Nuestra respuesta: la economía social de mercado

¿Por qué el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, fundador del comunismo, no es motivo de celebración?

Annegret Kramp-Karrenbauer, secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania | Foto: Laurence Chaperon

Annegret Kramp-Karrenbauer, secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania | Foto: Laurence Chaperon

Hoy, en muchos lugares de Alemania, pero también alrededor del mundo, se conmemora el 200.º del nacimiento de Karl Marx. Personalmente encuentro que, haciendo un balance del legado de Marx en la historia de la humanidad, este no es un motivo de celebración. Por supuesto, Marx es uno de los pensadores más influyentes de la historia y, sin él, el movimiento trabajador sería impensable. Sus ideas dieron a millones de trabajadores la esperanza de un futuro mejor. Sin embargo, me parece que hasta el día de hoy tanto su ideología como las consecuencias de su pensamiento son idealizadas.

La concepción del comunismo de Karl Marx es en esencia una teoría dogmática caracterizada por una radical e intransigente distinción entre amigos y enemigos, cuya puesta en práctica conduce irremediablemente a un sistema de opresión y a la total pérdida de autonomía del ser humano. En este sentido, no es ninguna casualidad que hasta nuestros días todas las terribles variantes y formas del comunismo hayan terminado siempre en dictaduras o sistemas totalitarios. De acuerdo a los historiadores, entre 80 y 100 millones de personas han sido víctimas mortales de esta ideología. En este contexto, el cardenal Joseph Ratzinger escribió: «El socialismo realmente existente dejó en Europa del Este un triste legado de territorios y almas destruidos». Esto es algo que no debemos olvidar.

Hoy en día, Marx tampoco nos sirve de guía, sea para buscar soluciones a los desafíos de la globalización y digitalización, o para lidiar con las deficiencias del sistema económico. Menciono acá, como ejemplos, a empresas como Google o Amazon, que buscan evadir el pago de impuestos justos, o al hecho de que el bienestar económico en los países occidentales se origina en parte a través de la explotación de los trabajadores y la depredación de los recursos naturales.

Estos problemas no pueden ser resueltos apelando a dogmas del pasado o partiendo de la premisa de que los empresarios son siempre los malos y los trabajadores siempre los buenos. Las soluciones consisten en dar nuevas respuestas partiendo de la economía social de mercado. En el marco de las discusiones sobre el nuevo programa general de la Unión Demócrata Cristiana nos ocuparemos en profundidad de este tema. Para mí está claro que debemos conservar los principios fundamentales de la economía social de mercado. Para Alex Rustow, uno de estos es que «la economía debe estar al servicio de la humanidad». Rüstow, Ludwig Erhard y Alfred Müller-Armack concibieron la economía social de mercado precisamente como una alternativa al capitalismo y al socialismo. Hasta nuestros días, esta combina la libertad, el mérito, la responsabilidad individual y la competencia con la solidaridad social. Se apoya en el mismo grado sobre el ciudadano libre, el empresario responsable y el Estado confiable. Por esto es hasta el día de hoy el mejor modelo económico y social del mundo.

 

Este artículo fue originalmente publicado en el diario alemán Rheinische Post, el 5 de mayo de 2018.

 

Annegret Kramp-Karrenbauer | @_A_K_K_
Secretaria general de la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU) desde febrero de 2018. Anteriormente, desde agosto de 2011, fue primera ministra del Sarre.

Traducción: Andrés Hildebrandt