El desafío político de la juventud en Chile

La participación política es el sostén de una democracia; la pregunta es qué tipo de participación. Cuando lo vemos desde el punto de vista de la participación electoral, la situación en Chile es preocupante para el sistema político.

«El cambio no está en la moneda sino en las grandes alamedas»

«El cambio no está en La Moneda, sino en las grandes alamedas»

Hoy en día, los jóvenes tienen mayor confianza en las redes sociales y en las organizaciones sociales que en los partidos políticos (Moreira, 2010). Los jóvenes parecen estar completamente ajenos a la vida política y mostrar un claro desinterés por la participación política tradicional (votar o participar en un partido político).

En Chile, los jóvenes entre 18 y 24 años son los más ausentes en las urnas, sobre todo a partir del año 2012 con el voto voluntario (Contreras y Morales, 2014). Su participación en las elecciones y en los partidos políticos es inferior a la participación de los adultos e incluso inferior a las generaciones de jóvenes de los años noventa (Morales, 2011). Sin embargo, es posible observar que mientras la participación política tradicional disminuye, formas menos institucionales de participación aumentan. Los jóvenes parecen estar informados y tener preocupaciones sociales y políticas pero las aplican de una forma diferente (Dalton, 2016).

Los jóvenes hacen el esfuerzo de contactar directamente a los políticos, trabajan en grupos sociales y políticos en sus comunidades y hacen activismo por internet (Andersson, 2017). Por otra parte, participan más de movimientos sociales que se han caracterizado por una alta aprobación social y una gran capacidad para influir en el proceso de toma de decisiones (Silva, 2015). La paradoja de los movimientos sociales actuales es que aparecen en un contexto económico de crecimiento y de estabilidad política. Esto se debe a que los movimientos sociales ya no responden a demandas sociales concretas, sino que son más bien una crítica al modelo político y económico en el país y por eso se los reconoce como movimientos ciudadanos (Tarrow, 2004).

Este cambio en el comportamiento político de los jóvenes se explica por una nueva conceptualización que hoy en día estos tienen de la ciudadanía. ¿Qué significa ser un buen ciudadano? Claramente la respuesta a esta pregunta no es la misma que aquella que darían los jóvenes en los años noventa.

La globalización, la tecnología, los mayores niveles de educación y el acceso a la información han provocado un cambio, y ya el ser ciudadano no tiene el mismo significado que tenía antes (Inglehart, 1997). Es así como Norris (1999) explica que esto se debe al crecimiento de un ciudadano crítico, que defiende los valores democráticos y que está dispuesto a exigir más derechos. En este sentido está involucrado políticamente y busca más y mejor democracia a través de formas innovadoras de participación, a diferencia del ciudadano cooperador que se basa en los deberes establecidos por la sociedad.

Asimismo, la literatura reconoce en las sociedades modernas una tercera visión de ciudadanía, que reconoce el ciudadano escéptico, quien también es crítico pero con la percepción de que las cosas no pueden cambiar. El caso particular de Chile muestra precisamente este fenómeno: un ciudadano crítico que aumenta históricamente desde los años noventa, particularmente entre los jóvenes. La figura 1 muestra las proporciones de estas tres visiones de ciudadanía en Chile, comparando adultos y jóvenes (entre 18 y 29 años).


Figura 1. Proporción de tipos de ciudadanos en comparación jóvenes y adultos

Fuente: Elaboración propia a partir de los datos de World Value Survey 2013.

El gráfico es claro en mostrar que los jóvenes no necesariamente son más críticos con el sistema político. Los adultos pueden ser incluso aún más críticos, pero la mayor proporción de ciudadanos críticos hace que la confianza en que el sistema puede cambiar esté mucho más presente entre los jóvenes chilenos. Esto representa un claro desafío para el sistema político chileno, particularmente a nivel de la democracia representativa. El ciudadano crítico exige nuevos espacios de participación política y una mayor influencia en los espacios de toma de decisión. ¿Cómo hacen frente los partidos políticos a este nuevo ciudadano y cómo construimos espacios de participación política para todos? Estas y otras preguntas son las que hacen de la situación actual de Chile un punto de inflexión en la historia democrática del país y de la región.

Referencias

Andersson, Erik (2017). «Young People’s Political Participation: A Public Pedagogy Challenge at the Municipal Level». Young, vol. 26, n.º 2, pp. 1-17.

Contreras, Gonzalo, y Morales, Mauricio (2014). «Jóvenes y participación electoral en Chile 1989-2013. Analizando el efecto del voto voluntario», Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, Niñez y Juventud, vol. 12, n.º 2, pp. 597-615.

Dalton, Russell (2016). The good citizen. How Younger Generation is Reshaping American Politics. 2.ª ed. California: Congressional Quarterly Press.

Inglehart, Ronald (1997). Modernization and Postmodernization: Cultural, Economic, and Political Change in 43 Societies. Princeton: Princeton University Press.

Morales, Mauricio (2011). «Identificación partidaria y crisis de representación. América Latina en perspectiva comparada». Revista de Ciencias Sociales, vol. 17, n.º 4, pp. 583-597.

Moreira, Carlos (2010). «Movimientos populares y luchas sociales en Uruguay. Interseções, vol. 12, n.º 2, pp. 283-300.

Norris, Pippa (1999). Critical Citizen. Oxford: Oxford University Press.

Silva, Eduardo (2015). «Social Movements, Protest, and Policy», European Review of Latin American and Caribbean Studies, n.º 100, pp. 27-39.

Tarrow, Sidney (2004). El poder en movimiento: los movimientos sociales, la acción colectiva y la política. Madrid: Alianza.

 

Camila Carvallo | @camicarvallo
Psicóloga y cientista política. Estudiante de doctorado en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica