La utopía salvará la historia

Tres de los cinco últimos premios Cervantes de las letras españolas procedentes de la propia España: Juan Marsé (2008), Juan Goytisolo (2014) y Eduardo Mendoza (2016) son catalanes. Tres de las cinco principales editoriales en el idioma español de acuerdo con su facturación en 2016: Planeta, Penguin Random House y Planeta Deagostini están radicadas en Barcelona. Resultaría muy difícil encontrar un artículo, trabajo académico de grado, máster o de investigación doctoral, o libro, en cualquier formato científico, redactado en español, en donde no se recurriera a fuentes bibliográficas procedentes de Barcelona. Incluso muy mayoritariamente.

Hoy, 23 de abril, se celebra la festividad de Sant Jordi, patrón de Cataluña. La costumbre, en la tierra de Marsé, Goytisolo y Mendoza, es regalar a cada ser querido un libro y una flor. Y la certeza es que, cada Sant Jordi, Barcelona se convierte en la ciudad del mundo en donde se venden más libros editados en lengua castellana. La misma ciudad en donde un editor como Carlos Barral acogió e impulsó a la generación del boom de la literatura latinoamericana. La misma ciudad en donde su amigo Jaime Gil de Biedma escribió algunos de los más bellos versos de la poesía en español del siglo XX.

La política se hace también con libros y con rosas. Especialmente cuando cada libro y cada rosa nos recuerda el profundo amor de Cataluña al idioma castellano. Un amor que se ha traducido, especialmente durante el último medio siglo, en la gigantesca aportación catalana a la expansión por el mundo de toda la belleza pensada, imaginada y plasmada en ese idioma. Un amor por el idioma del que todos sus hablantes, pero muy especialmente los españoles, somos deudores. El libro enriquece, dignifica, ennoblece y cultiva la naturaleza humana. Y, gracias a tantos libros editados en Cataluña, somos mejores.

Un demócrata de inspiración cristiana llamado Giorgio La Pira decía que ser cristiano significaba saber que «únicamente la Utopía salvará la Historia». Pensar y actuar en Cataluña exige, hoy, pensar y actuar con grandeza, imaginación, audacia y generosidad. La utopía que salva la historia, hoy, solo cabe dentro del derecho. El mismo derecho que, decía Rudolf von Ihering, prefigura, materializa, tutela y consolida todas las grandes conquistas humanas. Pero la utopía no salva la historia acudiendo solamente al derecho. Sin la ley, imposible. Únicamente con la ley, también.

La utopía salva la historia, pero a través de la política. Y como siempre, como cada Sant Jordi, con el libro y la rosa.

 

Enrique San Miguel Pérez
Catedrático de Historia del Derecho y de las Instituciones, URJC, Madrid