La prensa como base de la confianza social

Hoy 3 de mayo se celebra, como cada año, el Día Mundial de la Libertad de Prensa.

Imagen: Pixabay

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El periodismo es una profesión que nació con la modernidad, junto con las democracias y la prensa masiva. Juntos atravesaron las profundas transformaciones políticas y tecnológicas de los últimos tiempos, aunque medios, periodistas y políticos no terminan de encontrar su rol en las sociedades de estos tiempos. Los tres actores saben que tienen que redefinir profundamente sus funciones y sus competencias para adaptarse a la vertiginosidad de los cambios. Pero la misma crisis de identidad les impide ver con claridad que se abre un inmenso destino, aunque poco tenga que ver con el antiguo lugar en la sociedad.

Quizás el factor más transformador que atraviesa el periodismo sea la pérdida de su exclusividad como productor de información. En las últimas décadas, las tecnologías de la comunicación han permitido a los ciudadanos comunicarse entre sí y ser fuente eficiente para otros ciudadanos, incluso antes de que el propio periodista. Muy aceleradamente el periodismo pierde el privilegio de la información y los medios pierden su monopolio, sin que ni uno ni otro sepan bien cómo acomodarse a esta nueva conversación social.

Estos flujos de circulación de la información social no solo hacen convivir, en un mismo plano, información certera con versiones falaces, sino que ponen el trabajo periodístico al juicio inmediato en las redes sociales. Esto trae la ventaja de que nunca antes hubo un control tan ajustado de la labor periodística, que se observa en la aparición de organizaciones dedicadas al chequeo de la información circulante. Pero a la vez, el escrutinio extendido del discurso público se refleja en un escepticismo generalizado acerca de la eficacia periodística y una caída en los índices de confianza de medios y periodismo en todo el mundo. Esto también afecta a la política, que ha descansado en la prensa su difusión. Pero también la hace responsable de esta situación, en tanto ha abusado de la instrumentalización que hizo de los medios para su comunicación sin comprender que, cuando se pierde la confianza en el pilar de comunicación ciudadana, se resiente también la democracia.

çEn estos contextos, los medios de siempre suponen que pierden audiencias cuando en realidad lo único que perdieron es el privilegio de la distribución y producción de la información, que explotaron a veces un poco abusivamente en el siglo pasado. Por eso, su desafío es la recuperación de la confianza. El Latinobarómetro señala que en 1996 los ciudadanos usaban los medios como fuente principal de información política. Esa ecuación, que era tres cuartas partes a una, en 2017 se convierte en 63 % información de los medios y 37 % de la comunicación interpersonal. La tendencia muestra que el periodismo debe recuperar el lugar de legitimación de la información que hoy asignamos a los conocidos.

Una investigación global que incluye varios países de Latinoamérica, publicada por la Fundación Konrad Adenauer, permite conocer un poco más el periodismo y sus factores de influencia. Los resultados muestran que los roles profesionales más valorados por los periodistas en América Latina siguen siendo los clásicos de reportar las cosas tal y como son (91,1 %); promover la tolerancia y la diversidad cultural (81,9 %); proveer análisis sobre temas de actualidad (80,1 %); dejar que la gente exprese sus puntos de vista (78,4 %) y fomentar el cambio social (74,9 %). Son buenos indicadores del compromiso de los periodistas con un lugar de valor en la comunicación democrática. Es esperanzador también saber que rechazan de plano cualquier función que pueda confundir su tarea con la instrumentalización política, en tanto que los puntos con menos consenso son apoyar las políticas gubernamentales (28,6 %); dar una imagen positiva de los líderes políticos (16,2 %) o ser un adversario del gobierno (16,2 %). Pero que todavía tengan algún apoyo entre los profesionales es particularmente delicado en sociedades con baja institucionalidad democrática como las latinoamericanas, donde la libertad de expresión está más desguarnecida cuando no existen sindicatos con peso, sistemas judiciales independientes o instituciones democráticas que eviten que los ciudadanos queden a merced del poder de turno.

çEl protagonismo reciente que han tomado las fake news nos recuerda que el derecho a transmitir, opinar, difundir no sirve de nada si no está apoyado en la investigación responsable y la información precisa. En estos tiempos de tecnologías de redes, el derecho a expresar es tan crítico como el de preguntar, indagar, discernir qué es información y qué no entre los aluviones de mensajes circulantes. En estos contextos, el periodismo se vuelve más necesario que antes, pero con un nuevo rol en la conversación pública como agente central para recuperar la confianza social.

 

Adriana Amado

Periodista. Doctora en Ciencias Sociales, magíster en Comunicación Institucional. Presidenta de la organización Infociudadana. Miembro del Board de Poder Ciudadano, capítulo argentino de Transparencia Internacional