Sobre las víctimas del Holocausto: no hay olvido

«El día o la noche en que el olvido estalle
salte en pedazos o crepite
los recuerdos atroces y los de maravilla
quebrarán los barrotes de fuego
arrastrarán por fin la verdad por el mundo
y esa verdad será que no hay olvido.»

Auschwitz, campo de exterminio

Auschwitz, campo de exterminio

La memoria es como un músculo; si no se ejercita puede terminar atrofiándose. Por lo mismo, la memoria colectiva también necesita ser ejercitada.

Así como las personas somos la suma de nuestras acciones, nuestras decisiones, nuestras circunstancias, tanto presentes como pasadas, los pueblos son igualmente una construcción colectiva que poco tiene de espontánea, ya que responde a un sinfín de acciones, de intereses comunes, de sentires populares, de luchas, de sacrificios colectivos, de raíces, costumbres, creencias y emociones que hacen posible la cohesión que los mantiene unidos.

En ese camino de construcción de la identidad colectiva hay hitos que se transforman en mojones, en puntos de referencia, en faros que marcan algo fundamental.

El 27 de enero fue elegido por la Asamblea General de las Naciones Unidas para recordar a las víctimas del Holocausto del pueblo judío. Ríos de tinta han corrido en los casi ochenta años que han pasado desde que el último campo de concentración fue liberado luego de la derrota del nazismo en la Segunda Guerra Mundial. Millones de páginas han sido escritas por las víctimas de aquella tragedia, en las que nos han contado, a las generaciones posteriores, de la barbarie y la atrocidad de las que hemos sido capaces los seres humanos.

Prohibido olvidar

«La memoria despierta para herir
a los pueblos dormidos
que no la dejan vivir
libre como el viento.»

Hemos escuchado muchas veces que los pueblos que no conocen su historia o que olvidan su pasado están condenados a repetir sus errores… y sus horrores. El ejercicio de la memoria colectiva es una tarea que nos debe incluir a todos por igual; a quienes vivieron y sufrieron en el pasado y a quienes tan solo heredamos el recuerdo.

Pensar que las víctimas del Holocausto fueron únicamente los más de seis millones de judíos asesinados por el nazismo, es un error. La tragedia del pueblo judío bajo el terror del nacionalsocialismo se vivió en los millones de muertos en los campos de exterminio pero también en las víctimas de los campos de «trabajo», condenados a una muerte en vida; en los cientos de miles que pudieron escapar a la barbarie y refugiarse principalmente en América; y en los otros, los que fueron empujados a vivir en la clandestinidad, escondidos detrás de las paredes, bajo tierra o en guetos.

Lo que debemos tener presente, sobre todo porque puede repetirse hoy más fácilmente, es que desde el primer momento buscaron exterminarlos físicamente, pero también emocional y espiritualmente. Borrar la identidad, la esperanza, la sonrisa; prohibir la palabra, la expresión, los sentimientos; ese fue el intento más brutal de aniquilar la identidad colectiva del pueblo judío y de otros .

Pero cuando las ganas de decir, las ganas de sobrevivir y de ser nacen desde lo más profundo del alma, no hay forma de impedir que la memoria sobreviva a la barbarie.

Vivimos en un momento de la humanidad que es clave; el reloj del Apocalipsis marca que estamos a apenas dos minutos de la medianoche; y es nuestro deber como humanidad atrasar el conteo que cada día nos pone más cerca del final. Es nuestro deber tomar del pasado, de cada uno de los pasos que hemos dado, las herramientas suficientes que nos sirvan para no repetir las atrocidades de otrora.

Hemos asistido a todos los horrores de los que podemos ser protagonistas. Si no somos lo suficientemente capaces hoy de construir una cultura de paz, de tolerancia, de respeto, habremos fracasado una vez más en nuestro camino hacia la salvación.

La única manera de no volver a repetir nuestra tragedia es no olvidar jamás de dónde venimos, para poder tener claro hacia dónde vamos.

Hitos como el Holocausto del pueblo judío deben ser los mojones de la construcción, entre todos, un futuro de paz. Es deber de todos.

 

Diego Silveira Rega | @Diegosilveirar
Uruguayo. Miembro de la Red Humanista por Latinoamerica