«Hemos permitido las rupturas que debilitan las instituciones, las sociedades y el medioambiente. Ahora debemos reparar estas fracturas. Debemos tomar en serio el riesgo de un colapso global del sistema», recalcaba Klaus Schwab, fundador del Foro Económico Mundial al comienzo de la reunión en Davos de 2018.

Imagen: pixabay.com

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El foro cerca de la montaña mágica de Thomas Mann reúne a la elite económica y política mundial que reflexiona sobre los grandes desafíos de la humanidad. Uno de los productos asociados al encuentro es el Informe global de riesgos. La edición de este año subraya «la urgencia de enfrentar y resolver los desafíos sistémicos en medio de la proliferación de indicadores de incertidumbre, inestabilidad y fragilidad». Y la encuesta de percepción de riesgos globales presenta sorpresas: entre los factores de riesgo predominantes, tres se relacionan con temas ambientales: eventos climáticos extremos, catástrofes naturales y el fracaso de las políticas de protección del clima. Hace diez años, esta misma encuesta registraba que la percepción de riesgo se centraba en la crisis de la bolsa, los precios del petróleo y Estados fallidos, entre otros problemas.

«La gente disfruta de los estándares más altos de la historia humana. Sin embargo, la aceleración y la conectividad entre todos los campos de actividad humana están presionando las capacidades de las instituciones, comunidades e individuos. Esto coloca el futuro del desarrollo humano en riesgo», concluyen Klaus Schwab y el presidente del Foro Børge Brende en el prefacio del estudio.

Los seres humanos interactuamos continuamente con los sistemas naturales. De ello resultan sistemas socioeconómicos y naturales fuertemente relacionados, de gran complejidad organizacional, tanto espacial como temporalmente. Desde hace algunos años, especialmente con la aparición del Millenium Ecosystem Assesment, el concepto de servicios ecosistémicos pasó a formar parte de la agenda política y económica. Este concepto, claramente antropocéntrico, refiere a todos los beneficios que la sociedad obtiene de los ecosistemas y que constituyen la base de su riqueza (Ekins et al., 2007). Comprende productos como agua y alimentos, servicios de regulación de ciclos naturales, servicios de soporte como la formación de suelos y finalmente servicios culturales.

Dentro del paradigma económico prácticamente hegemónico, el mercado es visto como regulador eficaz de los intercambios y mecanismo adecuado de asignación de valor de los bienes y servicios. Una dificultad que se presenta es que algunos de estos servicios son intangibles y no pueden ser fácilmente puestos en valor. La otra es la detección de cambios bruscos en el funcionamiento de los sistemas socioecológicos. Dichos cambios pueden afectar la provisión de los servicios ecosistémicos que constituyen la base de la actividad económica y productiva. La humanidad se enfrenta, por lo tanto, con el desafío ineludible de asegurar la disponibilidad futura de los servicios ecosistémicos.

En un mundo globalizado, con creciente población y consumo, las fronteras agrícolas avanzan sobre espacios hasta ahora inalcanzables. Aumentan los requerimientos de energía y se acelera la incorporación al sistema productivo de ecosistemas hasta ahora prístinos. Si bien los sistemas naturales tienen una capacidad de recuperación, las presiones simultáneas pueden afectar esa capacidad, producir cambios y provocar inestabilidad en su funcionamiento. Los ecosistemas están bajo una creciente presión que amenaza su disponibilidad futura. Ingresamos en una nueva era, el antropoceno, en el cual las acciones humanas constituyen la fuerza dominante de los cambios en la biosfera (Rockström et al., 2009).

El informe del Foro de Davos concluye que «hemos estado exigiendo al máximo a nuestro planeta y los daños se están haciendo cada vez más claros y evidentes. Se está perdiendo biodiversidad a tasas de extinción masiva, los sistemas agrícolas están bajo tensión y la contaminación del aire y el mar se ha convertido en un peligro cada vez más angustiante para la salud humana. La tendencia hacia el unilateralismo de naciones y Estados podría hacer más difícil que se sostengan las respuestas multilaterales a largo plazo que se requieren para contrarrestar el calentamiento global y los efectos negativos sobre el medioambiente global. […] Hay señales de tensión en muchos de estos sistemas: nuestro creciente ritmo de cambio pone a prueba las capacidades de absorción de las instituciones, las comunidades y las personas. Cuando el riesgo comienza a verse afectado por el efecto dominó en un sistema complejo, el peligro no es el de un perjuicio en incremento, sino el de un colapso de huida o abrupta transición hacia un statu quo nuevo y menos óptimo».

El gran desafío comprende la conciliación entre la producción necesaria para cubrir la creciente demanda y asegurar la disponibilidad de los servicios ecosistémicos en el futuro. Los cambios suceden en forma demasiado rápida. «En dos generaciones la humanidad superó la capacidad del planeta de funcionar en forma estable. El planeta que conocemos y que nos sostuvo durante diez mil años está cambiando y nuestro futuro depende de nuestra habilidad de responder». Para lograr esto, un grupo de investigadores propuso el concepto de límites planetarios, dentro de los cuales las actividades humanas se podrían desarrollar sin aumentar el riesgo de colapso de los sistemas naturales. La propuesta se puede resumir en: «No se trata de crecimiento sin límites ni límites al crecimiento, sino de un crecimiento dentro de límites» (Rockström y Klum, 2015).

 

Referencias bibliográficas

Ekins, Paul et al. (2007). «Coupled Human and Natural Systems», Ambio, 36(8): 639-649.

Rockström, Johan et al. (2009). «Planetary boundaries: exploring the safe operating space for humanity», Ecology and Society, 14(2): 32.

Rockström, Johan, y Klum, Mattias (2015). Big World, Small Planet: Abundance within Planetary Boundaries. Estocolmo: Bokförlaget Max Ström, http://bwsp.org/index_en.php.

 

 

Manfred Steffen
Magíster en Ciencias Ambientales (Universidad de la República) y Dipl. Ing. Fachhochschule für Druck in Stuttgart. Coordinador de proyectos de la Fundación Konrad Adenauer, oficina Montevideo