«Venezuela lab»: experimento de la destrucción y esperanza para la reconstrucción

Venezuela ha sido en los últimos 20 años un laboratorio político, social y cultural en el que hemos visto, a veces de forma acelerada y caótica, procesos inquietantes pero también esperanzadores. Claro que para quienes sufren en carne propia el desastre propiciado por el chavismo, la idea del país como un laboratorio no puede resultar muy interesante. Los venezolanos han sido los conejillos de Indias de una oligarquía corrupta e incapaz que, con la coartada de la justicia social, ha jugado al aprendiz de brujo.

Escasez en Venezuela | Foto: Mercal, vía Wikicommons

Escasez en Venezuela | Foto: Mercal, vía Wikicommons

Por medio de la combinación de la retórica comunista con prácticas abiertamente fascistas, cruzando a veces la delgada frontera entre la política y el crimen, propulsando una hegemonía propagandística y un revisionismo histórico basado en la mentira, el chavismo ha pretendido imponerle a Venezuela un experimento anacrónico y destructor.

Sin embargo, en este laboratorio de la destrucción, la sociedad venezolana ha mostrado una capacidad de resistencia y una madurez que sorprenden a quienes han creído que el chavismo se impondría gracias a la chequera petrolera, el terror y sus maniobras contra las instituciones democráticas. Aunque el experimento no ha concluido, y los resultados de la lucha por la libertad que hoy lidera el presidente interino de la República Juan Guaidó están por verse, vale la pena resaltar algunas cosas que hemos observado en este Venezuela lab:

1. La palabra constituyente ha servido de coartada del régimen para ir desmontando la legalidad y las instituciones. Venezuela no es el único país en el que la coartada constituyente ha servido para destruir la democracia. El ejemplo más reciente es el de los separatistas catalanes, quienes esgrimen que ellos quieren unas elecciones constituyentes para desmontar las estructuras del Estado español y montar el marco jurídico de la república catalana. Ambos procesos, el chavista y el secesionista catalán, están influenciados por los ultrarradicales de izquierda, quienes se han inspirado de los postulados del profesor Michael Hardt y del exmiembro de la banda terrorista italiana Bandera Roja Antonio Negri. Estos dos autores decían en su libro Empire: «[…] la única estrategia disponible en las luchas [de los revolucionarios] es la de un contrapoder constituyente que emerja desde el mismo Imperio». Y así ha sido en Venezuela desde 1999, cuando Chávez convocó un referéndum de dudosa constitucionalidad para elegir una asamblea constituyente que redactó una nueva constitución y que abrió las puertas para una legalidad líquida o «legalidad emergente», que le permite al régimen hacer lo que quiera violando todas las leyes y las instituciones. Ese proceso continúa ahora con la inconstitucional elección de otra asamblea nacional constituyente, que se ha abrogado unos poderes supraconstitucionales para consolidar la dictadura militar que tiene como fachada civil a Nicolás Maduro.

2. A pesar de todo, la cultura democrática está vivita y coleando en el país, y es esta cultura la que le ha puesto algunas barreras al chavismo, y también a varios sectores de la oposición, para que no pasen ciertos límites. Ocurrió cuando Chávez perdió el referéndum de reforma constitucional en diciembre de 2007 (aunque después no respetara el resultado de este, propiciando su Estado comunal por medio de leyes anticonstitucionales). También pasó con el rechazo que produjo la llamada carmonada en abril de 2002, que secuestró un genuino movimiento ciudadano contra la ambición hegemónica del chavismo y lo instrumentalizó para montar una ópera bufa que le hizo un daño terrible a la opción democrática. Esa cultura democrática sigue vigente como lo ha demostrado el pueblo venezolano en las multitudinarias manifestaciones que se han visto en Venezuela y en varios países del mundo.

3. El chavismo ha pretendido imponer una estética que se nutre de atavismos y referentes que en ocasiones tiene elementos grotescos o esperpénticos (sobre eso escribí aquí y aquí). Esa estética convive con otras muchas estéticas que se sitúan en otros registros, en un país que sobrevalora la apariencia física, donde las mujeres se someten a todo tipo de procedimientos para lucir siempre jóvenes y sexis, pero que también aprecia las artes y ha sido, a pesar de todas las limitaciones y ataques contra la cultura, prolífico en la creación literaria, teatral, musical, plástica y cinematográfica.

4. El aparato de propaganda del chavismo, sustentado en un sistema de medios controlados por el gobierno y en una política de amedrentamiento de medios privados, ha tenido que lidiar con un ecosistema de comunicación difícil de meter en cintura en el que las redes digitales encuentran formas de superar la censura que quiere imponer el régimen. La riqueza y variedad de fuentes, opiniones y datos que circulan por las redes rompen el cerco rojo chavista (como lo ha calificado el comunicólogo Óscar Lucien).

5. La sociedad se ha organizado alrededor de diversas formas asociativas para defender los derechos civiles, políticos y sociales de los ciudadanos. Aunque el fenómeno no es reciente (existe desde que se empezaron a crear las llamadas asociaciones de vecinos en los años setenta del siglo XX), las organizaciones no gubernamentales han sido un bastión de resistencia y plataformas para proteger los intereses legítimos de enfermos, periodistas, perseguidos por razones políticas, presos, propietarios, estudiantes, profesores, entre muchos otros sectores. Publiqué un artículo académico sobre el tema con mi prematuramente desaparecido colega Mahmoud Eid que se puede leer aquí.

