural, por tanto, también la educación.

Salón de clases escolar | Foto: Oswaldo Vásquez

Salón de clases escolar | Foto: Oswaldo Vásquez

El escritor francés Houellebecq narra en su novela Sumisión una situación política ficticia, en la cual el Partido Socialista, ante la amenaza de una victoria de Marine Le Pen, decide aliarse con un grupo político denominado la Hermandad Musulmana. El jefe de este movimiento, Mohammed Ben Abbes, un político hábil e inteligente, en definitiva vence en la contienda electoral como consecuencia de su alianza con los socialistas.

Mientras los socialistas y el grupo de Ben Abbes negociaban su pacto político, el astuto musulmán pidió el Ministerio de Educación y dejó de lado el interés por los demás ministerios. Le interesaba el control del sistema educativo porque era la manera más eficiente de incrustar sus dogmas en las nuevas generaciones y de esa manera someterlos a perpetuidad.

Esta novela de Houellebecq muestra que el cambio trascendental de una sociedad pasa por el sistema educativo. A través de la educación se puede dar un salto hacia adelante o hacia atrás. La cultura política se define por medio de los programas educativos que se imparten a los ciudadanos.

Esta asociación de ideas es interesante en el contexto del sistema educativo venezolano, que presenta dificultades y limitaciones de difícil superación por los efectos y causas de orden sociopolítico, en los cuales entra en juego la más compleja forma de la vida social del país.

El aspecto más resaltable es que el sistema educativo se encuentra totalmente degradado debido a políticas desacertadas e improvisadas que cambian según el gobierno de turno, agravado en el presente, con la consecuencia de una baja calidad del producto y la detracción de la imagen del educador.

Este sistema educativo se centra principalmente a las coberturas cuantitativas; e incluso ahí también se han activado las alarmas por los indicadores en rojo que señalan que miles de niños y jóvenes han abandonado este año las aulas de escuelas, liceos y universidades por factores relacionados con la crisis económica. Se estima que de 12.734.000 casi 9.931.000 asisten a un centro de enseñanza.

Uno de ellos es José, un niño caraqueño de 9 años que se acuesta sin comer, pero al llegar a la escuela titubea sobre el porqué de su hambre. La crítica de su mamá al gobierno contradice lo que lee en el texto obligatorio que le dieron en su escuela pública nacional. A diario se encuentra con un dibujo colorido del extinto presidente Chávez, junto al líder de la Independencia, Simón Bolívar con la frase «Tenemos Patria».

José lee a diario en su texto que Venezuela es un país pujante y revolucionario. Sin embargo, muy contrariado vuelve a casa y escucha en la televisión nacional declaraciones de cualquier vocero oficialista diciendo que el desarrollo del pueblo venezolano en los últimos 15 años se debe a la cooperación cubana. Así es difícil fomentar sentido crítico.

Lo anterior es el reflejo educativo del exagerado culto a Simón Bolívar, que estimula la adoración al héroe de la Independencia en lugar de fomentar el sentido crítico sobre los hechos históricos. Cada vez más se exagera la historia militar y el socialismo, poniendo en segundo plano la historia anterior, la época colonial, en la cual se forjó la base de nuestra identidad.

En la Venezuela de hoy, la educación promueve al estudiante aunque no haya cumplido los logros establecidos para cada grado. Tenemos escasez de profesores especializados y, en lugar de incentivar el ejercicio de la profesión docente, la solución es reducir dramáticamente el número de horas de aula, con más formación para el trabajo y menos para el estudio catedrático, un esfuerzo del régimen para guiar a millones de José hacia la ignorancia.

En este contexto de empobrecimiento general las barreras de acceso a la educación afectan a todo el espectro social, manteniendo las brechas sociales de siempre. Es tan dramático que en el último año se ha incrementado la irregularidad de la asistencia escolar por falta de comida en el hogar, y en el quintil social más pobre, tres de cada cuatro niños dejan de ir a la escuela alguna vez por falta de comida.

Hoy las escuelas que imparten merienda escolar son privilegiadas, los niños van primero a comer y luego a educarse; lamentablemente el sistema escolar deja a los millones de José sin la preparación para seguir progresando, hecho que compromete seriamente el futuro de estos niños.

A diferencia del cubano, el venezolano no se ha amansado; pero si no despertamos, con los años veremos los efectos de estas prácticas en niños como José y en las venideras generaciones. Debemos reflexionar sobre qué se está enseñando, instruyendo y educando, y cómo lo estamos haciendo.

Todos los tiranos lo han tenido claro, todo ha sido para controlar la educación y evitar que los ciudadanos seamos libres, sino más bien obedientes súbditos y obreros útiles al sistema.

Urge un cambio educativo, pero los cambios no se decretan sino que se construyen con el compromiso, disposición y voluntad de todos, si actuamos con hidalguía y sin personalismos, entendiendo que solo a través de un modelo educativo sin ideologización y basado en la calidad del aprendizaje podremos dar un salto hacia adelante. Porque el mañana es hoy.

 

Eduardo Rengifo