El desordenado mundo de Donald Trump

Desde la llegada al poder de Donald Trump, un modelo de política exterior de orientación antiglobalista expresa una nueva visión del escenario internacional. ¿Caso aislado o tendencia global?

PresidenteDonal Trump | Foto: The White House, vía Flickr

PresidenteDonal Trump | Foto: The White House, vía Flickr

A continuación, algunas claves para entender el giro de Estados Unidos.

Dentro de las distintas tradiciones de la política exterior norteamericana retratadas por Walter Russel Mead, la de Donald Trump podría ser calificada como jacksoniana. Andrew Jackson ha sido considerado como el primer presidente populista de Estados Unidos (1829-1837), con un discurso cargado de retórica nacionalista que podría compararse con el America First de Donald Trump. Los jacksonianos creen que la política exterior debe subyugarse a la política interna y no buscar deliberadamente la hegemonía en el escenario internacional, sino más bien concentrarse en el bienestar económico de sus ciudadanos.

En esta misma línea, Trump se declara además en contra de la ideología globalista que estuvo presente en el escenario internacional desde la caída del muro de Berlín, y se posiciona como un defensor acérrimo de la tradición y la cultura de cada país. En uno de sus discursos ante la Asamblea General de Naciones Unidas, el presidente norteamericano criticó fuertemente a instituciones internacionales como la Corte Penal Internacional, e incluso cuestionó implícitamente a la ONU.

Sin embargo, esta tendencia antiglobalista o iliberal no es un fenómeno únicamente estadounidense, sino que también ha cobrado gran fuerza en algunos países europeos como Polonia, Italia, Hungría o Eslovenia, llegando incluso a alcanzar el poder. Asimismo, estos planteamientos han inspirado ideológicamente al brexit y se han convertido en la tendencia dominante en los partidos de extrema derecha que preocupan, entre otros, a Francia, Austria, Suecia y Alemania.

Todo líder internacional posee una determinada visión de cómo debería ser el mundo. El orden internacional al que aspira Trump podría definirse como iliberal y antiglobalista, algo que resulta una reacción ante los avances de la globalización y el liberalismo económico de los últimos 25 años.

La estrategia liberal, planteada por Estados Unidos desde 1945, pretendía lograr un orden internacional basado en reglas y administrado por una serie de instituciones multilaterales encargadas de garantizar el libre comercio y la movilidad de bienes, servicios y personas. Así, los Estados nacionales de los años 1940 se transformaron progresivamente en democracias multiculturales que irían cediendo su soberanía en algunos aspectos a las instituciones internacionales.

No obstante, el mundo trumpiano es muy distinto a este. No hay un verdadero interés por exportar la democracia y mucho menos los valores liberales. Se puede identificar una defensa irrestricta de la soberanía nacional por encima de las instituciones internacionales y una reivindicación de las identidades, el patriotismo y los valores locales en contraposición al multiculturalismo. En términos económicos, un mundo mucho más proteccionista, que restringe el comercio internacional y busca impulsar la producción local.

Pero esta tendencia no constituye solo una visión aislada de un líder político muy particular como lo es Donald Trump, sino que conforma una nueva forma de entender el mundo, hija de la crisis financiera de 2008 y cada vez más extendida en Europa. ¿Cuál será su alcance real? Por lo pronto, ya está haciendo tambalear las bases mismas de la Unión Europea y del orden internacional tal y como lo conocemos.