Hace un mes, el 4 de abril de 2017, fallecía el reconocido politólogo italiano.

Giovanni Sartori

Giovanni Sartori en Santiago de Chile (2007) | Foto: José A.
Cepeda

2009 fue un año de relativos balances: la primera década del nuevo milenio se esfumaba y, a pesar de la incertidumbre sobre el futuro, lo único claro era que el siglo XX había quedado atrás. Y con ello, poco a poco, también ciertas figuras intelectuales, aunque algunas mantenían su leyenda. Tuve la oportunidad de conocer a uno de ellos, Giovanni Sartori, el mejor politólogo de su generación. Fue en Santiago de Chile, en pleno invierno austral, cuando se celebró, acorde con el paso del tiempo, el XXI Congreso Mundial de la Asociación Internacional de Ciencia Política (IPSA).

Debo admitir que los encuentros de ciencias sociales ya se me hacían predecibles, porque suelen enfrentar a una indeterminada cantidad de intelectuales consagrados o en formación con sus respectivos egos, mientras se despachan ingentes raciones de café. IPSA no fue la excepción, y tuve muchas ganas de evadir el evento y salir a la calle, pues quería percibir los cambios respecto a 1987 cuando, en pleno arrebato adolescente, había estado en Chile durante el último tramo de la dictadura.

Por allí andaba Sartori, el maestro italiano, además de uno de sus grandes alumnos, Leonardo Morlino. Opté al menos por saludar y fotografiarme con Morlino —de quien he trabajado sus aportes al estudio de la calidad de la democracia— y, por más dudas que me produce un lugar con sobredosis de eruditos, asistir a la lectura Karl Deutsch Award del experimentado profesor.

Sartori disertó sobre el fenómeno globalizador y el estado de la ciencia política. Estas son algunas de sus posturas, filtradas en valiosas obras como Parties and Party System. A Framework for Analysis (1976), La política. Lógica y método en las ciencias sociales (1979), Ingeniería constitucional comparada (1994), Homo Videns. La sociedad teledirigida (1997), La democracia en 30 lecciones (2008) o en sus incisivas columnas del periódico Corriere della Sera.

  • Para valorar la democracia (como forma de gobierno y como ideal) debemos comprender su origen y funcionamiento.
  • Sin claridad conceptual es difícil entendernos en la vida diaria, pero más en las ciencias.
  • Los valores centrales de la democracia, en contraste con la violencia del terrorismo y los fanatismos, siguen siendo la libertad y el pluralismo.
  • La ciencia política exige un fuerte conocimiento teórico, pero empíricamente es aplicable a la realidad desde la ingeniería constitucional.
  • No existen recetas mágicas en los procesos de reforma política, sino la mejor solución posible según contexto específico.
  • Los partidos políticos (y los sistemas de partidos) siguen siendo necesarios para la democracia.
  • El homo sapiens se ha venido sustituyendo por el homo videns no pensante, acrítico y manipulable (hoy víctima de la denominada posverdad).
  • Además de teórico y polémico —como buen florentino— fue un bon vivant. Pasó sus últimos años con la artista Isabella Gherardi, de quien lo separaban 39 años y con quien compartía su pasión por la cultura.

En 2004, víctima de una suerte de nostalgia, durante una visita a Nueva York decidí dejar atrás el Central Park y adentrarme en la Universidad de Columbia, donde los edificios de la Facultad de Filosofía, el Pulitzer de periodismo y la Biblioteca son inigualables. Pero resulté más conmovido por el moderno y aburrido de International Affairs, donde Sartori pasó mucho tiempo entre 1979 y 1994 como catedrático Albert Schweitzer en humanidades. Cosas de la vida, antes de haberlo conocido.

José Cepeda | @sinclair_simon_
Colombiano. Periodista y politólogo