¿Tienen algún sentido e impacto las protestas sociales?

En todas las regiones del mundo se suceden las agitaciones sociales, variadas y de menor o mayor grado. Nuestra región de Latinoamérica claramente no es la excepción. Bolivia es considerado uno de los países más proclives a esta tendencia.

Bolivia ha estado atravesando nuevamente por un periodo agitado, cargado de protestas sociales. Los reclamos se agudizaron principalmente desde que se oficializó la intención del presidente Evo Morales de postular nuevamente como candidato a pesar de las restricciones constitucionales. Luego las protestas tomaron otro cariz a causa de la promulgación de un polémico Código Penal.

El sector salud fue el primero en pronunciarse en relación con este tema. Con más de 40 días de paro, huelgas de hambre y marchas, los médicos y otros trabajadores de este campo pedían la anulación del nuevo Código Penal. Finalmente, con anuncios de más acciones, nuevos sectores sumándose a la demanda y en el contexto del Rally Dakar, que visibilizaba al mundo la situación de conflicto de Bolivia, el presidente tomó la decisión de pedir a la Asamblea Legislativa Plurinacional la abrogación del Código Penal.

Este ejemplo de la coyuntura boliviana pareciera darnos una respuesta a la pregunta de si las protestas sociales tienen algún sentido e impacto. Indudablemente, las protestas sociales han demostrado tener una considerable influencia en el devenir de las sociedades; en algunos casos más del que se quisiera, puesto que con un carácter rutinario terminan siendo perjudiciales tanto para la gobernabilidad como la realización de la vida cotidiana. Sin embargo, la historia muestra que se han ganado su lugar como un ejercicio ligado a la libertad de expresión y como un mecanismo que promueve el funcionamiento institucional.

Las protestas sociales tienen una innegable relación con el derecho a la libertad de expresión. De cierta manera, estas manifestaciones públicas aportan a la plena de realización de este derecho y por ende al modelo democrático. El derecho a la libertad es una de las condiciones mínimas en toda democracia, puesto que representa la capacidad de generación de diálogo a partir del disenso y comprensión de otras perspectivas. Cabalmente, las protestas sociales son ejercicios en los que se expresan públicamente los disensos y reclamos, y por ello configuran un vínculo inquebrantable con la libertad de expresión.

Otro de los principales aspectos que dan razón de ser a las protestas sociales es la capacidad de impulsar el funcionamiento institucional. Algunos académicos (Machado, Scartascini y Tommasi, 2009) señalan que los ciudadanos escogen medios no convencionales, como marchas y bloqueos de calle, a la hora de expresar sus inconformidades o preferencias debido a la ineficiencia de las instituciones de su país. Otros postulados complementan esta teoría sosteniendo que los ciudadanos optarían por estos caminos no institucionales como modo de reclamar que sus instituciones operen de manera eficiente. Para esta concepción, las protestas sociales no están en contra del Estado de derecho, como algunos gobiernos argumentan en situaciones complicadas donde se desestabiliza la comodidad del sistema; por el contrario, son medios por los cuales la ciudadanía exige la aplicación del Estado de derecho, mediante la demanda de un correcto funcionamiento de las instancias de gobierno.

En conclusión, las protestas sociales se han ganado un lugar como ejercicios relacionados a la libertad de expresión y como mecanismos que promueven el funcionamiento de sus instituciones. Si bien no todas las protestas logran sus cometidos o no necesariamente son las más razonables, ante la falta de instituciones y mecanismos eficientes, en Bolivia y en casi toda región se han convertido en motores de importantes cambios sociales. Mientras no pierdan efectividad debido a la rutinización o porque hayan cruzado la línea de atentar contra la vida de las personas, son manifestaciones con un gran potencial, como se ha demostrado en innumerables ocasiones. Actualmente son las redes sociales el medio preferido.

Más allá del poco interés que alguien diga tener por la política, existe un momento en que se presenta dentro de sí la inevitable pulsión por manifestarse en respuesta a una situación, acción o intención en particular que se esté generando en torno o desde las instancias de gobierno. Por ello, a lo largo de la historia los movimientos de protesta han sido piezas fundamentales para la consecución de grandes logros como el fin de la esclavitud, el voto universal, la caída de dictaduras y la ampliación de derechos humanos y políticos.

 

Camilo Quiroga Velasco | @CamiloQuirogaV1
Politólogo, Universidad Católica Boliviana, con mención en Relaciones Internacionales de la Pontificia Universidad Católica de Chile

Juan Pablo Chamon | @ChamonJp
Politólogo. Director de proyectos de LIBERA Bolivia