El regreso del nacionalismo

El nacionalismo vuelve a estar en auge en el mundo cuando se pensaba que era una ideología superada. Antes de criticarlo resulta esencial comprender las raíces profundas de su resurgimiento y dar respuestas políticas que hagan posible un nacionalismo liberal e inclusivo.

Hasta hace unos años parecía que el globalismo había llegado para quedarse como una forma de superación del Estado nación. La Europa sin fronteras era el ejemplo a imitar y la integración económica, comercial y cultural estaban en alza. La misma palabra nacionalismo generaba incluso connotaciones negativas.

Sin embargo, ante la incredulidad de la elite política, económica y mediática comenzaron a darse situaciones que pusieron en jaque esta idea. El brexit, la victoria de Donald Trump en Estados Unidos, el crecimiento del Frente Nacional en Francia y el surgimiento de partidos abiertamente nacionalistas y anti-UE en casi todos los países de la Unión han puesto al nacionalismo en el centro de la escena. Otra vez.

Lo que vemos como el auge del nacionalismo es más bien una necesidad de una parte de la población de reafirmar la propia identidad frente a los cambios frenéticos que nos presenta el mundo globalizado.

Si un ciudadano norteamericano puede almorzar comida árabe, mirar una película francesa, llamar a su novia latina usando su smartphone coreano y luego conducir a casa en su coche japonés mientras escucha música en español y viste con marcas de ropa italianas que fabrican en Vietnam, entonces ¿cuál es la identidad norteamericana? ¿Qué tiene en común esa persona con su bisabuelo que nació a principios de siglo?

Algunos responderán que efectivamente se compone de todas esas cosas, y que las identidades nacionales, al igual que la cultura, no son estáticas. Pero muchos otros no estarán de acuerdo y buscarán recuperar la identidad perdida refugiándose en partidos o agrupaciones políticas que canalicen su reclamo. Especialmente cuando estos partidos, en contextos de crisis, argumentan que sus problemas se deben a los inmigrantes y a la economía abierta.

Esto explica en parte por qué en Europa y Estados Unidos hemos asistido al auge del nacionalismo xenófobo, y generalmente asociado a la extrema derecha que ve a los inmigrantes como amenazas a la estabilidad económica y a la seguridad nacional. Además, esto no es únicamente una cuestión de las democracias occidentales. En estos momentos, India está experimentando un fervor nacionalista impulsado por el partido de gobierno, BJP, al igual que China y Japón en menor medida.

Atento a esta disyuntiva, y a su contexto político interno, Emanuel Macron argumentó en noviembre pasado que «el nacionalismo es la traición del patriotismo», entendiendo este último como el sentimiento de afecto de las personas por su tierra, sea natal o adoptiva.

Más allá del nombre que utilicemos, el nacionalismo no debe girar alrededor de la dicotomía ellos o nosotros, sino más bien ellos con nosotros o sencillamente nosotros, complementándonos y obteniendo lo mejor de cada quien. Esto se ve claramente en sociedades acostumbradas históricamente a recibir migrantes. Al fin y al cabo, es la diversidad la que enriquece a la nación.

¿Un nuevo nacionalismo desde América Latina?

En América Latina, el nacionalismo tiende a estar asociado al antiimperialismo y, a diferencia de lo que sucede en otras partes del mundo, a lo que llamaríamos la izquierda. Este subtipo de nacionalismo es igual o tan negativo como el xenófobo, por la sencilla razón de que ambos son expresiones egoístas que se concentran en las cuestiones negativas del otro más que en pregonar el afecto y respeto hacia la historia y la cultura del propio país.

En el último periodo también hemos visto algunos actos asociados a un nacionalismo antiinmigratorio. En sectores de Costa Rica y México se han visto protestas contra migrantes del resto de Centroamérica y en el norte de Brasil ha sucedido algo similar con los venezolanos. Como consecuencia, Jair Bolsonaro anunció que Brasil abandonaría el pacto migratorio de las Naciones Unidas.

Para evitar estas expresiones, la cuestión no está en combatir el nacionalismo —sea antiimperialista o xenófobo—, ya que esto solo provoca una disputa ideológica innecesaria. Lo que se debe promover es una versión inclusiva y liberal de la nación, algo para nada incompatible. El surgimiento mismo del nacionalismo está atado al liberalismo.

La tradición multicultural de los países de la región abre una ventana de oportunidad hacia un nacionalismo liberal, inclusivo y abierto al mundo. Líderes incluso muy diversos en cuanto a ideología política se encuentran ante el interesante desafío de demostrar al mundo que nacionalismo y liberalismo no son cuestiones incompatibles.

 

Bibliografía

Tamir, Yael (2019). Building a Better Nationalism: The Nation’s Place in a Globalized World. Foreign Affairs Magazine, marzo-abril.

Snyder, Jack (2019). The Broken Bargain: How Nationalism Came Back. Foreign Affairs Magazine, marzo-abril.