Florecer lejos de casa

Antes era petróleo, pero ahora Venezuela exporta su gente. Millones hemos dejado el país: corazón roto, cuerpo y espíritu hambriento. Iniciamos una vida nueva donde no hay promesas, solo esperanza y unas ganas inconmensurables de salir adelante.

Los venezolanos, resueltos y sonrientes, nunca crecimos en el ánimo de migrar. Simplemente no estaba en nuestra conciencia colectiva, aunque vivimos rodeados de inmigrantes. El colapso, silente pero indetenible, fue llegando a cada uno de los aspectos que conforman la vida corriente. Una suerte de distopía de ficción se nos hizo realidad y huir se ha vuelto una desesperada necesidad por un mero y básico intento de supervivencia. Huir para no morir, para escapar de la miseria, de la persecución, para respirar en libertad y recordar o —según la edad— descubrir cómo se siente.

Pero alejarse no hace cesar el dolor, y es que en el fondo nunca te vas. Aunque tu cuerpo respire en otras latitudes, el corazón y la mente andan en Venezuela, mientras la vida transcurre alrededor, exigiendo lo propio. Migrar, de algún modo, es desdoblarse.

Desde una mirada cercana, calurosa, sensible y sobre todo real, Florecer lejos de casa ofrece el relato de catorce escritores venezolanos dispersos en distintos lugares, que cuentan sus impresiones como migrantes protagonistas del éxodo. Dejan ver entre sus líneas un hilo común, que entrelaza las historias de ellos y de todos los exiliados venezolanos.

Esta emotiva selección de textos nos muestra que este episodio que vivimos los venezolanos es un redescubrimiento de nosotros mismos y de nuestras prioridades. Los relatos son el indicio de que migrar ha sido la ocasión para encontrar qué es lo verdaderamente valioso e importante y nos empuja a trascender nuestras limitaciones; son el suelo fértil para el nacimiento de importantes redes de ayuda desde el exilio, para los compatriotas que siguen en Venezuela y para los que llegan, como un abrazo que recibe y que entiende sin que haga falta explicación.

A través de estas catorce historias se nos presentan otras miradas del exilio, ese que emprende en tierras nuevas, el que descubre que la integración es una suerte de medicina bastante efectiva para sobrellevar el duelo, ese que entiende que la fuga de cerebros es también talento que crece y madura, listo para una nueva Venezuela, mientras nos hincha el pecho de orgullo cuando lo sabemos al servicio del país que lo recibe.

Este libro es una invitación a levantar la mirada, para entender que podemos ser biculturales, que rompimos las fronteras de Venezuela y la sembramos en el mundo con miles de sucursales; es recordarnos que esta segunda vida nos ha hecho más humildes, resilientes, fuertes y libres. Para muchos es también el reencuentro con la historia de sus ancestros, esos que llegaron a Venezuela con una maleta y esperanza, justo como ahora lo hacen sus descendientes en el suelo que ellos dejaron.

Florecer lejos de casa es el recordatorio de la oportunidad que se nos presenta en medio de la tragedia, una ocasión para hacerlo diferente como ciudadanos, cuidando con mayor celo el tesoro de la libertad, agradeciendo con trabajo y dedicación al suelo que nos recibe, empecinados en salir adelante dignamente, soñando con abrazar nuestros afectos, construyendo país en la distancia al reinventarnos descubriendo lo mejor de cada uno; convencidos de que la tarea es dura, pero que lo necesario para triunfar no hay buscarlo en ninguna parte porque está dentro de nosotros.

 

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