2018, ¿el punto de quiebre para Latinoamérica?

El año en curso se presenta agitado para Latinoamérica. Representa, para al menos seis países de la región, una oportunidad de renovación y esperanza; pero también será un año en que reinará la incertidumbre: la ira de los electores contra la política tradicional y una exigencia de cambio dominan el panorama político. Así, los resultados son difíciles de predecir y se deja abierta la posibilidad de sorpresas negativas para la región.

Este ciclo electoral sin duda podría trastocar el escenario en la región. Los candidatos que capten mejor ese sentimiento y logren estar en sintonía con el sentir ciudadano serán los más competitivos. Aun cuando el riesgo de tener sorpresas malas es elevado.

Los fenómenos de corrupción están arraigados en la región y persisten. Es una situación con la que deben enfrentarse las propuestas que plantean ideas renovadoras y de transformación. Tendremos discursos reiterativos descalificando a la clase política tradicional.

Lo más negativo es la alta valoración social que tiene hoy la figura del outsider, en la que caben empresarios, militares, comediantes y deportistas, gracias a un electorado impaciente que está harto realmente del tradicionalismo de la dirigencia política latinoamericana.

La dinámica política será clave para determinar de qué modo evoluciona la región, con riesgos serios de que la tendencia positiva se ralentice o, en algunos países, descarrile. La figura del outsider surge tan atractiva que hasta algunos políticos tradicionales quieren ser vistos como tales porque les da popularidad.

La elección de nuevos mandatarios y la renovación de poderes legislativos o gobiernos locales terminarán redibujando radicalmente el mapa político regional. Y existe cierta posibilidad de que el calendario electoral incluya un par de fechas sorpresa si prospera el llamado de la oposición hondureña a repetir los comicios presidenciales en ese país centroamericano o si la crisis política en Perú se traduce en la destitución del presidente.

Aun más sorpresiva sería la materialización en Cuba de un nuevo presidente en 2018. Se sabe que el proceso que determinará el sucesor de Raúl Castro en abril de este año será muy diferente al del resto de países de la región, pero será un aderezo más al ya complicado panorama político regional.

A mediados de diciembre pasado, la victoria de Piñera en Chile confirmó el sofocamiento de los gobiernos de izquierda en el poder, y esto repercutió en beneficio de los partidos de derecha. Ocurrió un fenómeno de alternancia que podemos ver repetirse en otros países de la región.

El convulsionado 2018 inició el 4 de febrero en Costa Rica, donde los candidatos que partieron como favoritos no llegaron a la segunda ronda. Pocos días antes de la elección, un 40 % de los que estaban seguros de votar todavía no tenían candidato, un claro reflejo del descontento de los ciudadanos con los partidos políticos, en un país que identifica a la corrupción como el principal problema nacional.

Tres semanas después será el turno de los paraguayos para acudir a las urnas. La contienda presidencial se perfila como un choque entre el Partido Colorado, que ha gobernado al país en buena parte de los últimos setenta años, y la alianza de centroizquierda integrada por el Partido Liberal y el Movimiento Guasú. Por el momento, el candidato oficialista —conocido popularmente como Marito y vinculado al ala más conservadora del Partido Colorado— es el favorito.

Colombia celebrará elecciones legislativas en el mes de marzo pero los comicios presidenciales previstos para el 27 de mayo son los que centran la atención del país y la región. Todo parece indicar que habrá que esperar a junio, mes de la probable segunda vuelta, para conocer la identidad del próximo inquilino de la Casa de Nariño.
Ciertamente, no hay un claro favorito para los comicios que serán decisivos para el futuro de los acuerdos de paz con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. La participación del ex grupo guerrillero le da a estas elecciones una connotación especial. En Colombia queda mucho camino por recorrer; seguramente veremos el surgimiento de alianzas y, en la medida que eso pase, los temas de la economía y la corrupción irán ganando importancia.

Las elecciones mexicanas, a disputarse el 1 de julio tampoco tienen un claro favorito, aunque por el momento el izquierdista López Obrador marcha por delante en casi todos los sondeos. Este ya estuvo bastante cerca de llegar a Los Pinos en dos ocasiones: en 2006 Felipe Calderón lo derrotó oficialmente con una diferencia de nada más que 0,56 %, y en 2012 también llegó segundo por detrás de Enrique Peña Nieto.

Su principal rival podría terminar siendo Ricardo Anaya, el candidato del Frente por México, la insólita coalición integrada por el conservador PAN y el izquierdista PRD que apuesta por capitalizar la voluntad de cambio que parece primar en un sector importante del electorado mexicano. A lo que se añade el apoyo de importantes sectores empresariales así como el temor que despierta un potencial «Chávez mexicano».

El 7 de octubre será la primera vuelta de las elecciones generales de Brasil y la más que probable segunda vuelta se celebrará el día 28 del mismo mes. Y la primera gran decisión de esos comicios correrá por cuenta de la justicia local. Efectivamente, el resultado de la apelación de Lula da Silva en contra de su condena por corrupción determinará si el hombre que encabeza todos los sondeos podrá participar en los comicios. Unas elecciones brasileñas con Lula como candidato serían radicalmente diferentes a unas elecciones sin él. Nada está claro en el gigante del sur.

Finalmente, Venezuela es la gran incógnita de este calendario electoral. El presidente Nicolás Maduro aseguró que el país celebrará elecciones presidenciales en 2018, «como manda nuestra Constitución», y se fijó la fecha del 22 de abril.

El mal momento que atraviesa la dividida oposición venezolana hizo que el mandatario optara por adelantar la elección una vez más. Sin embargo, los principales partidos opositores acordaron no participar en las elecciones presidenciales de abril ante la falta de condiciones electorales, decisión que eleva las tensiones políticas y amenaza con profundizar la crisis que enfrenta el país suramericano agobiado por una desbocada inflación de cuatro dígitos y una severa escasez de alimentos y medicinas.

La coalición opositora venezolana Mesa de la Unidad Democrática anunció este 21 de febrero a través de un comunicado al gobierno que «no cuenten con la Unidad para avalar unas elecciones fraudulentas, las cuales fueron convocadas por una írrita Constituyente y sin las condiciones electorales democráticas para que los venezolanos ejerzan libremente su derecho al voto».

El futuro de América Latina se disputa entre la lucha en las calles como un factor clave y la lucha en las urnas, por lo que se viene un año de gran intensidad que marcará la deriva política regional.

 

Eduardo Rengifo | @edrengifo
Licenciado en Geografía. Movimiento Primero Justicia, Venezuela