6. Nuevos actores políticos han emergido y comienzan de forma progresiva a asumir roles protagónicos en el parlamento y los gobiernos regionales y municipales. Un relevo generacional está en marcha, aunque representantes de otras generaciones siguen todavía gravitando en la vida política, bloqueando el necesario refrescamiento del liderazgo porque defiende intereses opacos asociados con la expansión brutal de la corrupción desde que se instaló el chavismo en el poder.

7. La intoxicación militarista de los últimos años ha puesto en la palestra el tema del papel que deben jugar la fuerza armada y los militares en una sociedad democrática. En el período de la llamada democracia representativa se vivió bajo la ilusión de que la amenaza del gobierno o la tutela militar había quedado en el pasado. El chavismo puso de nuevo a los militares en el centro del poder o, en las palabras de la escritora Ana Teresa Torres, le abrió la puerta a una casta armada para que reclamara la herencia de la tribu. Estos años probablemente han curado de espanto a la sociedad venezolana que de forma realista reconoce que la sombra militar gravita todavía sobre ella, y que un cambio político requerirá lidiar con esa amenaza.

8. En Venezuela se debate sobre narrativas que compiten y la necesidad de construir una narrativa alternativa a la del chavismo (el otro «cuento» ha dicho Alberto Barrera Tyszka). Se habla de la necesitad de construir una narrativa de la república civil donde se destaquen los logros de un período de 40 años que precedió al chavismo lleno de avances y aciertos, y que no repita los códigos y las mentiras que la dictadura repite ad nauseam (por ejemplo, calificar ese período como «IV república»). ¿Cómo se construye y difunde esa narrativa alterna? ¿Hay manera de escapar de lo mítico que el chavismo ha cultivado con esmero y disciplina? (sobre ese tema he escrito aquí). Pareciera que mito con hambre no dura y que el vínculo religioso con el comandante eterno es más frágil de lo que se podría pensar. El tiempo nos dirá, sin embargo, si la narrativa chavista prevalecerá, y si un nuevo relato sobre la república civil ayudará cambiar mentalidades y actitudes.

9. Estos años introdujeron una experiencia relativamente nueva para los venezolanos: la emigración. País tradicionalmente de inmigración, Venezuela vive ahora un proceso inverso, especialmente de los más jóvenes y de los más educados que buscan mejores horizontes en otros países. El impacto de esta emigración significativa no es claro, aunque ya empieza a estudiarse (por ejemplo, la investigación de Tomás Páez sobre la diáspora venezolana). El fenómeno ha generado nuevas dinámicas sociales, comunicacionales, políticas y culturales. Una ilustración de esto son los mercados internacionales con los que cuentan ahora comediantes y músicos venezolanos que pueden presentarse en varios países gracias a la existencia de comunidades de connacionales dispuestos a pagar para verlos en escena. En la esfera política, los venezolanos se han organizado en varios países y van aprendiendo el arte del lobby con el fin de promover el apoyo a la causa de la democracia en su país de origen.

10. La violencia desbocada que azota a los venezolanos es uno de los legados más nefastos que dejará el «experimento» chavista. No es que Venezuela fuera un paraíso sin violencia antes de llegada del chavismo al poder en 1999. Lo que sí está claro, según los estudios del padre Alejandro Moreno y del Observatorio Venezolano de la Violencia, es que el período chavista abrió las puertas del infierno para que el crimen impusiera su «ley» de asesinatos, robos y secuestros con casi total impunidad amparado en una cultura que promovió los valores subterráneos (es una expresión del psicólogo social Ricardo Sucre).

11. La economía venezolana ha entrado en una crisis profunda en los últimos años después de la caída de los precios del petróleo. El incremento del precio del petróleo en los tiempos de Chávez creó una ilusión de prosperidad que se desvaneció cuando el precio del barril cayó por debajo de los 50 dólares. La Venezuela bajo el chavismo recibió miles de millones de dólares, pero la corrupción, la expropiación de industrias y tierras, las políticas de controles de precios, la impresión de dinero inorgánico, se han traducido en una grave escasez de alimentos, medicamentos y otros productos, hiperinflación, caída de la producción y de la productividad, y la destrucción de la empresa petrolera estatal PDVSA. Sin embargo, el espíritu emprendedor de muchos venezolanos se ha sobrepuesto a las adversidades, y todos los días surgen iniciativas en áreas de tecnología, alimentación, textil y servicios. La crisis ha sido el gatillo de una gran creatividad que se potenciará aún más cuando la pesadilla chavista termine.

Venezuela lab es de una alguna manera la última frontera de un experimento en el que la Cuba castrista, acompañada de una mezcla muy particular de ultrarradicales, narcotraficantes, terroristas islamistas, corruptos variopintos y otros ejemplares de una fauna criminal le ha puesto la mano a un país para chuparle la sangre. Los venezolanos han decidido acabar con este experimento destructor. Como lo ha dicho repetidamente el presidente interino Juan Guaidó, para ello se ha trazado una ruta: cese de la usurpación del régimen ilegítimo de Nicolás Maduro, constitución de un gobierno de transición y convocatoria a elecciones libres.