La metamorfosis de la democracia

La democracia representativa está en crisis. Se han devaluado los partidos políticos y los parlamentos. La aparición de las nuevas TIC ha eliminado los límites espacio-temporales para la expresión de demandas ciudadanas. Las democracias occidentales son cada vez más participativas y menos representativas.

«La era de la democracia de partidos ha pasado. Aunque los partidos permanecen, se han desconectado hasta tal punto de la sociedad en general y están empeñados en una clase de competición que es tan carente de significado que ya no parecen capaces de ser el soporte de la democracia en su forma presente». Con esta afirmación comienza el politólogo irlandés Peter Mair su libro Gobernando al vacío, obra en la que aborda la crisis de la democracia representativa en Europa.

¿Qué está ocurriendo en las democracias occidentales? Se está produciendo una adaptación del sistema democrático tradicional (tal como lo conocemos) al mundo del siglo XXI. Esta adaptación se debe a dos factores claves: el primero consiste en el distanciamiento de la sociedad civil con la política tradicional (dirigencia y partidos políticos tradicionales); y el segundo, al advenimiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC). En lo que refiere al primer punto, se observa en todas las democracias occidentales una crisis de los partidos políticos caracterizada por: 1) no ser más los canales exclusivos de expresión de los intereses ciudadanos; 2) pérdida de capacidad para marcar la agenda pública; 3) pérdida de su base de apoyo natural o voto cautivo; 4) falta de formación y promoción dirigencial; y 5) disminución de los niveles de afiliación e identificación partidaria. Además, se puede agregar a estos puntos característicos un retraimiento recíproco de los líderes políticos, quienes, a su vez, se han alejado de las estructuras partidarias para refugiarse en instituciones públicas.

En lo relativo al segundo apartado, la aparición de las nuevas TIC ha cambiado el paradigma de la democracia representativa volcándola hacia una democracia más participativa. En términos de la cientista política Yanina Welp, se está produciendo una democratización de la democracia. Ahora bien, ¿cómo inciden las TIC y por qué se habla de democratización de la democracia? Las nuevas TIC han generado un empoderamiento ciudadano en el sentido de haberle otorgado, al gran conjunto de la población, la posibilidad de expresarse por igual y de manera inmediata, por ejemplo, a través de la utilización de las redes sociales. Hoy las redes son una gran asamblea donde cada ciudadano puede expresar sus ideas y debatir. Esto ha ocasionado que ya no sea necesario acudir al partido político (espacio) para llevar a cabo la discusión pública, y que además exista la posibilidad de hacerlo de manera inmediata (tiempo) con solo acceder desde un teléfono celular a la red social. La comunicación y la información (por ende, la capacidad de expresión y debate público) ya no están limitadas ni por el tiempo ni el espacio.

Se observa entonces un nuevo paradigma de la democracia. Las vías institucionales de expresión de demandas ciudadanas parecerían no ser más los partidos políticos, independientemente de que continúen siendo las estructurales legales para acceder a un cargo público. Se han devaluado los partidos y también los parlamentos. En esta democratización de la democracia comienzan a aparecer otras vías de participación y expresión de demandas ciudadanas, como las ONG y las redes organizadas en torno a una causa común, por ejemplo: #niunamenos. A esto se suma el triunfo de líderes políticos «independientes» o ajenos a la política de partidos (outsiders), como Macron en Francia, Van der Bellen en Austria o Donald Trump en Estados Unidos; o la aparición de nuevas organizaciones políticas que rechazan la vieja forma de hacer política, como Podemos en España o 5 Estrellas en Italia.

No existe una despolitización de la sociedad como afirman algunos especialistas. Lo que acontece es que se han transformado las formas de participación política. El desafío para los gobiernos del siglo XXI está en poder generar nuevos mecanismos institucionales que, aprovechando las nuevas TIC, canalicen las demandas ciudadanas (inputs) y las devuelvan mediante la formulación e implementación de políticas públicas orientadas a mejorar la calidad de vida de la población. El centro de gravedad de la participación política se está trasladando desde lo electoral hacia una forma/necesidad de participación más directa en la toma de decisiones. Pensar y generar nuevos mecanismos para canalizar esa participación contribuirá a fortalecer este nuevo modelo de democracia más participativa, en que los ciudadanos no participen tan solo en los procesos electorales