«Aquí estoy, no puedo proceder de otra manera. ¡Que Dios me ayude! Amén», decía un desconocido monje alemán proveniente de un lugar lejos de Roma. Con su increíble declaración no se retractaba, sino que confirmaba su protesta: se ponía en marcha un movimiento de insospechadas consecuencias para todo Occidente.

La rosa blanca, símbolo del luteranismo, fue diseñada por el propio Martín Lutero en 1530, durante la Dieta de Augsburgo

La Reforma protestante, en tanto movimiento—primeramente teológico—, genera un cambio político que apunta a la democratización, no solo del acceso al conocimiento por medio de la educación, sino también de la posibilidad de que cualquier ciudadano acceda a roles y funciones según sus capacidades. En la actual coyuntura política de América Latina se viene instalando sigilosamente un discurso religioso que va ganando creciente legitimidad en el ámbito público para establecerse en la contienda política y electoral.

Es interesante observar cómo en sociedades occidentales secularizadas y laicas vuelven a surgir propuestas contrarias a una comprensión democrática de gobierno, incluso tendientes a lo teocrático. En este sentido, el pensamiento de la Reforma protestante aparece como mensaje alternativo, reivindicador de la democracia y su profundización: el sacerdocio universal de todos los creyentes es superador de la teocracia autoritaria. No es solo un decir, sino que plantea un concepto de gobierno vinculado y vinculante. Se trata de otra manera de relacionarnos. Es la fuerza liberadora del Evangelio que es para todos y es gratuita, es un regalo.

El 31 de octubre de 1517, hoy hace 500 años, Lutero envió una carta al Arzobispo de Maguncia con 95 tesis para reformar la Iglesia. Se trata de la primera carta que firma como «Martin Luther», haciendo un juego de palabras entre su apellido paterno Luder y la palabra grecolatina Eleutherios, ‘el libre’. No es la autoridad del papa, los concilios y la tradición eclesiástica que son determinantes o decisivas, sino solo la Palabra de Dios que hace libre al ser humano mediante la certeza del amor, la gracia y la misericordia que experimenta a través de la fe que Dios mismo regala.

Luego de varias idas y venidas de enjuiciamiento y acusaciones a Lutero, en 1520 se retoma el proceso de juicio donde es acusado de hereje, a lo que él contesta con un escrito afirmando que el derecho eclesiástico se había convertido en un medio para destituir a Dios de su trono y robarle su dominio para sentar en ese lugar al papa. Ya no está Dios en el templo sino su adversario. Con este paso decisivo y la interpretación apocalíptica de la contemporánea Iglesia papal se concreta irrevocablemente la separación de Lutero de Roma en 1521.

Tres años más tarde interpelará a las autoridades a posibilitar una educación gratuita y obligatoria a todos los niños y niñas para que pudieran conocer las partes más importantes de su fe (mediante las doctrinas) y de las Sagradas Escrituras en su idioma vernáculo. Esta motivación primeramente religiosa sentó la base que ayudó a forjar nociones más democráticas y universales a las reformas educativas que más adelante llegarían con motivaciones seculares.

La propuesta tenía la característica de no querer consolidar el poder de la Iglesia a través de la educación y sería el Estado el que adquiriría ahora la responsabilidad, como defensor de los intereses públicos, de intervenir activamente en la enseñanza y garantizar la formación de niños y niñas. El pensamiento de la Reforma fue liberando al Estado de toda subordinación a la jerarquía religiosa, lo cual implicó una autonomía que no era necesariamente la idea moderna de Estado pero que indudablemente implicó un incremento de su soberanía y autarquía.

La Reforma confirió, a los Estados en los que se implantó, el control sobre áreas tan significativas como la asistencia social, la enseñanza y la atención pastoral, y transfirió al poder civil los recursos económicos que el clero se atribuía para cumplir estas misiones sociales.

La Reforma protestante produjo importantes cambios en diversos aspectos de la vida medieval con grandes repercusiones en la modernidad del mundo occidental. En la vida medieval, lo político y lo religioso se entrelazaban dando por sentado que el reinado imperial y el sacerdocio formaban jurisdicciones complementarias dentro de una única sociedad cristiana. Las pretensiones temporales del papado perjudicaron la efectividad de la autoridad secular, según la comprensión de Martín Lutero, al confundirse el poder secular con el espiritual. La reinterpretación y crítica profunda a la teología medieval de acuerdo a los nuevos tiempos condujo fuerzas que contribuyeron a la disgregación del feudalismo, a la educación universal y a la tolerancia religiosa.

 

Stefanie Kreher | @KreStef
Licenciada en Teología. Miembro del Centro de Encuentros «La Rueca» (Araminda) y coordinadora de la plataforma de estudios virtuales Espacio.cc para América Latina.

Nicolás Iglesias Schneider | @nicois1983
Licenciado en Trabajo Social, Universidad de la República, Montevideo. Coordinador de Grupo de Estudios Multidisciplinarios sobre Religión e Incidencia Pública de Uruguay y Espacio de Voluntariado, Arte y Reflexión (VAR).