Democracia en América Latina: tendencias, desafíos y oportunidades

Conceptos que antes pensábamos solo nuestros, como populismo o democracias iliberales, son utilizados para describir la situación en muchos países del norte. Frente a estos desafíos, América Latina tiene los propios. En nuestros países ni los mercados, ni las instituciones, ni los sistemas de orden público se caracterizan por la eficiencia y el universalismo.

Hasta hace poco tiempo los problemas de América Latina eran vistos a través de los anteojos de los países desarrollados. Básicamente hacíamos inventarios de nuestras carencias, de lo que tendríamos que avanzar para alcanzar lo que idealizábamos como democracias plenas.

Hoy en día la situación se barajó. Conceptos que antes pensábamos solo nuestros, como populismo o democracias iliberales, son utilizados para describir la situación en muchos países del norte. Ciertamente, la forma en que se presenta tiene características nacionales, pero la crisis actual de la democracia tiene aspectos globales. Me concentraré en algunos aspectos más generales sin poder entrar en las características específicas que asume en nuestra región.

Las democracias hoy enfrentan cinco grandes desafíos y cuatro enigmas, los cuales, si no surgen respuestas creativas, colocarán en riesgo el proyecto democrático.

El primero son las relaciones entre democracia y capitalismo. Sabemos que el capitalismo es el único modo de producción en sociedades modernas donde floreció la democracia. Pero también sabemos que no es una relación automática ni naturalmente armónica. Por el contrario, las expectativas igualitarias de la democracia exigen formas de regulación pública que limiten la desigualdad social y sociedades donde el poder económico extrapola su esfera de actuación puede llevar a plutocracias. Las varias formas de liberalismo social o socialismo liberal, que produjeron ejemplos virtuosos de desarrollo capitalista inclusivo, están en crisis, y el horizonte se muestra nublado.

El segundo es la relación entre democracia y nacionalismo/globalización. El diseño de la democracia fue realizado para Estados nacionales, donde partidos compiten en torno a programas diferentes. El espacio de la acción de los partidos en el campo económico se ha estrechado enormemente. Quedó el campo simbólico, de grupos identitarios en el campo progresista, con un fuerte componente cosmopolita, frente a los cuales hoy se contraponen las identidades nacionales, con coloraciones nacionalistas y a veces religiosas. El resurgimiento del nacionalismo xenófobo coloca en riesgo no solo las instituciones democráticas sino también el papel de las instituciones internacionales. Debemos ser capaces de colocar a la nación nuevamente en el mapa del pensamiento democrático, superando un cosmopolitismo insensible a las realidades nacionales.

El tercer desafío es la relación entre democracia y nuevas tecnologías. Esto incluye desde la colonización de las redes sociales por las fake news, la destrucción del espacio público por una cultura de burbujas, el declive relativo de la prensa colonizada por especialistas de la comunicación que usan sistemas sofisticados de bancos de datos y técnicas psicológicas que alimentan la polarización, con mensajes que demonizan el opositor. Igualmente, y quizás un tema más preocupante aún, el control de corazones, mentes y la organización de la vida social por el uso de instrumentos de inteligencia artificial que permiten la concentración de información sobre la vida de cada individuo, que tienen el potencial de transformar en amantes principiantes las viejas formas de totalitarismo.

El cuarto desafío es el de incluir el valor de la preservación del medioambiente como un componente central del pensamiento y la acción democrática. Esto incluye el pensar tanto los modelos de sociedades nacionales como de instituciones internacionales.

En quinto lugar se encuentra la relación entre democracia y geopolítica. La transferencia del eje de poder mundial a Asia, y particularmente a China, debilita el impacto y la capacidad de diseminación del modelo democrático. La democracia no se expande por automatismo, ella depende de que sea promovida por países con capacidad para hacerlo.

Frente a estos desafíos, América Latina tiene los propios. La región se está quedando cada vez más rezagada en la competitividad económica y tecnológica mundial, sus instituciones democráticas son más débiles y enfrenta problemas de seguridad pública que alimentan discursos autoritarios. En nuestros países, ni los mercados ni las instituciones ni los sistemas de orden público se caracterizan por la eficiencia y la universalización.

No se trata de caer ni en un pesimismo paralizante ni en un optimismo ingenuo. Pero sí de reconocer de frente los problemas y avanzar con respuestas realistas.

 

Publicado en el portal en el portal Análisis Latino, de CADAL, el 18 de marzo de 2019.