Argentina: por un 2019 más feminista y más sororo

Durante el 2018 las argentinas y argentinos profundizamos el proceso de cambiar las reglas de la sociedad, con el objetivo de defender a las mujeres de un sistema que las oprime. Este artículo relata desde la experiencia de una mujer en lucha. Feminismo en la acción: ¿qué quiere decir sororidad? ¿Cuáles son los deseos de las mujeres para este año que comienza?

Marcha 8M de 2018, en Buenos Aires | Foto: María Pirsch (Instagram: @mariapirsch)

Marcha 8M de 2018, en Buenos Aires | Foto: María Pirsch (Instagram: @mariapirsch)

Feminismo y sororidad: dos palabras que se complementan, que se sostienen y que estuvieron en el centro de los asados de los domingos, de las charlas con tu jefa o jefe, colegas, pareja y, sobre todo, en las conversaciones entre amigas. Les pregunto: ¿nos paramos a preguntar el significado de cada una de estas bellísimas palabras? ¿Las entendimos? ¿Las compartimos? ¿Las militamos?

Yo, Solcha, llevo toda una vida cargando la sensación de que algo, en algún lugar del cosmos, no anda bien… como una picadura de mosquito que no te podés rascar porque no sabés exactamente dónde está. Entiendo que tiene que ver con andar hace 34 años intentando encajar en estructuras nada cómodas que la sociedad da por sentadas: si sos una mujer accesible, sos fácil; si sos estricta, te falta sexo; «lady en la cocina y tigresa en la cama»; «muchas mujeres juntas es un nido de víboras»; después de cenar, vos lavás los platos, tus hermanos miran fútbol. Y a esto se suma que cuando encendés el televisor te encontrás paralizada por el miedo y dolorida en la empatía por esa chica que fue asesinada brutalmente por un femicida o que (con suerte) sufrió un abuso.

Algunas personas, con estas dos palabras —feminismo y sororidad— nos sentimos de golpe extremadamente a gusto. Tan a gusto como cuando te la pasás un día de 32 grados de reunión en reunión por el microcentro porteño, llegás a tu casa, te abrís una cerveza helada y te das un baño.

Feminismo y sororidad no significan lo mismo. Una envuelve a la otra, y aquella es su desprendimiento, su brazo y escudo. Paso a explicar definiciones que clarifican la introducción al tema.

El feminismo, según la Real Academia Española, es el ‘principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre’. Claramente esta es solo una definición académica, simple y totalmente comprensible. Yo la especificaría un poquito más: ‘movimiento sociocultural y político que nos debe atravesar a todos y todas, y ser la punta de lanza para llevarnos a una sociedad más justa e igualitaria’. Porque solo con «igualdad de derechos» nos quedamos con gusto a poco. Necesitamos un cambio social que lo haga realidad.

Reivindico con fervor el feminismo porque hoy existen algunos y algunas que se atreven a bastardearlo. Y me duele en lo más profundo de mi ser mujer. El feminismo fue estudiado, fue dividido en etapas (las sufragistas, los movimientos de liberación de los sesenta, #niunamenos, el 8M, ¿les suena?), existen referentes (Simone de Beauvoir, Mary Wollstonecraft, Virginia Woolf, entre otras); y, explicando lo que significa, me atrevo a afirmar que no conozco a nadie que se atreva a no considerarse feminista, ¿verdad?

Bien. Ahora, sororidad. Yo por ahí dije que es un desprendimiento del feminismo. La sororidad es definida (una vez más por la RAE) como ‘la amistad o afecto entre mujeres’ o ‘la relación solidaria entre las mujeres, especialmente por su empoderamiento’. Aburrido. Les cuento: la definición que a mí me gusta más, escrita por una piba argentina (en lucha como nosotras): ‘es la decisión consciente y política de generar vínculos y redes de apoyo entre mujeres. Es desafiar la idea impuesta de que somos enemigas. La sororidad es una de las dimensiones más importantes del feminismo, ya que su fin es reivindicarnos en la complicidad para caminar juntas y fuertes hacia la caída del patriarcado”.

Sí, ya sé. Patriarcado es de esas palabras que hace sangrar los oídos. No me quiero ir del tema pero, para tenerlo presente, básicamente al patriarcado hay que tenerle menos miedo y más desprecio, ya que es solo el sistema social en el que vivimos, donde el rol de la mujer es estar al servicio del hombre, y que le da también al hombre un montón de estructuras a las que atenerse (tienen que ser viriles, no llorar, deben ganar más salario que la mujer, la mujer es la encargada de la crianza, y qué raro es ver a un hombre yendo a buscar a sus hijos o hijas al colegio, etc., etc., etc.).

Así que, en este plan, con estas dos palabras que atravesaron el 2018 de punta a punta, les cuento que con mis amigas y compañeras en Argentina este año aprendimos de sororidad (¡sí que aprendimos!). Nos tomamos una enorme cantidad de vinos y nos dimos cuenta de que, más allá de nuestros colores y pensamientos políticos, todas teníamos las mismas historias que contar y un montón de anécdotas que preferiríamos no haber vivido.

Nos miramos a los ojos, nos entendimos y decidimos, de manera comprometida y con mucha felicidad, caminar juntas para cambiar esa realidad que tanto daño nos hace.

Y no solo nos fue bien, sino de maravilla. Hermosas conversaciones que tengo ganas de escribir para que no se borren de mi memoria, abrazos cargados de «estoy con vos, mujer», incansables y reconfortantes mensajes diarios para que no te sientas sola.

Y hombres, ustedes son parte de todo. Al hombre que abusa de nosotras y nos asesina, a ese ser nefasto, tenemos que combatirlo juntos.

A las reglas de la sociedad que no nos permiten llegar a lugares de toma de decisión donde incluir la perspectiva de la mujer (sin ofender, solamente las mujeres sabemos lo que es ser mujer y vale a la inversa), esas que logran un cambio de juego en la estructura, tenemos que reescribirlas juntos. Si queremos un cambio real donde ustedes sean libres y nosotras no seamos oprimidas por la cultura y la violencia, tenemos que ir juntos (insisto).

Nosotras, sin la alianza con nuestros compañeros, nos vamos a volver endogámicas, belicosas y vamos a acumular, enojadas frente a una sociedad que nos pisotea, demasiado poder. Y porque, amigos, estamos convencidas de que esta es una lucha de la sociedad toda para convertirnos en mejores versiones y por dejarle a las generaciones que vienen un mundo más amable.

Si creyeron que este año fue intenso en Argentina, el 2019 lo será más. No se olviden de que nos seguimos quedando afuera en las reuniones (por lo tanto, en la toma de decisiones); y en la calle —y en casa— siguen abusando de nosotras, nos siguen matando y violando. Ahora, acompañadas del #NoesNo; del «si tocan a una, nos tocan a todas», no estamos solas. Si le cierran la puerta a una, nos la cierran a todas. Eso nos enfurece y estamos dispuestas a protestar públicamente para que nos vean y a luchar para que se lleve a la acción.

Invito a que este año que inicia lo atravesemos unos al lado de las otras. En la misma lucha, feminista: por una sociedad de igualdad entre mujeres y hombres. Y a las mujeres, que sigamos nadando en el mar de la sororidad que tan bien nos hace, nos vuelve hermanas, compañeras, solidarias, empoderadas.

Un 2019 feminista y sororo.

 

Nota publicada el 2.1.2019 en la revista digital El Cruce, un proyecto de la agrupación política La Generación, de la República Argentina