¿El arte imita a la política?

U2 en vivo el 7.10.2017, estadio El Campín, Bogotá | Foto: José Alejandro Cepeda

U2 en vivo el 7.10.2017, estadio El Campín, Bogotá | Foto: José Alejandro Cepeda

Hubo un tiempo en que a la música pop solo le interesaba la estética, el dinero y el divertimento. Hasta que en la década de 1960 arribó la contracultura, se precipitó el concierto de Woodstock y la preocupación por diversas formas de activismo. Así sucedió, por ejemplo, con los conciertos Live Aid en los años ochenta, que trascendieron el lema de sexo, drogas y rock and roll. Aún, de vez en cuando, en medio de la sociedad de consumo, reaparecen los mensajes de conciencia social. El sábado 7 de octubre sucedió algo parecido con el masivo recital de la agrupación irlandesa U2 en Bogotá.

U2 se presentaba por primera vez en Colombia, con una selección de clásicos y la totalidad de su místico álbum The Joshua Tree, del que se celebran treinta años de publicación. Este disco, como se aprecia visualmente con magnificencia en la gira, está inspirado tanto en la literatura norteamericana como en las desigualdades y crisis que el cantante de U2, Bono, había presenciado en Etiopía, Nicaragua o El Salvador, y se refleja en canciones como «Bullet the Blue Sky», «Mothers of the Disappeared» o «I Still Haven’t Found What I’m Looking For», esta de claras referencias bíblicas: «I have spoken with the tongue of angels» (Corintios 13:1), al Padre Nuestro, «I believe in the Kingdom come», y a la Pasión de Cristo, «You broke the bonds/And you loosed the chains/Carried the cross of my shame».

El U2 de la madurez que llegó a Colombia —país que hasta hace solo unos años suponía un riesgo y no un negocio para las estrellas internacionales, que preferían sobrevolarlo— ya no es el de sus inicios. El que grabó Sunday Bloody Sunday en 1983, inspirado en el Domingo Sangriento de Irlanda del Norte en 1972. No obstante, con este tema abrió su presentación en Bogotá y sentó las bases de su mensaje con el pregón «No más, ni uno más», aludiendo a la violencia en el mundo y directamente al proceso de paz en Colombia.

Ya lo reconoció Bono hace unos años: «La lucha contra la pobreza no puede ser patrimonio de la izquierda». Por ello este U2, enriquecido por cuenta de su talento y el aprecio de sus fans en el mundo entero, aplica una estrategia de doble rasero, donde la creación musical se complementa con una retórica progresista, que apela por igual a la razón como a las emociones de sus oyentes, mientras les habla al oído a los poderosos. Es decir, un fino populismo en el que héroes locales como Gabriel García Márquez o la deportista Caterine Ibargüen salen a relucir, mientras se explayan argumentos para exigir solidaridad en la lucha contra la pobreza, la igualdad de género o la justicia.

Es difícil separar el activismo de Bono de su obra musical al lado de U2 y, en esa medida, a la par que el cantante se ha convertido en un personaje público mundial, su cuarteto ha perdido parte del prestigio artístico de antaño. No se trata solo de una crítica musical válida para sus discos más recientes (más complacientes que desafiantes), sino a las zonas grises de los negocios y las inversiones personales que Bono y el grupo manejan con íconos de la globalización a la que tanto se empeñan en corregir, como Facebook o Apple.

Más allá de estos debates, la puesta en escena de U2 en Bogotá —que tuvo como telonera a la banda del antiguo Oasis, Noel Gallagher— fue impresionante. Remata una serie de conciertos como el de Paul McCartney en 2012 y los Rolling Stones en 2016, que demuestran que Colombia cuenta con una demanda de espectáculos de nivel y que hay una capacidad de gasto para sostenerla. O que al menos se viene afianzando una aparente clase media en las zonas urbanas, dispuesta a invertir en ocio y a llenar escenarios con más de 40.000 personas. Y aunque como en buena parte de estos eventos muchísima gente asiste primordialmente por la pose social y desconoce el repertorio, U2 cumplió artísticamente con su homenaje a la América profunda y a la paz en Colombia. Algunos ejemplos:

  •  «Pride (In The Name Of Love)», más allá de su alusión original a Martin Luther King, sirvió para que Bono cantara con el público su coro en honor a los constructores de la paz. Y volvió la mirada a su propio país, Irlanda: «En nuestro país tenemos paz porque la gente tuvo el coraje de comprometerse. La palabra más bella en el idioma inglés es compromise».
  • Aludiendo a Donald Trump, en la canción «Exit», se utilizaron momentos de una serie de televisión de los años cincuenta, en la que un vendedor ambulante de nombre Trump se promueve como el único capaz de salvar a un pueblo y sus habitantes del apocalipsis, construyendo un muro gigante a su alrededor. ¡Cualquier parecido es mera coincidencia!
  • «In God’s Country» se recuperó más allá de sus referencias bíblicas y su alusión a Norteamérica como la tierra prometida. Bono aclaró: «Es una canción sobre cómo un paisaje se puede cambiar, en una persona, en una ciudad, en un país, cuando no estás buscando y cómo tenemos que estar despiertos para un sueño».
  • En «Ultraviolet (Light My Way)» se proyectaron numerosas imágenes de mujeres importantes en la historia, incluyendo a la heroína del periodo de independencia, la Pola, y la cantante folclórica Totó la Momposina. Al finalizar, Bono alentó a cuidar a las mujeres. «Mujeres increíbles, con coraje y convicción que ayudan a cambiar su mundo alrededor».
  • En el cierre, durante «One», Bono dijo que «el cambio llega lentamente, pero llega. […] Creciendo en nuestro país, un país en el norte del planeta, en Europa, llamado Irlanda, creciendo en ese país siderúrgico, no nos atrevíamos a soñar con la paz. La gente nos dijo que era imposible hasta que nos dimos cuenta de que la paz no es un sueño, es una acción».

Quizás las palabras que mejor le salieron para rematar su prédica en favor de la paz, a la par que se proyectó una enorme bandera de Colombia con una paloma que alzó el vuelo, fue afirmar que esta «no es breve, es difícil, lleva tiempo». No se trataba del papa Francisco recién visto, hay que recordarlo, sino de una estrella de rock. Y agregó: «Conoces esa palabra, esa hermosa palabra de la que hablamos antes: compromiso. Sabemos que la paz no puede remediar el dolor del pasado, lo sabemos, pero puede prevenir ese dolor en el futuro. De todos modos estamos con ustedes. En estos tiempos frágiles tenemos que apoyarnos el uno al otro. Eso es para Colombia, ustedes pueden ser uno».

U2 dejó un buen recuerdo para quienes pudieron asistir al concierto, y Bono se las arregló para dejar dos mensajes simbólicos adicionales. Al otro día de su presentación asistió a la liturgia de la capilla del Gimnasio Moderno, donde comulgó y saludó amablemente a algunos seguidores. Y claro, llamó al muy ocupado presidente Juan Manuel Santos, premio Nobel de Paz, para felicitarlo por su logro de haber sacado adelante la negociación con la guerrilla de las FARC. Una vez más, el arte imitó a la política. ¿O viceversa?

 

José Alejandro Cepeda |@sinclair_simon_
Colombiano. Periodista y politólogo