Venezuela está experimentando una profunda crisis económica y política, de resultado incierto. La incapacidad del gobierno populista de izquierda de utilizar su riqueza en petróleo y gas para el desarrollo del país es una de las causas. Venezuela amenaza con caer en una política energética sin sentido que acarreará graves consecuencias para las futuras generaciones.

Refinería de Amuay, Venezuela | Foto: Luisovalles, vía Wikicommons

La riqueza de recursos como modelo político

Venezuela posee las mayores reservas de petróleo y gas sin explotar del mundo. Para el gobierno socialista de Hugo Chávez y Nicolás Maduro, la riqueza de recursos propicia una favorable situación política ya que ayuda a comprar el apoyo del público con regalos de bienestar selectivos. Los ingresos de la compañía petrolera Petróleos de Venezuela S. A. (PDVSA), ya casi totalmente nacionalizada, debe cubrir una parte creciente de los gastos del Gobierno.

Hasta ahora no se había necesitado ni una política económica de incentivos para el sector privado ni un sistema económico diversificado.

En política exterior, los acuerdos de exportación de petróleo de Petrocaribe garantizan unas condiciones particularmente favorables con países del Caribe y Centroamérica como Cuba, Nicaragua, Jamaica o República Dominicana.

Estos países resultan socios fiables cuando se trata de cumplir los intereses venezolanos, especialmente dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA). A esto se suma la relación especial entre Venezuela y Estados Unidos. A pesar de la violenta retórica antiestadounidense del Gobierno venezolano, Estados Unidos sigue siendo el principal socio comercial de Venezuela.

Por otra parte, Estados Unidos sigue siendo uno de los principales compradores de petróleo venezolano. En los últimos años, China también se ha posicionado como uno de los principales clientes del país caribeño en el mercado petrolífero. El intercambio de préstamos para el petróleo ha demostrado que es un «buen» negocio para ambas partes.

La inflación del petróleo y la pérdida de poder como potencia regional

Hoy en día, la política del modelo económico de la riqueza de recursos ha erosionado en Venezuela. Apenas pasa un día sin protestas sangrientas. Los bajos precios del petróleo a nivel mundial, la mala gestión constante en la industria petrolera venezolana y la pérdida de personal competente reducen la producción de petróleo y los ingresos del Gobierno.

Por otro lado, el Gobierno está replegando cada vez más esfuerzos para luchar contra la recesión en el país y pacificar a otras elites políticamente compatibles.

La energía se convierte así en un bien escaso que solo está disponible unas pocas horas al día. Enfermedades simples no pueden ser tratadas debido a la falta de medicamentos y antibióticos. Un rescate en forma de subida de los precios del petróleo no está en el horizonte.

La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), de la cual Venezuela es miembro fundador, podría, a pesar de iniciativas recientes como el programa de reducción de su producción, no poner en marcha ninguna medida efectiva para reducir la producción mundial de petróleo.

Estados como Jamaica y República Dominicana han sido rescatados del acuerdo de Petrocaribe. Venezuela necesita dinero desesperadamente. Como consecuencia, la política exterior regional ha perdido una gran relevancia.

El anuncio de retirada de la OEA y la exclusión del Mercosur reflejan claramente la pérdida de significado de la política regional.

Petróleo venezolano «made in America»

Las relaciones comerciales en materia de energía entre Estados Unidos y Venezuela también están cambiando dramáticamente. En primer lugar, el volumen comercial ha disminuido y, en segundo, los volúmenes de importación y exportación de petróleo se han reubicado.

Así, Venezuela es rica en petróleo pero se enfrenta a una escasez de gasolina. El punto de esto es que el petróleo venezolano no puede utilizarse fácilmente, ya que necesita un tratamiento complicado para poder ser procesado. Sin embargo, el retraso en la modernización de las refinerías venezolanas lo impide. El procesamiento del petróleo venezolano debe hacerse fuera del país o a través de la importación de petróleo ligero de Estados Unidos. Por tanto, Estados Unidos desempeña un papel primordial, ya que la compañía PDVSA opera en ese país con refinerías asociadas. Además, el costo de importación de petróleo ligero de Estados Unidos suele ser muy bajo debido a la proximidad geográfica.

Por tanto, se ha llegado a la paradójica situación en la que Venezuela se ve obligada a importar petróleo procesado de Estados Unidos para poder exportar el suyo propio.

Los crecientes riesgos de incumplimiento por parte de Venezuela también han llevado a PDVSA a poner sus refinerías en Estados Unidos como garantía. Así, Venezuela depende cada vez más en términos económico-energéticos de Estados Unidos.

China, la hermana «paciente»

Para Venezuela, China es hoy uno de sus socios financieros más importantes. Sin los préstamos chinos, que ya suman más de 60.000 millones de dólares, Venezuela sería insolvente. A cambio, Venezuela envía petróleo a China, lo que permite a las empresas de este país llevar a cabo proyectos de infraestructura.

Las inversiones y préstamos chinos en el sector energético latinoamericano suman miles de millones de dólares entre 2005 y 2016:

  • Venezuela: 55,0
  • Brasil: 34,3
  • Ecuador: 6,1
  • Argentina: 2,7
  • Bolivia: 1,1
  • México: 1,0
  • Total: 100,2

Para China, Venezuela es también un socio importante pero no el más relevante. Sin embargo, los créditos a este país ya han alcanzado un volumen tan considerable que han agotado la «paciencia» de China, que ya ha enviado representantes no oficiales para conversar con la oposición sobre posibles reembolsos.

Existe una clara señal de que China considera que un postsocialismo para Venezuela es posible y los recientes retrasos en las entregas de petróleo podrían haber sido un alerta en ese sentido. No está claro hasta dónde llegará la paciencia de China con Venezuela. Ya se puede observar que sus inversiones en el país caribeño están disminuyendo.

China mantiene una constante colaboración y lealtad con Venezuela en temas de política exterior como, por ejemplo, en la cuestión de Taiwán. Sin embargo, en el contexto económico, China tiene que seguir unos criterios. Por tanto, si se ve en la obligación, tendrá que tomar medidas para proteger sus préstamos e inversiones.

Poco para el futuro

Venezuela no ha sido capaz de generar ganancias para el bienestar a largo plazo de su población a partir de su gran riqueza en petróleo. Los gobiernos populistas de izquierda no han sabido explotar el valor político y económico de la riqueza petrolera de Venezuela.

Por otra parte, la mirada hacia el futuro, en el caso de que haya cambios políticos, no parece muy positiva. En América Latina, y en el mundo en general, el panorama político-energético ha cambiado drásticamente. Las energías renovables van económicamente en aumento.

Las posibles inversiones en la industria energética venezolana se llevarían a cabo en un entorno competitivo mucho más fuerte, sobre todo desde que China realiza una importante inversión a largo plazo en los recursos energéticos de Venezuela. Además, las posibles inversiones deberían ser de un tamaño que probablemente no está disponible. El Gobierno venezolano ha llevado a cabo una política energética tan irrelevante que ha dejado un mal legado para las generaciones futuras.

 

 

Dr. Christian Hübner
Director del Programa Regional Seguridad Energética y Cambio Climático en América Latina, de la Fundación Konrad Adenauer

Traducción de Castellar Granados
Practicante en la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo

 

Nota publicada originalmente en The Huffington Post, 14.6.2017.