Lucidez

En Bolivia pasa un fenómeno bastante interesante. El gobierno del Movimiento Al Socialismo del presidente Evo Morales Ayma intenta sin éxito desconocer los resultados. Por otro lado, existen plataformas ciudadanas que están jugando a la apatía y se estrellan contra dos pilares fundamentales de toda democracia: el sistema de partidos políticos y el sistema electoral.

Después del referéndum constitucional del 21 de febrero de 2016, donde ganó el NO con el 51,3 % de los votos, el Gobierno ha utilizado al Órgano Judicial para imponer una inconstitucional cuarta repostulación de Morales. El 28 de noviembre de 2017, el Tribunal Constitucional Plurinacional dio luz verde a la iniciativa del Gobierno y, para disimular su accionar, habilitó también a todas las autoridades electas. La excusa para llegar a tan oscuro fin fue no violar los «derechos humanos» de la primera autoridad del país. Tal decisión fue tomada desde el Órgano Ejecutivo y mostró su control sobre todos los órganos del Estado. Esto causó gran molestia en la ciudadanía.

  

Las plataformas ciudadanas aparecieron en el país meses antes del referéndum del 21F. Todas ellas tuvieron una consigna clara: tomar la opción del NO en la intención de voto. Lograron canalizar el malestar de gran parte de los bolivianos, que ven que los recursos públicos son utilizados por Morales Ayma en viajes de placer al Mundial de Fútbol y en otros gastos onerosos e innecesarios, y se van dejando de lado temas importantes como la salud y la educación. Las plataformas ciudadanas cobraron fuerza a partir de la satanización de la política que forma parte del discurso gubernamental.

Así, el Gobierno muestra su estrategia de amigo-enemigo con la que logra minimizar a los partidos políticos. Empero, le surge un problema que no logró divisar: el empoderamiento de los ciudadanos que, huérfanos de representación política, se vieron obligados a salir a las calles a defender las instituciones democráticas y el resultado del referéndum constitucional.

Con las elecciones generales cada vez más cercanas, las plataformas ciudadanas van perdiendo fuerza, ya que simplemente logran hacer eco y tomar lugares emblemáticos de las diversas ciudades del país todos los 21 de febrero. El escenario político se va electoralizando y estas organizaciones van quedando relegadas por quienes sí hacen política (los partidos políticos), que son los habilitados para competir en las urnas. Esto va generando respuestas autoritarias, que parecen dar como solución la siguiente fórmula: para vencer al autoritarismo hay que hacerlo con más autoritarismo. A tal efecto, un grupo de plataformas ciudadanas se reunieron el 30 de junio en Cochabamba bajo el nombre de Congreso Nacional de Unidad o Asamblea Nacional Pacto de Unidad y plantearon entre sus directrices de lucha no reconocer la repostulación de Evo Morales Ayma ni aceptar que los demás contendores vayan a la elección, ya que estos estarían legitimando una victoria de Morales.

Al parecer, los bolivianos estamos viviendo nuestra propia versión de los Ensayos sobre la lucidez de José Saramago. Recordemos que en la novela del autor portugués el Gobierno tiende a mostrarse más autoritario para controlar al Estado. La apatía política de sus habitantes, la baja participación electoral de estos y una alta tasa de votos nulos y blancos le dan carta blanca al Gobierno para crear un régimen de mano dura con ambiciones totalitarias.

Bolivia no se encuentra lejos de esto: existen plataformas ciudadanas que están jugando a ser apáticos y se estrellan contra dos pilares fundamentales de toda democracia: el sistema de partidos políticos y el sistema electoral. Para darle fuerza a su discurso, ya han calificado al régimen de Morales de dictadura. Posiblemente esto se deba a pretensiones propagandísticas, para que sus líderes logren aparecer en los medios de comunicación. Y nos muestra lo que parece que a muchos bolivianos nos gusta ver en política: show del más chabacano posible.

Una vez más nuestra sociedad se encuentra en una encrucijada en su lucha por la democracia: jugar con las reglas establecidas por las leyes o darle el golpe de gracia a la democracia y a las libertades.