Amanecimos de golpe

Todos los días suena mi alarma a las cinco de la mañana, para preparar todo antes de ir a trabajar. Lo que no esperaba este jueves era despertar con una noticia que estremecería a Venezuela.

Julio Borges al frente de la Asamblea Nacional se dirige a la población, 30.3.2017 | Foto: Daniel Montero

En medio de apagar la alarma y despertarme, suelo revisar los mensajes que han llegado desde que me dormí. En efecto, cuando hoy me dispuse a esa rutina, la primera noticia fue: «Golpe a la democracia». Desesperadamente me levanté y comencé a leer la sentencia n.º 156 emitida por el máximo tribunal de la república.

Llamé a mi esposo y le dije: «La gota que derramó el vaso». En la madrugada el Tribunal Supremo de Justicia, al mejor estilo dictatorial, había emitido una sentencia en la que se atribuía las competencias de la Asamblea Nacional. En resumidas cuentas, esto no es más que declarar la nulidad del cuerpo parlamentario.

Sin embargo, al pasar unas dos horas me dispuse a ir a mi lugar de trabajo, la Asamblea Nacional, donde desde enero de 2016 hemos intentado resolver la crisis que actualmente vive el país y el Gobierno no nos ha dejado actuar. Al llegar vi a mis compañeras de fracción. Todos repetíamos lo mismo: «Esto es un golpe a la democracia, un golpe de Estado». Dos horas después el ambiente se notaba tenso, la gente esperaba una respuesta. Llegó el momento de hablar a los medios y al pueblo de Venezuela. Julio Borges, presidente de la Asamblea Nacional, comenzó su discurso llamando al gobierno de Nicolás Maduro por lo que es: una dictadura. En medio de su pronunciamiento realizó un gesto que significó mucho para todos los venezolanos que estábamos mirando: rompió frente a las cámaras la sentencia dictada por el máximo tribunal y afirmó que eso no era más que pura basura. Terminó llamando al pueblo a entender que lo que ocurre en Venezuela es un golpe de Estado y que llamarán a acciones de calle.

Termina la alocución, todos en la expectativa de lo que sucede y, mientras se discutía que haríamos, un grupo de diputados fue a la sede del máximo tribunal en rechazo a la sentencia dictada. Otros seguimos trabajando y pidiendo apoyo a nuestros compañeros de distintos países, pidiendo pronunciamientos. En ese momento sentí que teníamos que dar todo de nosotros y comunicar al país lo que estaba pasando. Minutos después nos avisan que los diputados fueron agredidos. Una vez más el Gobierno juega en contra de los venezolanos. Esto no nos paró, seguimos en la calle y así terminó el día en que amanecimos con golpe.

Vuelve a sonar mi despertador a las cinco, me levanto preparada para lo que nos toca. Es viernes y nuestra primera acción de calle será ir a la Fiscalía a exigir la responsabilidad penal de los magistrados que dictaron la sentencia. Nos concentramos a las afueras de la Fiscalía y, en cuestión de minutos, grupos armados del oficialismo dispersan la manifestación. En ese mismo momento se pronuncia la fiscal general declarando que se ha quebrado el orden constitucional en Venezuela. Una declaración que puede ser muy buena o muy mala, la verdad no lo sé, pero es importante para el país.

Mientras escribo esto, han pasado unas horas del pronunciamiento de la fiscal y escucho a Nicolás Maduro en su primera aparición luego de que dictaran la sentencia. Sólo habla de la historia de los medios de comunicación, de las redes sociales y se ríe diciendo que el suyo es un gobierno popular. Poco a poco va cambiando el discurso, comienza a hablar de la sentencia y se jacta de la «separación de poderes en Venezuela». Con impotencia sigo escuchando, temo por lo que vaya a decir, me cuesta pensar en que pueda decir algo peor a lo que ya está. Termina su intervención convocando al Consejo de Defensa a una reunión esta noche, en la cual intentarán dirimir las diferencias entre la Fiscalía y el máximo tribunal.

Todo esto pasa y miles de venezolanos siguen comiendo de la basura, miles de venezolanos son asesinados, miles de venezolanos tienen el deseo de cambiar el país. No podemos pedir más que la posibilidad de elegir a quién queremos que nos gobierne; no podemos pedir más que libertad; no podemos pedir más que una gota de esperanza para solventar esta crisis. En medio de todo esto, nos preparamos para salir a la calle mañana, sabiendo que corremos un riesgo, sabiendo que podemos no regresar. Pero hoy estoy clara que mi país me necesita, que nos necesita a todos y que llegó la hora de defender nuestra Constitución y de dar la batalla para recuperar la república.

Andrea Mesa | @AndreaMesaN
Abogada. Militante de Primero Justicia. Asistente parlamentaria en la Asamblea Nacional