La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE-OECD) se estableció en 1960 con el objetivo de promover políticas públicas que mejoren el bienestar económico y social de las personas.

OCDE-OECD | Imagen: OCDE

Cuando deseamos pertenecer a un club debemos cumplir una serie de exigencias mínimas. Apresuradamente buscamos elevar nuestros ingresos, mejorar nuestros logros profesionales y, así, otorgamos un mejor matiz a nuestro perfil, mostramos nuestras mejores credenciales para hacer valer nuestra incorporación y tener un rápido acceso. Añadido a ello, un selecto club no solo evaluará que se hayan cumplido los requisitos de admisión; además, y tal vez con mucho mayor énfasis, que sus socios se alineen y comprometan con los objetivos concretos de la asociación. La selectividad otorga calidad y marca la diferencia entre los que están en él y los que no.

La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos (OCDE o OECD, por su sigla en inglés), el club de la OCDE o el club de los mejores es aquel espacio que aglomera a treinta y cuatro países del primer mundo, a través del cual los gobiernos comparten experiencias, identifican buenas prácticas y buscan soluciones a problemas comunes, con el objetivo de promover políticas públicas que mejoren el bienestar económico y social de las personas. Ser país miembro de este exclusivo y selecto club significa, en primer lugar, reducir las brechas que nos separan de los países miembros y, segundo, cumplir con altos estándares en la práctica de políticas públicas, avaladas por el consenso y la revisión entre pares.

Los treinta y cuatro países miembros representan un PIB per cápita promedio de USD 37.713, a diferencia de los USD 8.415 de América Latina y El Caribe; asimismo, en lo que respecta a la facilidad para hacer negocios, la media de ubicación de los países miembros de la OCDE es la casilla 27.ª de 190 economías, mientras que el promedio de América Latina está en la ubicación 105. En la región, solo dos países pertenecen a la OCDE (Chile y México), mientras que otros tres (Colombia, Costa Rica y Perú) intentan su ingreso.

El camino para el ingreso de Chile y México a la OCDE no fue fácil, supuso una inversión económica, logística y renovación de instituciones ajustándose a los estándares de la Organización. Lo mismo sucede con Colombia, Costa Rica y Perú. Aquella inversión espera un retorno que efectivamente no será de corto plazo. El valor agregado que nos otorga la OCDE y que por ahora ninguna otra institución ha desarrollado se traza en cuatro aspectos: 1) el común dominador es la evidencia, quedando de lado cualquier subjetividad por lo que hace más sencillo aplicar las políticas de forma objetiva y sencilla; 2) evaluación cualitativa y cuantitativa en comparación con el resto de los países miembros; 3) la OCDE no es solo un foro de discusión, es también un espacio por lo cual se trabajan informes y recomendaciones que cada Estado puede aplicar atendiendo a sus necesidades; y 4) certificación hacia el inversionista extranjero: al elevar el estándar propio, se otorga confianza a la inversión extranjera.

No es muy difícil hacer el ejercicio mental sobre en qué país un ciudadano escogería para vivir, un universitario para estudiar o un inversionista para invertir. La validación de los treinta y cuatro países otorga calidad y diferencia entre los que están en el club y los que no. Como se ve, no es muy difícil hacer la elección.

Fabrizio Anchorena | @fabrianchorena
Bachiller en Derecho. Becario de la Fundación Konrad Adenauer y de la Agencia Israelí de Cooperación Internacional para el Desarrollo (MASHAV). Trabaja en la Agencia de Promoción de la Inversión Privada (ProInversión).