Democracia: vivir en ruptura

Aplicar la regla de las mayorías (respetando a las minorías), proceder a una efectiva tutela judicial de las libertades, los derechos fundamentales y los derechos humanos, preservar la división de poderes y respetar el imperio de la ley. Democracia. Principios esenciales al proyecto de civilización. Pero, ¿es esto todo? Alexis de Tocqueville añadiría el triunfo de la libertad sobre la servidumbre, del conocimiento sobre la barbarie y de la prosperidad sobre la miseria. ¿Y ya está?

Democracia!

Para un demócrata de inspiración cristiana, sin duda, se trata de lineamientos imprescindibles. Pero no suficientes. Y menos en este momento de la historia. Medio siglo ha transcurrido desde que el 21 de noviembre de 1968 Aldo Moro presentó al Consejo Nacional de la Democracia Cristiana su política para los nuevos tiempos tras dejar la presidencia del Consejo de Ministros. Fue entonces cuando sostuvo que democracia significaba fraternidad. Significaba hacer del Estado, no el tutor de los privilegios, sino justamente el primer garante de la justicia y de la interdependencia entre los seres humanos. Significaba acompañar con humildad, pero también con determinación, la profunda transformación de la historia que denota la venida de una nueva civilización. Significaba liderar la historia a través de la esperanza, la ilusión y la compasión.

Gilbert Dru

Gilbert Dru

Hace ahora 75 años pasaba a la clandestinidad el estudiante de Letras Gilbert Dru, uno de los jóvenes líderes de la Resistencia, democristiano e impulsor del Movimiento Republicano de Liberación que, transformado en el Movimiento Republicano Popular de resistentes como Georges Bidault y Robert Schuman, habría de contribuir decisivamente a la construcción de Europa. Pero, antes de iniciar una existencia que habría de concluir con su detención por la Gestapo y su asesinato en la Place Bellecour de Lyon el 27 de julio de 1944, redactaba un Manifiesto en el que llamaba a los cristianos resistentes a la fundación de un nuevo movimiento democrático que correspondía «a una primacía del estilo sobre la doctrina, de la manera de ser y de actuar sobre las razones de ser y actuar, de la fe, del entusiasmo, del don de ser uno mismo».

Gilbert Dru llamaba a los demócratas de inspiración cristiana a vivir como creadores de una nueva humanidad y, como tales, a vivir en ruptura con toda forma de egoísmo o de individualismo. Con la pasión de quien, como Jorge Guillén, aplaude cada amanecer la salida del sol sabiendo que aplaude el latido de su propio corazón.