La «necropolítica» como esperpento: sobre la exhumación de Francisco Franco

La política también es estética, y a veces es una estética de lo grotesco que corresponde a la definición del esperpento, el género teatral ideado por el escritor español Ramón María del Valle-Inclán, en que los héroes clásicos resultan deformados por los espejos cóncavos que reflejan sus imágenes, como lo diría uno de los personajes de su obra Luces de Bohemia.

Valle de los Caídos, España | Foto: Wikicommons

Valle de los Caídos, España | Foto: Wikicommons

En términos más sencillos, esperpento es justamente una estética en la que las figuras que deberían ser bellas y heroicas según ciertos cánones, son degradadas y bajadas de los altares donde se las idealizaba.

La decisión del gobierno español de exhumar los restos del Francisco Franco del Valle de los Caídos, votada por una ajustada mayoría en el Congreso, tiene características esperpénticas, en el sentido que le da Valle-Inclán al término. El decreto ley del gobierno del PSOE tiene como objetivo arreglar las cuentas pendientes que dejó la llamada transición. Se trata de poner a Franco en su sitio; de sacarlo del monumento que pretende conmemorar a todos los caídos en la guerra civil, pues, argumentan los socialistas, el Generalísimo fue el principal verdugo de al menos la mitad de esas víctimas.

La clave esperpéntica de Valle-Inclán nos permite profundizar en el análisis de la decisión de Sánchez, y compararla con otras situaciones que, si bien difieren en cuanto al contexto social y cultural, ilustran lo que podríamos llamar el fenómeno de la necropolítica, es decir, la manipulación simbólica de personajes muertos desde las instancias de poder. Para ello nos vamos a detener en la difusión televisiva de la apertura del sarcófago que guardaba los restos de Simón Bolívar, exhumación dirigida por el entonces presidente de Venezuela Hugo Chávez.

El 15 de julio de 2010, Chávez anunció vía Twitter que el cadáver de Simón Bolívar había sido exhumado con el fin de determinar las «verdaderas causas» de su muerte hacía prácticamente doscientos años. Unas horas más tarde, el vídeo con los detalles de la exhumación fue transmitido en cadena nacional de televisión. Una primera lectura de este hecho nos indicaría que estamos frente a un acto de revelación de la verdad que, como en el caso de Franco, busca ejercer algún tipo de justicia histórica. Con Bolívar la excusa fue establecer por qué murió, en el marco de una teoría conspirativa de Chávez según la cual el Libertador habría sido asesinado. Con Franco, la intención es relocalizarlo material y simbólicamente en la historia reciente de España.

En clave esperpéntica, ambos casos tienen que ver con la imagen degradada del héroe. Chávez buscó con ese acto acercar la figura mítica de Bolívar a la suya. Paradójicamente, el efecto de acercamiento de los personajes se da a través de la desacralización del héroe fundador de la patria, como ya lo notara Valle-Inclán en su estética sistemáticamente deformada.

En la iconografía tradicional, Bolívar es el guerrero a caballo o el legislador que redacta las Constituciones de las nacientes repúblicas americanas. En estas representaciones están los elementos de una religión republicana, en palabras del historiador Pino Iturrieta, en la que el divino Bolívar juega un papel central en un panteón de héroes militares. Pero, el mostrar urbi et orbi el esqueleto inerme del Libertador tiene un efecto justamente esperpéntico: deforma la imagen del héroe a través de la mediación de la pantalla de televisión y de las redes digitales.

Es en sus efectos prácticos que la puesta en escena esperpéntica adquiere su verdadera connotación política. Hubo en la transmisión televisiva de la exhumación de los restos de Bolívar una sensación de hiperrealismo que se mezclaba con el irrealismo de lo impensable ante la desacralización del llamado Padre de la Patria. Ya en España algunos denuncian una eventual profanación de la tumba de Franco, o incluso de la utilización electoralista por parte de Sánchez de este decreto ley.

La necropolítica en su vertiente esperpéntica busca también reescribir la Historia (con mayúscula). Chávez presentó dos años después un nuevo rostro de Bolívar, recreado digitalmente a partir del cráneo exhumado, lo que algunos consideraron como un intento más del comandante presidente de acercar su propia imagen a la de un Libertador zambo.

El PSOE de Sánchez quiere completar la tarea pendiente de la transición para borrar las huellas del Franco heroico de la historia de España. Además de repolarizar a la sociedad española, obligando a sus adversarios políticos del PP y de Ciudadanos a tomar partido sobre el significado actual del dictador, la decisión de Sánchez podría dar pie para transformar el significado del Valle de los Caídos, eliminando el carácter de mausoleo del general.

Pero el ruido y la furia propios de debates en las redes sociales ha dado cuenta de la idea de convertir el Valle de los Caídos en un museo de la memoria, como lo había propuesto originalmente Sánchez. Valle-Inclán estaría admirado del potencial escénico que tiene la necropolítica en esta era de medios digitales, grandes espejos cóncavos desde los que consumimos millones de imágenes deformadas.

Isaac Nahón Serfaty
PhD en Comunicación. Profesor en la Universidad de Ottawa, Canadá.
inahonse@uottawa.ca
@narrativaoral